El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 7
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Capítulo 7

La sesión con Marco me dejó marcada. No solo porque mi cuerpo estaba demasiado excitado, sino porque ese hombre tenía una particular manera de conseguir información de ti.

Además de conocer a la perfección el cuerpo humano, ya fuese el de un hombre o una mujer, era capaz de penetrar en lo más profundo de tu psique sin mucho esfuerzo.

Menos mal que estaba de mi lado, porque era realmente peligroso.

Las luces de la planta superior estaban encendidas, por lo que supuse que Yumi estaría en su estudio, preparándolo todo para nuestra sesión artística del día siguiente.

—¿Yumi? —la llamé.

—En el estudio. —Como suponía.

Cuando decidimos bajar ligeramente el techo de las cocheras, ella encontró enseguida un espacio perfecto para su estudio de arte, como lo llamaba.

Ni que decir que a cambio de que ella se apropiase de una superficie tan amplia para unirla a su apartamento, yo me conseguí otra parte del edificio.

La ventaja era que ella no tendría que esperar ocho semanas para ver cómo su apartamento iba tomando forma.

De hecho, con ese estudio ya terminado, ya tenía un espacio que usar como dormitorio mientras continuaban las obras de acondicionamiento.

A mí me tocaría ocupar el despacho del feje de la estación.

No me quejo, tiene su despacho, una pequeña habitación y un aseo con ducha, y todo en la planta baja.

Es como uno de esos minúsculos apartamentos para estudiantes, y no tendría que compartirlo con nadie.

Cuando alcancé el estudio, esquivando las separaciones de plástico con las que se delimitaban los espacios en las obras, encontré algo que no esperaba.

A ver cómo lo explico. Pensaba que Yumi tendría preparado un caballete para trazar mi silueta.

Si no recordaba mal, lo que vi en su ordenador era un bosquejo de una especie de geisha con un elaborado tatuaje en la espalda.

Era como una mezcla de la pureza ancestral, ya que la piel de una geisha siempre permanecería impecable y blanca, y los símbolos de pertenencia a una banda de la yakuza , donde el cuerpo se decora con tatuajes a todo color, sobre todo los hombres.

Era una estética muy de manga japonés, completamente el estilo de Yumi.

Pero lo que tenía delante de mí era un pequeño estudio fotográfico, con sus focos y sus pantallas reflectoras orientadas contra una pared infinita en cuyo centro se situaba una amplia peana cubierta de telas. Vamos, que era un set de fotógrafo profesional en toda regla.

—¿Una sesión de fotos? —Eso era mucho más explícito de lo que pretendía, pero era demasiado tarde para echarme atrás.

—Todavía no. Primero tengo que maquillarte.

—Ya me imaginaba con el rostro cubierto de esa pasta blanca de las geishas, junto con unos diminutos labios de fresa de intenso carmín rojo.

Bueno, al menos sería difícil reconocerme—.

Pero puedes ir eligiendo cuál es el que quieres.

—Me mostró algunos dibujos que tenía preparados en su ordenador: una tortuga con una serpiente enrollada en su caparazón, un dragón azul, un tigre blanco y el que me llamó más la atención, un fénix—. Creo que tenemos un ganador.

—Antes que esa tortuga, lo que sea. Ya sabes que odio las serpientes.

—No sé, siempre creí que tú eras más de tigres, ya sabes, por lo de ser una devoradora hombres. —Hizo ese gesto de cazarme con unas garras imaginarias y gruñó—: Grrr.

—Solo me los como en horario laboral —bromeé.

—El fénix entonces. Suzaku, el símbolo del fuego. —Una mujer de fuego. Sí, esa podría ser yo. Había renacido de entre mis cenizas.

—¿Imagino que lo vas a dibujar...? —revisé con la mirada los pinceles y tubos de pintura sobre una de las mesas.

—Voy a pintarte un fénix en la espalda y después voy a sacarte fotos. Pero tranquila, será algo hermoso, sensual, y no se te verá la cara. Solo jugaremos con la luz, las sombras... —detalló Yumi.

—Mejor, porque como tu hermano se acerque por aquí un día y descubra que la modelo soy yo, me muero de vergüenza. —Mi comentario hizo que Yumi soltase una gran risotada.

Como alguien diga que el arte no requiere sacrificios, ni tampoco mucha dedicación, le pongo a servir de modelo para un artista.

No nos llevó un día entero, pero a mí me lo pareció.

Fueron horas de tortura, mientras permanecía quieta, dejando que Yumi pasara el pincel por toda mi piel, o casi toda.

¿Saben la tortura que es eso para alguien que tiene cosquillas?

, ¿y los calambres en las piernas por estar tanto tiempo sin moverse?

Cuando creí que mi tortura había llegado a su fin, llegó el momento de pasar bajo los focos. Pasé de estar desnuda en una habitación enorme, a exponerme debajo de cuatro focos industriales. Del frío más intenso del invierno, al sol abrasador del verano en el desierto.

Pero lo más vergonzoso no fue estar todo el día desnuda y cubierta de pintura, no.

Lo peor fue ir al baño, y lo que se dice ir, no fui, tuve que hacer mis necesidades en un cubo en una esquina.

¿Por qué? Pues porque los contratistas terminaron con la oficina y acto seguido empezaron con la reforma de la planta superior.

Si iba al baño me verían desnuda, y lo harían, porque no podía cubrirme para no estropear la pintura sobre mi cuerpo.

Lo único bueno era que ninguno de los obreros pudo echar un vistazo dentro del estudio, porque Yumi tuvo el buen tino de hacer todo detrás de un biombo.

Podía oírlos a ellos, a sus herramientas y la radio al otro lado de las protecciones, pero ninguno vino a curiosear a donde yo estaba. Y di gracias por que así fuera.

Pero mereció la pena. Solo con mirar en el ordenador las fotos que Yumi había tomado, supe que conseguiría mi objetivo. Tyler no podría mirarla y quedar indiferente.

—Esa. —Señalé con el dedo la que sin duda levantaría esa parte de él que estaba reprimiendo.

Había que provocar a la bestia que anida en el interior de todo hombre, y la de Tyler saldría rugiendo en cuanto le pusiera delante este cebo, o al menos deseaba que fuera así, mi intuición me decía que lo haría.