Capítulo 4
¿Cómo algo tan pequeño podía tener unos pulmones tan potentes?
Juro que lo intenté, con todas mis fuerzas, pero la segunda vez que Noa empezó a berrear — pues no se puede llamar llanto a lo que salía de ella —, me di por vencida y decidí salir de la cama.
Y ahí estaba yo, tratando de ver las letras borrosas impresas en la pantalla de mi ordenador portátil, mientras luchaba porque no se me cerrasen los ojos.
Al menos desde la mesa de la cocina no se la oía tanto.
Aquella pequeña bola de carne hambrienta solo cerraba la boca cuando estaba enganchada al pecho de su madre. Tras dos horas de tregua, volvía a reventarnos los tímpanos. De mayor seguro que se convertía en cantante de ópera, o vocalista en una banda de heavy metal.
—¿Café? —Alcé la cabeza y vi a Yumi. Su cara probablemente era un calco de la mía: enormes ojeras grises, pelo revuelto y pocas ganas de mover cualquier músculo.
—Algo queda. —Levanté mi taza para informarle de dónde estaba lo que faltaba de la cafetera.
—Me he replanteado lo de tener hijos —dijo antes de bostezar como un oso preparándose para una larga hibernación.
—Fuiste tú la que no pensó en las consecuencias de sus actos —le acusé, antes de dar un largo trago a mi taza. No me gustaba el café solo, pero esa mañana no podía permitirme ahogarlo en leche, tenía que contentarme con una tonelada de azúcar que iba a necesitar mi cerebro para funcionar.
—Por eso no te estoy pidiendo el divorcio. —Yumi y su extraño sentido del humor.
—No sé, has confesado que no quieres tener hijos. Esta relación no tiene pintas de acabar en familia feliz. —Esbocé una sonrisa antes de darle otro sorbo a mi café.
—Ya, ya. Dame unos minutos a que este engrudo haga efecto. Mi cerebro no está lo suficientemente despierto para darte una buena réplica. —Si se encontraba la mitad de mal de como parecía, debía de estar bajo mínimos.
—Tómate tu tiempo, no pienso ir a ninguna parte.
—No, al menos que me contestasen alguno de mis correos aceptando esa reunión que pedían nuestros posibles clientes; entonces tendría que hacer un esfuerzo sobrehumano, darme una ducha de las que resucitan muertos, desayunar fuerte y ponerme la armadura de batalla.
—Llego a tiempo. —Nos giramos hacia el lugar del que procedía la voz de Tyler. Su sonrisa era enorme, y por la forma en que sujetaba la bolsa de papel que terminó dejando sobre la mesa, intuimos que el motivo estaba dentro de ella.
—¿Qué traes ahí? —Yumi estiró el cuello para mirar dentro de la bolsa.
—Nuestras disculpas. —Yumi metió la mano para sacar un bollo de aspecto muy apetecible, justo lo que estaba pidiendo mi cuerpo, grasas saturadas, pero de calidad.
¿Eso existe? Lo miré con atención, esperando una explicación más detallada—.
Ha sido nuestra parte de la empresa la que no os ha dejado dormir.
—Tú no tienes la culpa de... —intenté disculparle, pero Yumi no me dejó continuar.
—Déjale que lo haga —dijo con voz traviesa Yumi, que ya estaba salivando antes de meterse aquel bollo en la boca.
—Noa es una prolongación de Tara, y ella es mi socia, así que, por extensión, también es mi responsabilidad pedir disculpas por la noche infernal que mi ahijada os ha dado. —¿No era adorable?
—No he dicho que vaya a ser tu ahijada. —Tara apareció en la cocina, con mucho mejor aspecto que el nuestro. Estaba claro que estaba acostumbrada a las noches de fiesta como esta.
—¡Eh!, me ha vomitado encima, me merezco al menos el título de tío.
—Tara le tendió a una dormida Noa, pero antes de tomarla, buscó con rapidez un paño de cocina para colocarlo sobre su hombro como método de protección.
Después, posó a la pequeña sobre su hombro con una delicadeza que me hizo suspirar. Sí, era muy tierno.
—Tienes que pasar una prueba más dura que dejar que te vomite encima para ganarte el título de tío.
—Tara rebuscó en la bolsa para sacar otro bollo.
Como si me golpearan en la frente, corrí hacia la bolsa para sacar una de esas delicias para mí.
Si no me daba prisa, Yumi saquearía el cofre del tesoro y me dejaría sin nada, y ese día no pensaba dejarme saquear. Lo necesitaba.
—Era una camisa muy cara. —Tyler esbozó una cara compungida, tratando de convencerla, pero Tara era dura.
—Solo hay una cosa que puedes hacer para asegurarte el título, querido socio. —Ella mordió su bollo sin prestarle atención. Estaba claro que era un tema que venía de lejos.
—No, de ninguna manera, por ahí no paso. No voy a cambiarle los pañales —se negó Tyler.
—Tú mismo. —Tara alzó un hombro para quitarle importancia.
Un mensaje llegó a mi correo, y volví al ordenador para comprobar de qué se trataba. Era la respuesta de uno de nuestros posibles clientes.
—Será mejor que te libres de esa carga tóxica, Tyler. Tenemos una cita con un nuevo cliente. —Si no recordaba mal, el olor de caca de bebé era difícil de quitárselo de encima.
—No tenemos tiempo. —Tyler depositó a Noa en los brazos de su madre y le arrancó el bollo de las manos—. Nos vamos. El trabajo nos reclama. —La giró por los hombros para que regresase a la zona del dormitorio comunitario.
—¡Eh! —protestó ella.
—Dame una hora y volveré para recogerte —me indicó sin mirar atrás.
—Podemos quedar allí —le sugerí.
—De eso nada. No daríamos una buena imagen de equipo si cada uno llegase por su lado. —Me guiñó un ojo antes de desaparecer de mi vista.
Tyler
Empecé a recoger las cosas de Noa para meterlas en su bolsa y salir de allí.
—No lo hagas, Tyler —me advirtió Tara.
—¿He hecho algo mal? —Revisé las cosas que había recogido. ¿Había metido algún bote de crema de bebé mal cerrado?
—Ir detrás de ella. —Su comentario me hizo enfrentarla.
—¿Qué quieres decir? —pregunté algo irritado.
¿De verdad me estaba diciendo que no flirtease con Dennise?
Creía que teníamos bastante claro que ella y yo éramos amigos, no habría nada más, los dos lo dejamos bien definido.
Ni ella quería hombres, ni yo tenía cuerpo para fijarme en otra mujer, no después de lo que hizo Sondra.
Pero Dennise... Ella me había devuelto la ilusión, por ella merecía la pena arriesgarse.
—Estamos empezando un nuevo proyecto, uno que seguramente irá bien. No lo jodas enredándote con ella incluso antes de despegar. Si ella te rechaza, o la cosa entre vosotros no funciona, mandarías nuestro futuro a la mierda por un capricho.
—Tienes razón. —Comprendí su punto de vista.
Estaba jugando con su futuro, y no era justo que lo echase a perder porque me gustaba una chica.
Ella lo había arriesgado todo y, ahora que veía la luz, no podía arrebatárselo, no con un bebé.
Si todo salía mal, yo podía encontrar otra cosa, ella no lo tendría tan fácil.
—Y ahora ayúdame a bajar esto. Tienes una reunión importante a la que ir. —Colgó la pesada bolsa de Noa en mi hombro y se giró hacia las escaleras, pero lo que más me pesaba no era aquella bolsa, sino el corazón.