Capítulo 3
Dennise
Nada mejor para enterrar el hacha de guerra que un bebé.
En cuanto Yumi tuvo a Noa en sus brazos, la animosidad que sentía por Tara se esfumó por arte de magia.
Que la viese como una rival poderosa en su primer encuentro, en aquella celebración por el nuevo contrato de Jack con los Giants, me había hecho pensar que la odiaría siempre.
Pero está claro que infravaloré el poder que tiene un bebé de apenas unos meses, sobre todo en un corazón noble como es el de Yumi.
Después de mostrarles lo que sería nuestra enorme y luminosa oficina, decidimos discutir los términos y pequeños cabos sueltos que nos quedaban para formalizar nuestra consagración como sociedad.
Y por supuesto, uno de ellos era nuestro nombre de guerra.
Estábamos dando cuenta de nuestra cena en la enorme cocina comunitaria de la estación, cuando expuse mi idea.
Gracias a Yumi, creí encontrar el nombre que nos representaría a todos.
—¿Maratón? —preguntó Tara.
—Sí, Maratón —le confirmé.
—¿Como la carrera de los juegos olímpicos? —preguntó poco convencida Yumi.
—Para la mayoría, una maratón es simplemente una carrera de larga distancia, en la que la resistencia y tenacidad son las bazas principales.
Y luego está la parte del mito, que dice que Filípides fue el mensajero que corrió de los campos de batalla de Maratón hasta la ciudad de Atenas para avisar de la victoria sobre los persas.
Llegó tan exhausto que murió después de entregar el mensaje.
Creo que Maratón es todo lo que nosotros queremos mostrar al mundo, no solo un campo de batalla, una carrera de resistencia o el homenaje a un hombre que se esforzó hasta la extenuación en el cumplimiento de su deber.
Para nuestros clientes, para nuestros rivales en la mesa de negociación, seremos todo ello a la vez —expliqué.
Menos mal que había memorizado los datos, porque soltar aquella parrafada sin preparación habría sido difícil.
—Maratón —repitió Tyler, mientras me miraba con los ojos entrecerrados—. Evoca trabajo duro, constancia.
—Es como si nosotros asumiésemos la parte más pesada del trabajo, para que nuestros clientes pudiesen alcanzar el premio —añadió Tara—. Me gusta.
—Tres de cuatro. ¿Tú qué dices, Yumi? —preguntó Tyler, incluyéndose de esa manera en el conteo.
—¿Qué voy a decir? No se puede rebatir a una abogada que te abruma con sus argumentos. —Podría haber sido una frase mal intencionada, pero la sonrisa sincera de Yumi me decía que asumía su derrota con deportividad.
—Entonces no hay más que hablar. Tendrás que preparar los documentos para presentarlos en el registro —añadió Tyler para cerrar el asunto.
—Lo tengo casi todo preparado, solo me faltaba cerrar algunos puntos —informé.
—Como el nombre —puntualizó Tyler.
—Como el nombre —repetí.
—Ahora solo queda concretar una cita con esos potenciales clientes para ponernos en marcha.
—Tyler estiró la mano hacia su vaso para tomar un último trago, aunque no parecía tener mucha prisa por cerrar la reunión e irse.
Le entendía, estábamos muy cómodos allí, parecía más una reunión de amigos que una de negocios.
—Seguro que vosotros dos tenéis que hablar sobre ello, pero por mi parte ya no puedo quedarme más tiempo. —Tara miró su reloj de pulsera—. De hecho, es demasiado tarde para nosotras. —Desvió la mirada hacia una dormida Noa acostada en el sofá de dos plazas junto a nosotros.
—Sí, es muy tarde —convino Tyler—. Tenemos como media hora de vuelta hasta tu apartamento. —Se puso en pie decidido a ponerse en camino de forma inmediata. Se le notaba en la cara que no le apetecía irse, pero era de los que cumplían con el deber.
—Podéis quedaros a dormir aquí. —Creo que todos giramos la cabeza hacia Yumi al escuchar su ofrecimiento.
—¿Aquí? —preguntó extrañada Tara. ¡Vaya!, pues a ella tampoco le hacía mucha gracia ese viaje. Les entendía, a mí tampoco me gustaba conducir de noche.
—Ya le has puesto el pijama y está profundamente dormida. Pensando en la niña, ¿no sería mejor dejarla dormir tranquila? Aquí hay camas de sobra. —No me pasó desapercibida la manera en que Tyler alzó una ceja curiosa.
—¿Camas?, ¿en plural? —Yumi sonrió ante su pregunta.
—Toda una dotación, para ser exactos. —Vale, había que puntualizar que tres de esas camas estaban inservibles, pero al resto bastaba con ponerle sábanas.
—¿Hablas en serio? —dijo Tara con una sonrisa.
—No es un hotel de cinco estrellas, pero se puede dormir.
Lo que no te garantizo es intimidad en las duchas.
Aquí todo es comunitario. —Nada más decirlo, me di cuenta de que estábamos haciendo aquella invitación extensiva a ambos, y que esa falta de intimidad también le incluía a él.
Solo de pensar en verlo salir de la ducha por la mañana...
Uf, eso no ayudaba a que esa noche conciliase el sueño con facilidad.
—A mí me vale. —La sonrisa de Tyler tenía un brillo traviesamente malicioso que me encantó.
—Muy bien, iré a buscar las sábanas y las toallas.
¿Podrías ayudar a Yumi a unir un par de camas?
No quiero que nuestro pequeño ratón se nos caiga por uno de los lados.
—Tenía que alejarme de él, porque todavía no estaba preparada para seducirlo, no con su socia en la misma habitación—.
Y os advierto, nada de protestas, no esperábamos huéspedes.
—Les guiñé un ojo antes de desaparecer hacia el armario de ropa blanca.
Una cosa era no tratar de seducir a Tyler, y otra muy distinta no ser agradable y divertida. El humor es un arma poderosa.
Si alguna vez teníamos que contarles a nuestros hijos cómo fue la primera noche que pasamos juntos, esta sería una estupenda anécdota.
Yumi le estaba ofreciendo un pijama a Tara cuando regresé con la ropa de cama.
—Así que tu cuarto es ese de ahí —señaló Tyler acercándose a mí—. Lo digo por si a mitad de la noche necesito ayuda. —Él también estaba juguetón. Sonreí interiormente.
Le tendí un extremo de la sábana bajera para ponernos a hacer su cama juntos. Él enseguida entendió que era una tarea en equipo.
—Si no es una emergencia más te vale no asomarte por ahí.
—No quería ser cortante, pero sí debía parecer inalcanzable, aunque no demasiado—.
A Yumi casi le arranco la cabeza con una zapatilla cuando pasó por delante de mi puerta.
Hasta que no tenga una habitación como Dios manda, con todas esas cosas superfluas como una puerta, no podré dormir tranquila.
—Mi intención era mantenerlo a raya, aunque no por los motivos que él entendería como personales.
—No tendrías tanto miedo a ser atacada si durmieras junto a un guardián que te protegiese.
—Sabía que se estaba insinuando con aquel ofrecimiento encubierto.
Era evidente que para él había sonado el disparo de salida para lanzar el sedal e intentar pescarme.
Pero como cazadora, sabía que las presas fáciles son las que primero olvidas.
No quería ser una conquista más para su marca personal, tenía que ser la última. Después de mí, no habría ninguna otra.
—De momento me contento con el fino oído de Yumi y mi fiel zapatilla.
Si alguien se atreviese a asaltarnos por la noche, ella se encargaría de destrozarlo.
—Hice uno movimientos rápidos con los brazos, como emulando golpes de kárate, provocando una carcajada en Tyler—.
Y yo lo remataría con un buen par de zapatillazos.
—Procuraré no acercarme a ninguna de vosotras esta noche, quiero salir de una pieza de aquí mañana. —Me guiñó un ojo antes de tomar la toalla que le había dejado sobre la mesita, junto con un cepillo de dientes a estrenar, y desaparecer por el largo pasillo en dirección a los baños.
Miré un poco más de lo necesario su espalda mientras se alejaba, admirando lo bien que se le ajustaban los vaqueros a su trasero. Definitivamente tenía que darme prisa para adelantar mis clases con Marco. Me moría de ganas por probar esa carne.