El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 2
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Capítulo 2

Como toda adicta al trabajo, cada vez que el tiempo me lo permite me pongo a mirar el correo.

Lo bueno de vivir en esta década, en la que los teléfonos móviles realmente son mini ordenadores personales, es que puedo llevar media oficina a cuestas todo el tiempo.

Encontré dos correos interesantes. Había un par de personas interesadas en que me convirtiese en su representante.

Unos días antes habría concertado una entrevista con ellos sin mirar la agenda, pero ahora todo había cambiado, ahora no estaba sola.

Así que abrí la agenda telefónica y marqué el número de mi nuevo socio.

—Creí que te habías tomado unos días para supervisar las reformas. —Esa fue la excusa que le di para poder dedicarme a mis nuevas clases sin darle más explicaciones, pero ya no podía esconderme más, el deber me reclamaba.

—Ya, me temo que a nuestros futuros clientes les da igual que estemos listos o no. Han contactado un par de jugadores que quieren que los representemos. —Me querían a mí, pero éramos un equipo—. ¿Tara y tú podríais acercaros hasta la nueva oficina? —le pedí.

—¿Qué ha pasado con aquello de «No quiero que lo veáis hasta que esté terminado»?

—Esa fue otra excusa para mantenerlo alejado.

Bueno, también estaba el hecho de que Yumi se había encargado de todo el proyecto de la reforma, y no quería que nadie intentase cambiar su visión.

Como ella dijo: «Es nuestro edificio, los que tienen que adaptarse son ellos, no nosotras».

Cuando decidimos asociarnos, pensamos que, ya que nosotras contábamos con el local más grande, sería aquí donde nuestra nueva empresa tuviese su sede.

Ni que decir que a ellos dos les pareció genial, porque así abandonarían el diminuto despacho que habían habilitado en una de las habitaciones del apartamento de Tyler.

—Las oportunidades se toman cuando llegan, no cuando te viene bien. —Ese era mi mantra, y me había llevado hasta el lugar en el que estaba.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo. Mándame la dirección e iremos para allá. —Ellos solo sabían que nuestro local estaba a las afueras, y no tenían ni idea del anterior uso del edificio. Solo esperaba que Tyler se comportase como un adulto y no quisiera lanzarse por la cucaña.

—Mándame un mensaje cuando estéis llegando, para ir calentando la cena. —Dada la hora a la que los había llamado, estaba claro que la cena debíamos tomarla aquí.

—Ya que vosotras ponéis la oficina, deja al menos que nosotros llevemos la cena —se ofreció.

—Es algo que ya teníamos cubierto, quizás la próxima vez.

—No voy a olvidarlo. La siguiente pagamos nosotros. —Sacudí la cabeza para negar. Con nuestra cocina en la planta de arriba, eso no iba a ocurrir. ¿Comer en la oficina? No cuando teníamos una cocina de tamaño industrial a veinticinco escalones de distancia.

—Iré limpiando un poco mientras llegáis, para que no se manchen tus caros zapatos.

—No tengo miedo a mancharme. —Esa fue la frase que me dijo cuando le comuniqué que iba a estar algunos días metida en la reforma.

Como buen caballero, él se ofreció a ayudar.

A fin de cuentas, también sería su oficina.

Pero busqué todas las excusas posibles para mantenerlo lejos.

No quería darle explicaciones de porqué desaparecía durante dos o tres horas por las tardes. Él no debía saberlo.

—Eso lo veremos cuando estés aquí dentro.

Me despedí de él y fui a decírselo a Yumi. Lo bueno de que la oficina estuviese en nuestra propia casa era que podíamos pasar del modo profesional al doméstico en un parpadeo.

—Yumi, Tara y Tyler van a acercarse a la oficina.

—Ya era hora. No sé por qué lo has alargado tanto. —Si ella supiera...

—Quería que vieran el proyecto casi terminado, pero no puedo aplazar los mensajes de potenciales clientes. Me gustaría empezar con las reuniones mañana, así que esta noche debemos dejarlo todo en marcha.

—Bien, porque he estado dando vueltas al nombre que podemos ponerle a nuestra empresa y no acabo de decidirme. —Parecía estar repasándolos en su mente en ese momento.

—Eso tendremos que decidirlo entre todos —le recordé.

—Ya, ya, pero no está de más ir preparando algo de material de antemano.

¿Qué te parece Adamas? —Sabía que era una palabra en griego antiguo y que significaba inalterable, irrompible, indomable, invencible.

Cualquiera de sus significados era potente, y podía ser un aviso de que nada podría detenernos de nuestro objetivo.

—Impactante, pero quizás un poco agresiva. ¿No crees que con esa presentación intimidaríamos a nuestros oponentes?

—De eso se trata, ¿no? De dejarles claro que con nosotros no van a poder.

—No es una guerra en la que no se van a hacer prisioneros, Yumi, es una negociación. Debemos dejarles con la sensación de que todos ganamos cuando cerramos un trato. Aunque no sea así.

—Ummm, seguiré buscando.

Tyler

—¿Estás seguro de que es aquí? —preguntó Tara. Revisé de nuevo la localización exacta en el GPS del navegador, y sí, no era ni más adelante ni más atrás, estábamos justo en la ubicación que Dennise me había enviado.

—Es lo que dice aquí. —Señalé con el índice la pantalla del navegador.

—Tiene que ser una broma. —Estaba a punto de coger el teléfono para llamar a Dennise, cuando un potente foco iluminó la entrada asfaltada del edificio. Una puerta lateral se abrió, dando paso a una figura que reconocería en cualquier parte.

—Evidentemente no lo es. —Salí del coche para ir a su encuentro, seguida por una vacilante Tara.

—Eso es precisamente lo que quería evitar —advirtió Dennise.

—Es una estación de bomberos —dije, como si ella no lo supiera.

—Hay que tener visión —me reprochó Yumi mientras se unía a nosotros—. Cuando tenga el logotipo y el nombre de la empresa en el frontal, será otra cosa.

—Por eso quería esperar a que las reformas estuviesen más avanzadas, pero el mercado es el mercado —se justificó Dennise.

—¿Esa es tu pequeña? —El pequeño grito emocionado de Yumi nos hizo girarnos hacia la parte de atrás de mi coche.

—Espero que no os importe, no pude encontrar una canguro con tan poco tiempo de antelación —se disculpó Tara.

—Sin problema. Ven aquí con la tía Yumi.

—El brillo en los ojos de nuestra especialista en redes sociales hacía imposible negarle el privilegio de tomar en sus brazos a Noa.

No sé qué les ocurre a las mujeres con los bebés, pero no iba a quejarme, prefería tener lejos de mi ropa a ese saco de vómitos y pañales mal olientes.

—Id entrando, yo llevaré sus cosas —señalé a Tara.

Necesitaba tomar aire y serenarme antes de acercarme de nuevo a Dennise. Todos estos días sin verla habían conseguido que me pusiera nervioso solo con tenerla delante. Lo que menos quería era parecer un torpe adolescente frente a la chica que le gustaba.