El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 1
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Capítulo 1

Aunque había sido mi decisión pedirle a Desiré que me ayudase a avanzar en mi educación sexual, pues quería ser mejor que el promedio de las mujeres que Tyler había conocido en el sentido más bíblico, ya me entienden, no podía evitar sentirme muy nerviosa en mi primera lección.

Y no, no iba a dármela mi tía Desiré, sino un hombre, el mismo que tenía delante, y en cuya oficina había una placa que lo identificaba como terapeuta sexual.

Si hubiese sido una mujer me habría sentido más cómoda, pero debía confiar en Desiré y en su criterio. Si ella decía que era lo que necesitaba, pues entonces adelante con ello.

—Me ha encantado recibir tu llamada, Desiré.

—El hombre se puso en pie educadamente, pero evitó cualquier contacto físico con nosotras.

Y casi que lo agradecí, porque, pese a su edad, que podría rondar unos estupendos cincuenta años, todo en él gritaba SENSUALIDAD Y EROTISMO; sí, con mayúsculas.

Su voz, profunda y aterciopelada, su forma de mirarte, como si fueras un regalo para la vista, y su olor...

¡Diablos!, olía tan bien que daban ganas de acercarse y olerle más a fondo, metiendo la nariz en cada trozo de piel que estaba a la vista para cerciorarme de que no era una fantasía.

Aquel hombre era sexo dentro de un traje de diseñador.

—Marco. Como te comenté, he traído a Dennise para que la guíes de la misma manera que hace tiempo hiciste conmigo. —Al menos Desiré fue directa al grano.

Marco sonrió de una manera que habría incendiado la ropa interior de cualquier mujer, y me incluyo. En aquella habitación hacía un calor sofocante, aunque Desiré parecía cómoda, como si no le afectase.

—No puedo resistirme cuando me pedís eso. —Regresó al sillón que tenía detrás de su mesa, haciendo que su elástica forma de caminar se quedase grabada en mi retina.

¿Cómo podía competir cualquier hombre con él?

Estaba claro, o estabas enamorada, o no pasarías esta prueba sin enamorarte perdidamente de tu profesor.

Un destello de clarividencia me golpeó en aquel instante: ¿sería esta una prueba para asegurarnos de que lo mío era realmente amor?

Si la ausencia de las molestas e hiperactivas hormigas que aparecían cuando Tyler me miraba de esa manera suya era un indicador, estaba claro que efectivamente lo estaba.

Marco era pura tentación, una promesa de placer asegurado. Tyler era...era... No puedo definirlo todavía, pero era algo diferente. Entre sus ingredientes tenía algo como lo de Marco, no todo, eso tengo que decirlo, pero sí que su receta era mucho más compleja.

—Bien, en ese caso, la dejo en tus manos.

—No me había dado cuenta de que Desiré no había llegado a sentarse.

Puso una de sus manos sombre mi hombro y me sonrió—.

Recuerda, no seas tímida, pregunta todo lo que quieras.

Él te mostrará todo lo que necesitas saber.

—Un par de golpecitos en mi hombro y se dio media vuelta, dejándome allí con aquel dios del sexo.

Nadie dijo nada, hasta que la puerta se cerró a mis espaldas.

—¿Nerviosa? —preguntó con calma. Estaba claro que él había pasado por esto infinidad de veces.

Respiré profundamente y me dispuse a empezar con todo aquello.

No había llegado hasta allí para echarme atrás precisamente ahora.

Además, por su forma de mirarme, estaba claro que podía ser una experiencia muy placentera para ambos, o al menos él estaba seguro de que lo sería.

—Sí —confesé—. Pero no voy a salir corriendo. —Mis palabras provocaron que su sonrisa ladeada se acentuara mucho más.

—Debe de ser un hombre excepcional si has llegado hasta aquí.

—¿Cuánto sabía Marco sobre lo que era una cazadora?

¿Del auténtico motivo por el que queríamos aprender lo que él estaba dispuesto a enseñarnos?

Estaba claro que sabía más de lo que cualquier otro hombre debería. Aunque, si estaba de nuestro lado...

—Creo que lo es. —Su sonrisa se dulcificó.

—Muy bien —se enderezó en su silla, adoptando una postura más profesional—, voy a explicarte las reglas básicas.

La primera y más importante: nunca te tocaré, así, si alguien me pregunta, no tendré que mentir al decir que jamás te he puesto un dedo encima.

—Viniendo de un profesional con un trabajo tan delicado, era una manera de protegerse ante posibles demandas. Pero me creaba una duda.

—¿Y cómo se supone que voy a saber cómo...? —Marco se inclinó sobre su escritorio, rescatando su sonrisa torcida.

—No he dicho que tú no puedas tocarme a mí.

De hecho, vas a hacerlo. Vas a verme desnudo, vas a explorar y vas a probar a tocar cada parte de mi anatomía que tenga un cariz sexual, y no solo me estoy refiriendo a mis genitales.

Es verdad que los hombres no tenemos muchas zonas erógenas, pero aprender a localizarlas y estimularlas hará que el camino a partir de ahí sea más fácil.

—De acuerdo. —Asimilé sus palabras con entereza. Iba a tocarlo. Que el cielo se preparase, porque no pensaba arrepentirme por hacerlo.

—Como debes saber ya, cada hombre y cada mujer son diferentes, y el sexo también es un juego diferente para cada uno de nosotros.

Aunque hay cosas que funcionan para todos, encontrar las particularidades de cada uno es lo que realmente marca la diferencia.

En definitiva, lo que importa es encontrar lo que nos da placer a cada uno.

—Una sacudida en mi útero pareció decirme que ahí dentro estaban impacientes por empezar con todo esto.

No solo por empezar las clases, sino por aprender a descubrir los secretos que Tyler escondía.

Todo esto era como ir a explorar por la selva.

Uno no se adentra en ese terreno sin tener unas nociones básicas de supervivencia, y eso precisamente era lo que Marco iba a enseñarme.

Después, cuando me adentrase en ese nuevo territorio que era Tyler, tendría que poner en práctica todo lo aprendido para salir victoriosa.

—Entiendo —le aseguré.

—Voy a enseñarte cómo dispensar cada caricia, la intensidad que debes aplicar a cada una de ellas. Dónde y cuándo puedes intensificarla, incluso si es posible sustituir tus manos por otra parte de tu anatomía.

—¿Como los dientes? —pregunté. Lo siento, soy una persona que ha tenido tentaciones de convertirse en un vampiro y morder más de una vez.

—Morder no es más que una manera de demostrar amor. Muchos conservamos algún que otro gen primario. —Sonrió de forma traviesa al decirlo.

—¿Y con las posturas sexuales? —Mi voz salió algo inestable al formular la pregunta, provocando otro crecimiento de su sonrisa lobuna.

—Mi ayudante y yo te mostraremos las maneras de abordar las posturas sexuales.

Te mostraremos cómo posicionaros tu compañero y tú, cómo maniobrar para que el movimiento sea el correcto, lo que conseguirás con cada una de ellas y cómo pasar de una a otra cuando llegue el momento adecuado.

El objetivo de estas clases es que sepas desenvolverte, no crear una partitura de la que no puedes salirte.

El sexo es como el jazz, para disfrutarlo debes dejar que la música tome el mando, tienes que sentir la melodía y dejar que fluya.

—Cuando te lo decía un hombre con aquella voz, te daban ganas de desnudarte y decirle eso de «¿cuándo empezamos? ».