El trofeo (Cazadoras 3)
© inepub.com
Prólogo
Cuando el hombre perfecto pasa delante de tus narices puedes elegir entre dos caminos: no hacer nada y dejar que desaparezca, o perseguirlo para atraparlo. Si eres una cazadora tienes una opción más, y es atraerlo para que caiga en tu red.
Seguramente os preguntaréis: ¿qué diferencia hay entre perseguirlo y atraerlo?
La respuesta es sencilla. Cuando intentas cazar una presa esta hará todo lo posible por evitarlo, y luchará constantemente por escapar.
Si la atraes a tu red, no solo vendrá voluntariamente, sino que estará encantada de caer en tus manos.
Quizás luche por escapar cuando se dé cuenta de que ha sido atrapada, pero si eres una buena cazadora, tu presa estará demasiado encantada de estar donde está.
—No puedes estar hablando en serio. —La sonrisa de Jack destacaba en la expresión asombrada de su rostro, haciéndole parecer un niño y no un hombre que sostenía una enorme caja pesada entre sus fornidos brazos.
—No me irás a decir ahora que tienes un extraño fetiche con las estaciones de bomberos —bromeé.
Empecé a arrastrar mi maleta por la entrada de la estación, directa hacia la puerta de acceso al edificio.
Aquella vieja, no tan vieja, estación de bomberos iba a convertirse en nuestra nueva oficina de trabajo, además de nuestra vivienda.
Para lo primero necesitaba algunas reformas urgentes, para lo segundo nos tendríamos que conformar con las instalaciones actuales hasta que pudiésemos convertirlas en dos amplios apartamentos, uno para Yumi y otro para mí.
Y hablando de mi amiga y socia, justo en ese momento aparecía por la puerta detrás de su hermano.
—¡Eh, Yumi! —la llamé, consiguiendo que se girase hacia nosotros. Noté el momento exacto en que descubrió a la persona que me acompañaba, porque su cuerpo se sacudió en respuesta. ¡Ja!, podía negarlo, pero las señales estaban ahí, estaba coladita por Jack.
—Veo que traes refuerzos —saludó al llegar hasta nosotros.
—Siempre viene bien contar con alguien fuerte. —La mirada que le dedicó Takeshi podría calificarse de calculada e intimidatoria.
Estaba convencida de que no sabía lo que sentía su hermana por Jack, por lo que deduje que lo estaba evaluando como posible competidor. Lo sé, es mi sino, me había convertido en un imán para los chicos y el hermano de mi mejor amiga no era una excepción.
Pero Takeshi no tenía nada que hacer, ni ningún otro. En mi punto de mira estaba un auténtico hombre, uno que hacía que millones de hormigas recorriesen mi cuerpo cada vez que posaba sus ojos sobre mí.
—No me importa que me utilices, pero antes quiero bajar por la barra. Porque hay una dentro, ¿verdad? —me preguntó expectante Jack.
—Ya te digo que sí —respondió Takeshi con una sonrisa. Y así es como Jack consiguió derribar las barreras del hermano de Yumi. Nada como dos hombres sacando a relucir su espíritu infantil. Hombres, niños, ¿no son lo mismo?
—¿Dónde dejo esto? —Los ojos brillantes de Jack me miraban impacientes.
—Subiendo las escaleras a la derecha. Hay una habitación individual justo enfrente. —Antes de que Yumi terminase de indicarle, Jack ya estaba en marcha—. ¡Eh!, espera.
Por la cara de pánico de Yumi, supuse que no quería que Jack viese su habitación de camino a la mía.
Es lo que tienen las habitaciones con cristaleras, que si no has cerrado las persianas, se puede ver todo lo que hay dentro.
Seguro que había algo, probablemente ropa íntima, que no quería que él viera.
Tal vez fuese otra cosa, con Yumi nunca se sabe.
Algo malo sería, porque salió disparada detrás de él.
Pese a que Jack cargaba con peso, dudo mucho que le fuese fácil adelantarlo, tenía las piernas fuertes y ágiles, como solo las puede tener un running back de un equipo profesional de fútbol americano.
Yo me lo tomé con más calma, admirando nuestro nuevo castillo, por llamarlo de alguna manera.
Cuando las enormes cocheras fuesen acondicionadas, se convertirían no solo en una sala de ejercicios para nosotras, sino en unas impresionantes oficinas para nuestra empresa.
La luz que entraba allí dentro creaba un ambiente estimulante y agradable, además de que sería estéticamente reconfortante para nuestros clientes, como dijo Yumi.
Ella es la que puede apreciar lo que la luz puede aportar a una estancia y sacarle partido.
—¡Yuju! —El grito de Jack llegó desde el lateral de las cocheras, avisando de que su enorme cuerpo aterrizaría en un segundo.
—Voy —avisó Takeshi detrás de él para que se apartase antes de aplastarlo.
—Hombres —bufó Yumi desde lo alto de la cucaña, mientras ponía los ojos en blanco.
—Quiero hacerlo otra vez —gritó Jack mientras corría de nuevo hacia las escaleras.
—Todavía no hemos sacado todas las cajas del coche —le recordé en voz alta.
Jack ya estaba bajando de nuevo por la barra de metal para cuando terminé la frase. Ese hombre era realmente rápido.
—Podría pasarme toda la mañana haciendo esto —dijo al aterrizar—. Pero tienes razón, será mejor que termine con lo que he venido a hacer.
Verlo sonreír de pura felicidad me recordó que él hacía mucho que no lo hacía.
Todo el asunto de Diana había borrado la alegría de su alma.
Pero pronto sanaría, estaba segura. Hay un dicho que dice que «un clavo saca otro clavo» y, para arrancar a Diana de su corazón, Jack iba a necesitar una chica buena, como Yumi.
Hasta que ese día llegase, me conformaba con arrancarle estos pequeños momentos de dicha.
Me detuve en mitad de lo que eran las cocheras, para admirar el trabajo que los contratistas habían hecho con la que sería nuestra oficina.
Las paredes de pladur ya habían separado los dos espacios.
El techo estaba cubierto, ocultando las nuevas tuberías del climatizador y el cableado de la iluminación.
Solo quedaba rematar las tomas eléctricas para los equipos, pintar y colocar el mobiliario.
Pronto nuestra oficina podría albergar a todo el personal.
Y hablando de personal, presté atención a la esquina donde debería ubicarse la recepción.
—Yumi, ¿cuándo decías que iba a venir nuestra nueva recepcionista? —pregunté al aire.
—Todavía no estamos listos, Dennise —dijo ella mientras entraba en la oficina—. Espera al menos a que tengamos las mesas colocadas —me recriminó.
—Sí, bueno. No me culpes por estar intrigada. —Yumi puso de nuevo los ojos en blanco ante mi comentario.
—Tienes que confiar más en mí. Te he dicho que será perfecta para nosotras.
—Claro que confiaba en ella, pero no en el resto de la gente, no al menos hasta haberlos conocido.
O en todo caso, hasta que nuestro hacker informático los investigase a fondo.
No soy una exagerada, esa persona iba a entrar no solo en nuestra empresa, sino que tendría prácticamente acceso a nuestra vivienda.
Uno no entrega las llaves de su casa a cualquiera.
—Disculpa si prefiero valorar esas cosas por mí misma.
—Todo va a ir bien. —Yumi me estrechó por los hombros, me guiñó un ojo y me sonrió con familiaridad—.
Y ahora ven conmigo, quiero que examines los diseños que he preparado para el área de juego del bebé de Tara.
—Esa era otra, Yumi estaba empeñada en darle un espacio a la pequeña, para que su madre estuviese más tranquila teniéndola cerca.
De lo que no estaba segura era de si lo hacía por la madre, por la niña o para dejarle claro a Jack de que Tara traía equipaje, algo que podría disuadirlo de intentar intimar más con ella.
En fin, todo se iría viendo a medida que nuestro proyecto fuese avanzando. Y hablando de avanzar, tenía que centrarme en preparar mi siguiente paso para conquistar a Tyler.