Capítulo 34
El trato
Tres meses después, Sebastián regresó un jueves.
Valentina fue al aeropuerto.
Había prometido no llevar cartel.
Llevó uno.
SEBASTIÁN ♥
Tu contrato temporal ha vencido.
Él apareció con una maleta, la vio y se quedó quieto.
—No puedo creer que hicieras esto.
Valentina levantó el cartel.
—Recursos humanos.
Sebastián caminó hacia ella.
—Qué vergüenza.
—Estás sonriendo.
—Por humillación.
La abrazó.
Valentina cerró los ojos.
Tres meses habían sido difíciles.
Videollamadas cortadas.
Horarios.
Celos absurdos.
Días en que uno estaba cansado y el otro interpretaba demasiado.
Pero no habían desaparecido.
Habían hablado.
Incluso cuando era incómodo.
Sebastián la besó.
—Te extrañé.
—Yo también.
—¿Mucho?
—No abuses.
—Necesito métricas.
Valentina le dio el cartel.
—Carga esto.
Caminaron hacia la salida.
—Tengo algo para ti —dijo Sebastián.
—Si es un anillo, me voy.
Él se detuvo.
—Eso fue específico.
Valentina lo miró con alarma.
Sebastián rio.
—No es un anillo.
—Bien.
—Aunque tu reacción queda registrada para futuro.
—Sebastián.
Él sacó una libreta pequeña de la mochila.
La portada decía:
EL TRATO ERA NO ENAMORARNOS
Valentina se quedó quieta.
—¿Qué es esto?
—La encontré en una librería en Bogotá y mandé grabar la portada.
Ella la abrió.
En la primera página había una sola frase.
Fallamos espectacularmente.
Valentina rio.
Luego vio la segunda.
Menos mal.
Cerró la libreta.
—Es cursi.
—Mucho.
—Me encanta.
Sebastián sonrió.
—Bien.
Valentina lo tomó de la camisa y lo besó en medio del aeropuerto.
Cuando se separaron, él miró alrededor.
—Eso sí fue necesario para la fachada.
—No hay fachada.
—Entonces mejor.
Salieron.
No habían dejado de competir con el mundo.
No habían dejado de querer crecer.
No habían aprendido a ser una pareja perfecta.
Habían aprendido algo más difícil.
A decir la verdad antes de convertirla en miedo.
A discutir sin destruir.
A irse sin abandonar.
A volver sin exigir que todo siguiera igual.
Y, sobre todo, a reírse del contrato que un día parecía tan importante.
Porque el trato era no enamorarse.
Por suerte, ninguno de los dos había sido especialmente bueno cumpliéndolo.