Capítulo 32
La lista nueva
Esa noche encontraron la vieja lista de reglas.
Valentina la había guardado en las notas del teléfono.
Sebastián la leyó en voz alta desde la cama.
—Regla uno: nada de hablar del ascenso fuera del horario de trabajo.
—Obsoleta.
—Regla dos: nada de comentarios sobre su vida sentimental.
—Claramente fracasó.
—Regla tres: nada de utilizar información personal en futuras discusiones.
Valentina lo miró.
—Esa sigue.
Sebastián asintió.
—Esa se queda.
—Regla cuatro: contacto físico únicamente cuando fuera necesario para mantener la fachada.
Él la tomó de la cintura.
—Terriblemente desactualizada.
Valentina rio.
—Regla cinco: bajo ninguna circunstancia olvidar que Sebastián Ferrer era el enemigo.
Sebastián se llevó una mano al pecho.
—Difamación histórica.
—Era verdad.
—Nunca.
—Eras insoportable.
—Tú estabas enamorada.
—No.
—Dos años, según tu propia declaración.
—Atracción no es amor.
—Detalles.
Valentina intentó recuperar el teléfono.
Sebastián lo levantó fuera de su alcance.
—Regla seis: la mentira termina el jueves.
Él bajó el celular.
—Esa funcionó.
Valentina lo miró.
—Sí.
—¿Hacemos otra lista?
—No.
—Una corta.
—No.
—Tres reglas.
—Sebastián.
—Dos.
Valentina suspiró.
—Una.
Él sonrió.
—Regla uno: decir la verdad aunque complique el plan.
Ella pensó en todo lo que había pasado.
—Aceptada.
—Tu turno.
—Dijimos una.
—Necesitamos una cláusula.
Valentina tomó el teléfono y escribió debajo.
Regla dos: no convertir el amor en una competencia.
Sebastián leyó.
—Aceptada.
—Y una tercera.
—Sabía que ibas a ceder.
Valentina escribió:
Regla tres: si alguna vez dejamos de elegirnos, lo decimos. No desaparecemos.
La sonrisa de Sebastián desapareció.
Tomó el teléfono.
Debajo escribió:
Regla cuatro: mientras sigamos eligiéndonos, que nadie nos convenza de que tenemos que hacerlo perfecto.
Valentina lo leyó.
—Eso es demasiado largo.
—Soy creativo.
—Eres dramático.
—También.
Ella dejó el teléfono.
Sebastián apagó la lámpara.
—Buenas noches, Ríos.
—Buenas noches, Ferrer.
—¿Todavía me tienes guardado con corazón?
Valentina quedó en silencio.
—Valentina.
—Duerme.
Sebastián rio.
Ella sonrió en la oscuridad.
Sí.
Todavía estaba ahí.
* * *