El trato era no enamorarnos Capítulo 31
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Capítulo 31

Cuando no hay cámaras

Meses después, Aurea invitó al equipo a Paracas para evaluar la nueva campaña.

Valentina intentó enviar a Claudia.

Elena se negó.

—Ustedes empezaron esto. Ustedes vienen.

Sebastián recibió la noticia con demasiado entusiasmo.

—Podemos pedir la misma habitación.

—No.

—La experiencia comparativa exige consistencia.

—No.

—Metodología.

—Sebastián.

—Bien.

Llegaron un viernes por la tarde.

El lobby era igual.

La recepcionista distinta.

Esta vez la reserva decía:

Señor Ferrer y señorita Ríos. Dos huéspedes. Suite con cama king.

Valentina leyó la confirmación.

—¿Tú hiciste esto?

Sebastián levantó las manos.

—No tuve acceso.

—Gabriel.

—Probablemente Elena.

Subieron.

Sobre la cama había una tarjeta.

Bienvenidos de vuelta. Esta vez no necesitan fingir. —E.V.

Valentina soltó una carcajada.

—La odio un poco.

—Yo la admiro.

La terraza tenía la misma vista.

El océano.

El viento.

El silencio caro.

Valentina salió.

Sebastián se colocó a su lado.

—¿Te acuerdas de lo primero que dijiste aquí?

—Que la vista funcionaba.

—Y yo dije que vendiéramos una pausa.

—Sí.

—Éramos insoportables.

—Éramos brillantes.

—También.

El viento movió el cabello de Valentina.

Sebastián levantó la mano.

Esta vez lo apartó sin detenerse.

—Regla cuatro —dijo ella.

—Derogada hace meses.

—Cierto.

Valentina apoyó la cabeza en su hombro.

—¿Te arrepientes de no ir a Madrid?

Sebastián miró el horizonte.

—A veces me pregunto cómo habría sido.

Ella asintió.

—Eso no es lo que pregunté.

—No me arrepiento.

—¿Seguro?

—Sí.

Sebastián giró hacia ella.

—Pero quiero que entiendas algo. Quedarme no fue elegir una vida pequeña.

—Nunca pensé eso.

—Yo sí. Durante mucho tiempo.

Valentina tomó su mano.

—¿Y ahora?

Él miró el hotel, el mar, después a ella.

—Ahora creo que estaba confundiendo movimiento con avance.

Valentina sonrió.

—Eso es una buena frase.

—No la uses en una campaña.

—No prometo nada.

Sebastián rio.

Se besaron.

Sin fotógrafo.

Sin cliente.

Sin una sola persona mirando.

Y por alguna razón ese beso valió más que todos los anteriores.

* * *