El trato era no enamorarnos Capítulo 29
83%

Capítulo 29

El día del lanzamiento

El video se publicó el martes a las nueve.

A las nueve y diez, Valentina dejó de mirar las métricas.

—No puedo.

Sebastián estaba sentado en el borde de su escritorio.

—Yo sí.

—Eres un psicópata.

—Ciento veinte mil reproducciones.

—No me digas.

—Sentimiento positivo sesenta y ocho por ciento.

—Sebastián.

—Setenta.

Valentina le quitó el teléfono.

Los comentarios eran distintos a los del viernes.

Por lo menos lo admitieron.

La historia es mejor sabiendo que se odiaban.

Necesito una serie sobre esta gente.

La campaña de “no parejas perfectas” sí me representa.

Había críticas.

Algunas fuertes.

Pero la conversación había cambiado.

Elena llamó a las once.

—El plan nacional sigue.

Gabriel cerró los ojos en señal de alivio.

—Gracias.

—No me agradezcan todavía. Si vuelven a convertir la vida amorosa de sus empleados en estrategia sin avisarme, los mato.

—Queda registrado —dijo Sebastián.

Elena rio por primera vez desde la crisis.

—Buen trabajo.

Cuando terminó la llamada, la oficina estalló.

Valentina se apoyó contra una pared.

Sebastián se acercó.

—Sobrevivimos.

—Por poco.

—Las mejores campañas.

—No termines esa frase.

Él sonrió.

Gabriel apareció con dos copas.

—Los dos en mi oficina en una hora.

Valentina lo miró.

—¿Ahora qué?

—Buenas noticias.

Sebastián entrecerró los ojos.

—Eso nunca suena a buenas noticias.

Una hora después, Gabriel colocó dos documentos sobre la mesa.

—La estructura de dirección va a cambiar.

Valentina frunció el ceño.

—¿Mi puesto?

—Sigue igual.

Miró a Sebastián.

—Y tú vas a liderar la nueva unidad de Experiencia de Marca.

Sebastián parpadeó.

—¿Qué?

—Aurea demostró que necesitamos alguien entre estrategia, creatividad y experiencia. Quiero que la armes.

Sebastián miró el documento.

—¿Esto existía antes de hoy?

—No.

—Entonces suena a premio de consuelo.

Gabriel negó con la cabeza.

—Si quisiera consolarte, te mandaría una botella. Esto tiene presupuesto, equipo y objetivos propios. Y reporta al comité, no a Valentina.

Sebastián levantó los ojos.

—¿Por qué eso último?

Gabriel los miró a ambos.

—Porque recursos humanos quiere dormir por las noches.

Valentina tuvo que contener la risa.

Sebastián leyó la primera página.

—Quiero pensarlo.

—Hazlo.

Al salir, Valentina caminó en silencio a su lado.

—¿Qué opinas? —preguntó.

—Que por primera vez me ofrecen un puesto que no estaba persiguiendo.

—¿Y eso es malo?

Sebastián se detuvo.

—No.

La miró.

—Quizá ese sea el punto.

Valentina sonrió.

—¿Vas a aceptar?

—Probablemente.

—Bien.

—¿Eso fue aprobación de mi jefa?

—No soy tu jefa.

—Gracias a Dios.

Ella lo empujó suavemente.

Sebastián la tomó de la mano.

A su alrededor, la agencia seguía celebrando.

Pero esta vez no tenían que competir por el mismo lugar.

Podían construir dos.

* * *