Capítulo 28
Sin maquillaje
La grabación se hizo el domingo.
Sin estudio.
Sin actores.
Sin vestuario especial.
Elena había insistido en que, si iban a hablar de autenticidad, no quería una producción que oliera a guion desde diez metros.
Valentina y Sebastián se sentaron en dos sillas frente a una cámara en una sala de Lúmina.
Claudia estaba detrás del monitor.
—No tienen que memorizar nada —dijo—. Solo respondan.
—Eso nunca termina bien —murmuró Valentina.
Sebastián le dio un golpecito con la rodilla.
—Respira.
La directora de contenido hizo la primera pregunta.
—¿La foto de Paracas era una actuación?
Valentina miró a la cámara.
—La reserva sí. La foto, no tanto.
—¿Qué significa?
Sebastián sonrió.
—Que en ese momento todavía no éramos pareja, pero ya llevábamos años complicándonos la vida.
Valentina lo miró.
—Eso es una descripción bastante generosa.
—Estoy frente a una cámara.
La directora rio.
—¿Cuándo dejaron de fingir?
Valentina pensó en la tormenta.
El bote.
El evento.
—No hubo un momento exacto —dijo—. Creo que primero dejamos de fingir con nosotros mismos.
Sebastián la miró.
La siguiente pregunta fue más difícil.
—¿Por qué no aclararon a Aurea desde el principio que no eran una pareja real?
Valentina respiró.
—Porque queríamos ganar la cuenta.
No suavizó.
No buscó una frase bonita.
—Vimos que la fotografía estaba funcionando y pensamos que corregir la percepción podía perjudicar el proyecto. Fue un error.
Sebastián asintió.
—Y fue nuestro. No del hotel, no del equipo de redes. Nuestro.
Claudia levantó la vista del monitor.
La respuesta no estaba en el esquema.
La directora continuó.
—¿Se arrepienten?
Sebastián miró a Valentina.
—De no decirlo, sí.
—¿De la experiencia? —preguntó.
Él sonrió.
—Definitivamente no.
Valentina negó con la cabeza.
—Eso lo va a usar marketing.
—Espero que sí.
La tensión se rompió.
Al final de la grabación, la directora pidió una última toma.
—Solo mírense unos segundos.
Valentina soltó una risa.
—Eso fue lo que inició el problema.
—Precisamente.
Sebastián giró la silla hacia ella.
Valentina hizo lo mismo.
No hubo música.
No hubo instrucciones.
Solo se miraron.
Él levantó una ceja.
Ella sonrió.
—¿Qué? —preguntó.
—Nada.
—Tu cara dice algo.
—Mi cara lleva meses acusada injustamente.
Valentina rio.
La directora no cortó.
Sebastián extendió la mano.
Valentina la tomó.
La cámara siguió grabando.
Cuando terminaron, Claudia apareció con los ojos brillantes.
—Odio admitirlo.
—¿Qué? —preguntó Valentina.
—Funcionó.
Sebastián sonrió.
—Nuestra relación tiene excelente performance.
Valentina lo golpeó con el hombro.
—No vuelvas a decir eso.
—¿ROI emocional?
—Peor.
—Engagement afectivo.
—Te dejo.
Claudia rio.
Valentina también.
Y la cámara, que todavía no habían apagado, capturó ese momento.
Fue el que terminó cerrando el video.
* * *