El trato era no enamorarnos Capítulo 27
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Capítulo 27

La peor reunión con un cliente

Elena aceptó recibirlos esa misma tarde.

No fue una reunión amable.

—Quieren responder a una acusación de publicidad falsa utilizando la propia acusación como publicidad —dijo.

Valentina sostuvo su mirada.

—No. Queremos responder reconociendo que la campaña se apoyó en una premisa que no explicamos bien.

—Eso es una forma elegante de decir que mentimos.

—Sí.

Gabriel movió ligeramente la cabeza, pero no interrumpió.

Valentina continuó:

—La fotografía funcionó porque capturó algo que ninguno de nosotros había planificado. En ese momento Sebastián y yo no éramos pareja, pero la tensión que la gente vio era real.

Elena cruzó los brazos.

—Esto se está volviendo demasiado personal.

—Ya es personal. Internet lo hizo personal.

Sebastián tomó la palabra.

—Podemos retirar la pieza, publicar una disculpa corporativa y esperar a que pase. Es la opción segura.

—¿Y la otra?

—Explicar el origen del proyecto, reconocer nuestro error y cambiar el concepto.

Elena levantó una ceja.

—¿A qué?

Valentina colocó una diapositiva.

Fondo blanco.

Una sola frase.

NO EXISTEN PAREJAS PERFECTAS. TAMPOCO HISTORIAS PERFECTAS.

La siguiente mostraba testimonios reales de parejas con historias inesperadas: una que se había separado y reconciliado, otra que llevaba años a distancia, otra que se había conocido después de un divorcio.

—Aurea deja de vender una imagen perfecta —dijo Valentina—. Habla de relaciones reales, precisamente porque las reales son desordenadas.

Sebastián cambió la diapositiva.

Apareció su fotografía de Paracas.

Debajo:

Empezamos fingiendo. Lo que pasó después no estaba en el brief.

Elena los miró durante mucho tiempo.

—Esto puede salir terriblemente mal.

—Sí —dijo Valentina.

—¿Y están dispuestos a exponer su relación para corregirlo?

Valentina miró a Sebastián.

Él no respondió por ella.

Eso importó.

—Yo sí —dijo.

Sebastián asintió.

—Yo también.

Elena se levantó y caminó hacia la ventana.

—Odio esta idea.

Gabriel se acomodó en la silla.

—Eso no suena prometedor.

Elena giró.

—La odio porque es arriesgada.

Pausa.

—Y porque probablemente sea la única que funciona.

Valentina soltó el aire.

—Entonces…

—Tienen cuarenta y ocho horas para traerme el plan completo. Legal lo revisa. Si algo me parece manipulador, volvemos a la disculpa corporativa.

—Entendido.

Cuando salieron del edificio, Sebastián tomó la mano de Valentina.

Ella lo miró.

—¿Qué?

—Nada. Quiero recordarte que esto no es solo una campaña.

—Lo sé.

—Si en algún momento no quieres seguir exponiendo…

—Te lo diré.

—Bien.

Valentina apretó su mano.

—¿Tú estás bien con esto?

Sebastián sonrió.

—No especialmente.

—Excelente.

—Pero confío en ti.

La frase hizo que Valentina redujera el paso.

—Eso no es poca cosa.

—No.

—Sobre todo después de lo que pasó.

—Precisamente por eso.

Caminaron hacia el auto.

Valentina pensó que la confianza no se parecía a no tener miedo.

Se parecía a esto.

Tenerlo.

Y aun así no soltar la mano.

* * *