Capítulo 23
La primera pelea real
Ser novios no eliminó las discusiones.
Solo cambió lo que estaba en juego.
Tres semanas después, Valentina presentó su nueva estructura para el área de estrategia.
Sebastián estaba en la reunión.
También Gabriel y los líderes de cuenta.
—Quiero separar dirección estratégica y dirección creativa de negocio —explicó Valentina—. Las cuentas grandes necesitan dupla, no una sola cabeza.
Sebastián levantó la mano.
—No estoy de acuerdo con el modelo de aprobación.
Valentina lo miró.
—¿Por qué?
—Porque añade una capa. Vamos a perder velocidad.
—Reduce errores.
—También reduce autonomía.
La discusión duró quince minutos.
Profesional.
Intensa.
Sin golpes bajos.
Cuando terminó, Gabriel eligió una solución intermedia.
Valentina volvió a su oficina.
Sebastián apareció diez minutos después.
—¿Estás molesta?
—No.
—Eso sonó exactamente como una persona molesta.
—Estoy pensando.
—¿Puedo entrar?
Valentina señaló la silla.
Él se sentó.
—No voy a dejar de cuestionarte porque eres mi novia.
—No te pedí eso.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué vienes a explicarlo?
Sebastián respiró.
—Porque ahora me importa que una discusión de trabajo no se convierta en otra cosa.
Valentina lo observó.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí. Yo tampoco quiero que me des la razón para evitar un problema en casa.
Sebastián sonrió.
—Perfecto.
—Pero estabas equivocado.
—Ahí está mi novia.
Valentina le arrojó una goma de borrar.
Él la atrapó.
—Esta noche cenamos con mi madre —dijo.
Valentina se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Te lo dije.
—Dijiste “cena”.
—Sí.
—No dijiste “con tu madre”.
—Pensé que estaba implícito cuando dije “mi madre quiere conocerte”.
—Eso fue hace una semana.
—Y hoy es el día.
Valentina cerró la laptop.
—Sebastián.
—Va a gustarle.
—No es eso.
—¿Qué?
—Tu madre vio la foto de Aurea cuando todavía fingíamos.
Él sonrió.
—Sí.
—¿Qué le dijiste?
—Que era complicado.
—Te odio.
—Ella asumió que estábamos saliendo.
—¿Y ahora?
—Ahora técnicamente tiene razón.
Valentina se llevó una mano a la frente.
—¿Qué tengo que saber?
—No menciones que a los diecisiete intenté hacerme un piercing.
Ella levantó la cabeza.
—Necesito esa historia.
—No existe.
—Ahora definitivamente existe.
Sebastián se levantó.
—A las ocho.
—Te voy a interrogar todo el camino.
—Lo sé.
Cuando salió, Valentina volvió a la presentación.
Sonreía.
Había esperado que una relación real se sintiera como perder control.
En cambio, se parecía mucho a esto:
Discutir.
Elegirse.
Volver a discutir.
Y saber que nadie estaba buscando la puerta.
* * *