El trato era no enamorarnos Capítulo 22
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Capítulo 22

Sin contrato

Sebastián estaba apoyado contra su auto cuando Valentina llegó.

—Eso fue rápido —dijo.

Ella caminó hacia él.

—Dijiste “amarte”.

Sebastián cerró los ojos.

—Sí.

—Por mensaje.

—No fue mi mejor ejecución.

—Definitivamente no.

—Puedo retirarlo si quieres.

—No.

Él la miró.

Valentina se detuvo a un metro.

—Explícame Madrid.

Sebastián respiró hondo.

—Hace meses sentía que estaba estancado. No sabía si Gabriel abriría el puesto, ni si yo realmente quería seguir en la agencia. Un exjefe me habló de la oportunidad. Hice entrevistas.

—¿Y te ofrecieron el cargo?

—Sí.

—¿Cuándo?

—El jueves antes de Paracas.

Valentina asintió.

—¿Pensabas aceptar?

—Sí.

La honestidad dolió, pero era mejor.

—¿Y qué cambió?

Sebastián miró hacia el edificio.

—Aurea.

—Eso es trabajo.

—Exacto. La cuenta me recordó que todavía hay cosas aquí que quiero construir.

Volvió a mirarla.

—Y tú.

Valentina tragó saliva.

—No quiero ser el motivo por el que renuncies a algo.

—No lo eres.

—Pero influiste.

—Claro que influiste. Fingir que no sería otra mentira.

Se acercó un poco.

—Lo que estoy diciendo es que la decisión sigue siendo mía.

Valentina bajó la mirada.

—Daniel me hizo sentir responsable de que su vida no funcionara como quería porque yo no fui a Madrid.

—Yo no soy Daniel.

—Lo sé.

—Entonces deja de castigarme por algo que todavía no he hecho.

La frase fue firme.

No cruel.

Valentina levantó los ojos.

—Tienes razón.

Sebastián parpadeó.

—¿Puedes repetirlo? Quiero grabar.

—No arruines el momento.

Él sonrió.

Valentina dio otro paso.

—Yo también rompí el trato esta mañana.

—¿Cuál parte?

—Usé tu decisión profesional para protegerme antes de saber lo que significaba.

Sebastián asintió.

—Eso suena muy tú.

—Y tú dijiste que estaba peleando con Daniel.

—Eso fue peor.

—Sí.

—Lo siento.

—Aceptado.

Silencio.

Sebastián abrió los brazos.

—¿Esto requiere firma?

Valentina negó con la cabeza.

—No más contratos.

Se acercó.

Él la abrazó.

No fue un abrazo de fotografía.

No fue elegante.

Valentina enterró la cara en su cuello y, por primera vez en todo el día, dejó de controlar la respiración.

—Felicitaciones —murmuró Sebastián.

—¿Estás realmente bien?

—No.

Ella se separó un poco.

Él sonrió.

—Quería el puesto.

—Lo sé.

—Y voy a necesitar un día para estar de mal humor.

—Te concedo dos.

—Generosa.

—Pero no desaparezcas.

Sebastián le acarició la mejilla.

—No voy a desaparecer.

Valentina lo besó.

No había reglas.

No había clientes.

No había competencia.

Solo una pregunta que todavía ninguno había formulado.

Cuando se separaron, Sebastián apoyó la frente contra la suya.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Seguimos fingiendo que esto no tiene nombre?

Valentina sonrió.

—Podemos ponerle uno.

—Te escucho, directora.

—Novios.

Sebastián fingió pensarlo.

—Suena serio.

—Puedo retirarlo.

—Ni se te ocurra.

La besó otra vez.

Esa noche Valentina entendió que elegir a alguien no siempre significaba abandonar algo.

A veces significaba dejar de huir antes de tiempo.

* * *