Capítulo 21
El ascenso
Gabriel anunció la decisión a las cuatro de la tarde.
No reunió a toda la agencia.
Llamó a Valentina y Sebastián a su oficina.
Eso fue peor.
Valentina se sentó en un extremo.
Sebastián en el otro.
No se habían hablado desde la mañana.
Gabriel los observó como si supiera que algo había explotado y no quisiera preguntar por los restos.
—Voy a ir directo —dijo—. El puesto de directora de estrategia es para Valentina.
El corazón de ella se detuvo.
Después aceleró.
Había imaginado ese momento durante años.
Había pensado en llamar a su madre. En escribirle a Claudia. En abrir una botella. En quedarse cinco minutos sola en el baño solo para respirar.
No había imaginado sentir culpa.
—Gracias —dijo.
Gabriel sonrió.
—Te lo ganaste.
Valentina miró a Sebastián.
Él sostenía su mirada.
—Felicitaciones —dijo.
No había ironía.
No había resentimiento.
Eso dolió todavía más.
—Gracias.
Gabriel siguió hablando de responsabilidades, transición y estructura.
Valentina escuchó solo la mitad.
Cuando terminó, Sebastián se levantó.
—¿Podemos hablar un minuto? —le preguntó a Gabriel.
Valentina tomó su bolso.
—Los dejo.
—Valentina —dijo Sebastián.
Ella se detuvo.
Él miró a Gabriel y luego a ella.
—Después.
Valentina asintió.
Salió de la oficina.
Claudia estaba esperándola al final del pasillo.
—¿Y?
Valentina intentó sonreír.
—Me lo dieron.
Claudia gritó.
Varias personas levantaron la cabeza.
En menos de un minuto había abrazos, aplausos y mensajes.
Valentina se dejó celebrar.
Lo merecía.
Lo sabía.
Aun así, cada cierto tiempo miraba hacia la puerta de Gabriel.
Sebastián salió veinte minutos después.
Llevaba el teléfono en la mano.
La vio.
Sonrió.
Levantó la copa de plástico que alguien le había dado.
Un brindis desde lejos.
Valentina hizo lo mismo.
Más tarde, cuando la oficina empezó a vaciarse, encontró una caja pequeña sobre su escritorio.
Dentro había un bolígrafo negro de metal.
Grabado en un costado:
Para que dejes de robar los míos.
Valentina rio.
Había una tarjeta.
Te lo ganaste. No dejes que nadie te haga sentir lo contrario. —S.
Buscó a Sebastián.
Su escritorio estaba vacío.
Le escribió.
Valentina: Gracias.
Los tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron.
Sebastián: De nada, directora.
Valentina apretó el teléfono.
Valentina: ¿Aceptaste Madrid?
La respuesta tardó un minuto.
Sebastián: No.
Valentina dejó de respirar.
Valentina: ¿Por mí?
Esta vez tardó más.
Sebastián: No solo por ti.
Ella sintió el pinchazo de siempre.
Luego llegó otro mensaje.
Sebastián: Y eso es importante.
Valentina frunció el ceño.
Sebastián: Si me quedo únicamente por ti, algún día podría convertirte en responsable de todo lo que no hice. No quiero amarte así.
Valentina leyó la última frase tres veces.
No quiero amarte así.
No era una declaración preparada.
No era un gran gesto.
Era mucho más incómodo.
Mucho más real.
Ella escribió:
Valentina: ¿Dónde estás?
Sebastián: En el estacionamiento.
Valentina tomó su bolso.
* * *