Capítulo 20
Madrid
Valentina durmió tres horas.
A las seis y media ya estaba en la oficina.
No quería hablar con Sebastián.
Tampoco quería que su ausencia pareciera una estrategia.
Así que llegó antes que todos.
A las siete y diez escuchó la puerta.
Sebastián apareció con dos cafés.
—Sabía que ibas a estar aquí.
Dejó uno sobre su escritorio.
Americano doble. Un sobre de azúcar.
Crisis.
Valentina miró el vaso.
—Gracias.
—¿Qué pasó ayer?
—Nada.
Sebastián se sentó frente a ella.
—Segunda mentira en menos de doce horas.
—No empieces.
—No estoy peleando.
—Pues parece.
Él guardó silencio.
Valentina sostuvo el vaso entre las manos.
—¿Te vas a Madrid?
El rostro de Sebastián cambió.
Nada dramático.
Solo un segundo de quietud.
Suficiente.
—Gabriel te dijo.
—Sí.
—No debía.
—¿Eso es lo importante?
Sebastián se pasó una mano por el cabello.
—Recibí una oferta.
—Antes de Paracas.
—Sí.
—Antes del trato.
—Sí.
—Antes de decirme que llevabas años pendiente de mí.
—Valentina…
—¿Vas a aceptar?
Él se quedó callado.
Eso fue una respuesta.
Ella soltó una risa breve.
—Increíble.
—No he decidido.
—¿Y cuándo pensabas decírmelo?
—Cuando supiera qué iba a hacer.
—Conveniente.
Sebastián se levantó.
—No quería arrastrarte a una decisión que todavía era mía.
—Ya me arrastraste.
—No.
—Sí. Me pediste claridad. Me dijiste que no querías fingir. Me pediste que no desapareciera. ¿Y tú tenías una oferta para irte del país guardada en el bolsillo?
—No es así.
Valentina también se puso de pie.
—¿Cómo es?
—Me ofrecieron el puesto antes de que pasara nada entre nosotros. Era una opción profesional.
—¿Era?
—Es.
La palabra dolió.
Sebastián apretó la mandíbula.
—No voy a mentirte. Es una buena oferta.
—Entonces tómala.
—No he dicho eso.
—Pero quieres.
—Parte de mí sí.
Valentina miró hacia la ventana.
—Claro.
—Y otra parte no.
—¿Por mí?
—Entre otras cosas.
Ella se volvió.
—No quiero ser “entre otras cosas”.
—No dije que fueras poca cosa.
—No quiero volver a estar en una relación donde alguien pone una ciudad sobre la mesa y espera que yo me acomode alrededor.
Sebastián dio un paso hacia ella.
—Yo no te he pedido que te vayas conmigo.
—Todavía.
—Ni lo haré.
Valentina frunció el ceño.
—¿Entonces qué quieres?
—Quiero decidir sin convertirte en una obligación y sin fingir que no importas.
—Eso suena bonito.
—Es verdad.
—¿Y si eliges Madrid?
Sebastián tardó en responder.
—Tendremos que hablar.
Valentina sintió que la vieja puerta dentro de ella se abría.
La salida.
La ruta segura.
—No.
—¿No qué?
—No voy a esperar a que decidas si valgo más o menos que un cargo.
—Eso no es lo que estoy decidiendo.
—Para mí se siente exactamente así.
Sebastián negó con la cabeza.
—Estás peleando con Daniel, no conmigo.
La frase fue un golpe.
Valentina retrocedió.
—No vuelvas a usar eso.
Él cerró los ojos.
—Tienes razón.
—Era la regla.
—Lo sé. Lo siento.
Valentina tomó su bolso.
—Necesito salir.
—Valentina.
—No me sigas.
Caminó hacia el ascensor.
Sebastián no la siguió.
Y eso fue exactamente lo que ella había pedido.
También fue lo que más le dolió.
* * *