Capítulo 19
Lo que pasa cuando ganas
El pitch de Aurea salió perfecto.
No casi perfecto.
Perfecto.
Elena Vega escuchó la presentación completa sin mirar el teléfono una sola vez.
Cuando terminaron, cerró la carpeta.
—Esto es lo que buscaba.
Valentina sintió que el aire regresaba a sus pulmones.
Gabriel sonrió.
—Entonces…
—Aurea trabaja con Lúmina.
Sebastián apretó el puño debajo de la mesa.
Valentina lo vio.
Él la miró.
No podían celebrar todavía.
Pero ambos sabían.
Habían ganado.
Una hora después, de regreso en la agencia, alguien apareció con una botella de espumante.
Claudia puso música.
Gabriel dio un discurso demasiado largo.
Valentina estaba junto a una ventana cuando Sebastián se acercó con dos copas.
—Ganamos.
—Ganamos.
—No voy a decir que fue por mi diapositiva catorce.
—Porque era mía.
—Detalles.
Chocaron las copas.
Valentina miró a la gente celebrando.
—Ahora viene el ascenso.
Sebastián asintió.
—Sí.
La alegría cambió de forma.
—¿Te preocupa? —preguntó ella.
—Mucho.
—A mí también.
—Pero no me arrepiento.
Valentina lo miró.
—¿De qué?
—De nosotros.
La palabra cayó con suavidad y peso.
Nosotros.
Ella tomó un sorbo.
—Todavía no sé qué somos.
—Podemos ser algo sin hacer una presentación de cuarenta diapositivas.
—No subestimes mi capacidad.
Sebastián sonrió.
Gabriel llamó a Valentina desde el otro lado de la oficina.
—Ríos. Un minuto.
Valentina dejó la copa.
—Ahora vuelvo.
Entró a la oficina de Gabriel.
Él cerró la puerta.
—Buen trabajo.
—Gracias.
—Quiero hablarte del puesto.
Valentina sintió el pulso en la garganta.
—Bien.
Gabriel se sentó.
—Aún no he tomado la decisión final.
La decepción fue inmediata.
—Pensé que sería después del pitch.
—Lo será. Mañana.
—Entonces…
—Quiero que sepas algo antes.
Gabriel juntó las manos.
—Sebastián recibió una oferta de otra agencia hace dos semanas.
Valentina se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—No debería decírtelo, pero esto afecta la decisión. Es para liderar estrategia regional desde Madrid.
El mundo pareció reducirse.
Madrid.
La misma ciudad que había cambiado su vida una vez.
—¿Va a aceptar?
—No lo sé.
—¿Te lo dijo?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Antes de Paracas.
Valentina sintió una presión fría en el pecho.
Antes de Paracas.
Antes de los besos.
Antes del trato.
—¿Por qué me dices esto?
Gabriel suspiró.
—Porque si él se va, el puesto aquí probablemente sea tuyo. Y no quiero que mañana interpretes la decisión como algo que no es.
Valentina dejó de escuchar durante un segundo.
La puerta de vidrio permitía ver la oficina.
Sebastián estaba riendo con Claudia.
Como si nada.
—Gracias —dijo Valentina.
Salió.
Sebastián se acercó inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Ella lo miró.
—Nada.
—Valentina.
—Estoy cansada.
—¿Gabriel habló del puesto?
—Mañana.
Sebastián observó su cara.
—¿Seguro que estás bien?
—Sí.
Mintió.
Y lo peor fue que él pareció creerle.
* * *