Capítulo 17
Una cita que no era una cita
El viernes, Sebastián propuso almorzar.
Valentina aceptó con una condición.
—No es una cita.
—Claro.
—Es una conversación.
—Con comida.
—Sí.
—En un restaurante.
—Sí.
—Solo tú y yo.
Valentina lo miró.
—Si sigues describiendo una cita, cancelo.
Sebastián levantó las manos.
—Conversación profesional con carbohidratos.
—Perfecto.
Fueron a un restaurante pequeño a cinco cuadras de la oficina.
Nada romántico.
Mesas de madera, menú escrito en pizarra y gente trabajando con laptops.
Valentina lo había elegido por esa razón.
Sebastián pidió pasta.
Ella, ensalada.
—Estás castigándote —dijo él.
—Me gusta.
—Nadie mira una ensalada como tú la estás mirando si le gusta.
Valentina dejó el tenedor.
—Habla.
Sebastián respiró.
—No quiero que esto afecte la cuenta.
—Bien.
—Ni el ascenso.
—Bien.
—Y no quiero fingir que no pasó nada.
Valentina asintió lentamente.
—Yo tampoco.
Él pareció sorprendido.
—Eso fue fácil.
—No te emociones.
—Imposible.
Valentina jugueteó con la servilleta.
—No sé hacer esto contigo.
—¿Qué es “esto”?
—Lo que sea que esté pasando.
—Podemos no ponerle nombre todavía.
—Eso suena sospechosamente razonable.
—Tengo momentos.
—¿Y si uno consigue el ascenso y el otro no?
Sebastián dejó el tenedor.
—Ese es el verdadero problema.
—Sí.
—No quiero que pienses que voy a dejar de competir.
—Yo tampoco.
—Entonces competimos.
—Y fuera del trabajo…
Sebastián la miró.
—Fuera del trabajo dejamos de fingir que no nos atraemos.
Valentina sintió calor en el cuello.
—Directo.
—Prometí claridad.
—Eso puede salir muy mal.
—Puede.
—¿Y aun así quieres?
Sebastián sonrió.
—Sí.
Valentina tomó agua.
—Una regla.
Él dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Volvieron las reglas.
—Una.
—Escucho.
—Nada de usar lo que pase entre nosotros para herir al otro en el trabajo.
La sonrisa desapareció de su rostro.
—Aceptado.
—Y si alguno quiere terminar…
—Lo dice.
—Sin desaparecer.
Sebastián la observó.
—Eso también tiene que ver con Daniel.
—Tiene que ver conmigo.
Él asintió.
—Aceptado.
Valentina extendió la mano.
—Trato.
Sebastián la miró.
—¿Vamos a sellar esto como un contrato?
—Es lo más seguro.
Él tomó su mano.
—Trato.
No la soltó.
Valentina lo notó.
—Sebastián.
—¿Qué?
—Ya cerramos.
—Estoy verificando los términos.
Ella intentó retirar la mano.
Él tiró suavemente.
Valentina se inclinó hacia adelante.
—Esto sigue sin ser una cita —murmuró.
—Por supuesto.
—Bien.
Sebastián sonrió.
—Entonces supongo que no puedo besarte al salir.
Valentina sintió una sonrisa traicionarla.
—Supongo que no.
Pagaron.
Salieron.
Caminaron media cuadra sin hablar.
Al llegar a una esquina, Sebastián se detuvo.
—Qué pena que no fuera una cita.
Valentina lo miró.
—Sí.
—Porque habría terminado bastante bien.
Ella se acercó.
—Hipotéticamente.
—Claro.
Valentina lo besó.
Esta vez no había fotógrafos.
No había cliente.
No había fachada.
Sebastián la sujetó por la cintura y el beso se volvió más lento, más seguro.
Cuando se separaron, Valentina respiraba demasiado rápido.
—Esto complica el informe —dijo.
Sebastián apoyó la frente contra la suya.
—Podemos ponerlo en anexos.
Ella rio.
Y decidió que, por una tarde, no iba a pensar en el lunes.
* * *