El trato era no enamorarnos Capítulo 16
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Capítulo 16

Después del jueves

La mentira terminó el jueves a las once y cuarenta y tres de la noche.

Valentina lo supo porque miró el reloj del auto cuando salió del evento.

Sebastián estaba a su lado.

Gabriel iba adelante, respondiendo correos.

Nadie habló del beso.

Eso lo hacía más grande.

Cuando el auto se detuvo frente al edificio de Valentina, ella abrió la puerta.

Sebastián hizo lo mismo.

—Yo bajo aquí también —dijo.

Gabriel levantó la vista.

—¿Vives aquí?

—No.

Valentina lo miró.

Sebastián cerró la puerta del auto.

—Buenas noches, Gabriel.

El director general observó a uno y a otro.

Luego sonrió como alguien que había decidido no hacer preguntas por razones de supervivencia.

—Mañana a las nueve.

El auto se fue.

Valentina quedó en la vereda con Sebastián.

—¿Qué haces?

—Terminando una conversación.

—No empezamos ninguna.

—Precisamente.

Valentina cruzó los brazos.

—La regla seis dice que la mentira terminaba hoy.

—Terminó.

—Entonces ya no tenemos que fingir.

—No quiero fingir.

Ella guardó silencio.

La calle estaba tranquila.

Sebastián dio un paso hacia ella.

—El beso.

—Sí.

—Quiero repetirlo.

Valentina sintió una descarga de nervios.

—Eso parece una mala idea.

—Probablemente.

—Trabajamos juntos.

—Sí.

—Competimos por el mismo puesto.

—También.

—Nos irritamos.

—Muchísimo.

—Y no quiero convertir esto en un desastre.

Sebastián bajó la voz.

—Valentina, ya somos un desastre. Solo que hasta ahora lo llamábamos rivalidad.

Ella rio, pese a sí misma.

—Eso no ayuda.

—No estoy intentando ayudar.

—¿Entonces qué intentas?

Él la miró.

—Ser claro.

Valentina odiaba la claridad cuando no dejaba rutas de escape.

—No sé qué quiero —admitió.

—Está bien.

—¿Está bien?

—Sí.

Sebastián metió las manos en los bolsillos.

—No tienes que decidir hoy.

—¿Y tú?

—Yo sí sé.

El corazón de Valentina aceleró.

—¿Qué sabes?

—Que llevo años pendiente de ti más de lo que debería.

Ella no respondió.

—Que me molesta cuando Daniel te llama.

—Eso ya lo dijiste.

—Que me aprendí tu pedido de café hace dos años.

Valentina parpadeó.

—¿Dos años?

—Americano doble, un poco de leche fría, sin azúcar cuando estás tranquila. Con un sobre cuando una cuenta está en crisis.

Ella lo miró como si lo acabara de conocer.

—Eso es inquietante.

—Lo sé.

—¿Algo más?

Sebastián sonrió.

—Sí. Pero si te digo todo, vas a huir.

Valentina bajó la mirada.

Él había acertado demasiado.

—Mañana —dijo ella.

—¿Qué pasa mañana?

—Mañana hablamos.

—¿Es una promesa?

Valentina levantó la vista.

—Es un plazo.

—Me gustan los plazos.

—Lo sé.

Sebastián se inclinó y besó su frente.

Solo eso.

Después se alejó.

Valentina lo vio caminar hacia la esquina.

—Sebastián.

Él giró.

—¿Sí?

—Puedes escribirme cuando llegues.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Eso suena peligrosamente parecido a preocupación.

—No abuses.

—Buenas noches, Ríos.

—Buenas noches, Ferrer.

Valentina entró al edificio.

Apenas llegó al departamento, el teléfono vibró.

Sebastián ♥: Llegué.

Valentina escribió:

Valentina: Bien.

Borró la palabra.

Escribió otra.

Valentina: Buenas noches.

Tres puntos aparecieron en la pantalla.

Sebastián ♥: Mañana.

Valentina dejó el teléfono sobre la cama.

La regla seis había terminado.

Y, por primera vez, no había ninguna regla nueva esperando ocupar su lugar.

* * *