El trato era no enamorarnos Capítulo 15
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Capítulo 15

El beso que no estaba permitido

El evento de Aurea se realizó el jueves en una terraza de Miraflores.

Había clientes, prensa especializada, ejecutivos y suficientes luces cálidas para hacer que todo pareciera más íntimo de lo que realmente era.

Valentina llevaba un vestido verde oscuro.

Sebastián, traje negro.

Cuando él la vio entrar, dejó de hablar a mitad de una frase.

Valentina se acercó.

—¿Qué?

—Nada.

—Tu cara está diciendo algo.

—Estoy intentando que mi cara tenga recursos humanos.

Ella sonrió.

—¿Eso fue un cumplido?

—No oficialmente.

Gabriel se acercó.

—Recuerden: diez minutos con Elena, luego presentación breve. No improvisen demasiado.

Sebastián miró a Valentina.

—Eso va por ti.

—Tú eres el que convirtió un aniversario inexistente en tres años de relación.

—Detalles.

Elena Vega los recibió con entusiasmo.

—Mi pareja favorita.

Valentina sonrió.

Sebastián apoyó una mano en su espalda.

La cercanía ya no se sentía teatral.

Eso era peligroso.

Durante la presentación hablaron de la experiencia, de la idea de “volver a mirarse”, de cómo el hotel podía vender tiempo compartido en lugar de lujo.

Elena estaba encantada.

Después hubo música.

Un fotógrafo se acercó.

—¿Una foto de ustedes?

Valentina iba a colocarse al lado de Sebastián.

El fotógrafo hizo un gesto.

—Más naturales.

Sebastián la miró.

—¿Bailamos?

—No.

—Eso ha sonado muy natural.

—No sé bailar contigo.

—Ni siquiera lo has intentado.

Le tendió la mano.

Valentina vio a Elena observándolos.

—Te odio.

—Después.

Tomó su mano.

La canción era lenta.

Sebastián colocó una mano en su cintura.

Valentina apoyó la otra en su hombro.

—Esto es innecesario —murmuró ella.

—El cliente está mirando.

—Claro.

—Y Daniel también.

Valentina levantó la vista.

—¿Qué?

Sebastián inclinó la cabeza hacia un extremo de la terraza.

Daniel estaba junto a un grupo de invitados.

—¿Qué hace aquí?

—Su consultora trabaja con uno de los proveedores.

Valentina volvió la mirada a Sebastián.

—No importa.

—Bien.

—¿Te importa a ti?

—Muchísimo.

Ella soltó una risa.

—Al menos eres consistente.

Sebastián la hizo girar suavemente.

Cuando volvió hacia él, quedaron más cerca.

—Valentina.

—¿Qué?

—Hoy termina la mentira.

La regla seis.

Ella lo había olvidado.

—Sí.

—Entonces necesito saber algo.

—¿Qué?

Sebastián se acercó a su oído.

—Cuando termine, ¿vas a volver a tratarme como si no hubiera pasado nada?

Valentina sintió un escalofrío.

—No sé.

—Yo tampoco.

La canción terminó.

Pero ninguno se separó.

Daniel los miraba.

Elena también.

El fotógrafo levantó la cámara.

Valentina sabía que podía alejarse.

En cambio, miró a Sebastián.

—Esto podría ser por la fachada —susurró.

Él entendió.

—Claro.

Sebastián bajó la cabeza.

El beso fue suave.

Breve.

Suficiente para una foto.

No suficiente para todo lo que habían evitado durante una semana.

Cuando se separaron, Valentina mantuvo los ojos cerrados un segundo más.

Sebastián apoyó la frente contra la suya.

—Eso no fue actuación —dijo.

—No.

—Entonces tenemos un problema.

Valentina abrió los ojos.

—Sí.

El fotógrafo siguió disparando.

Y, por primera vez, a ninguno de los dos le importó.

* * *