El trato era no enamorarnos Capítulo 12
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Capítulo 12

La mentira crece

El lunes a las nueve, Elena Vega apareció en la videollamada con una sonrisa peligrosa.

Gabriel estaba sentado en la cabecera de la mesa. Valentina y Sebastián ocupaban dos lugares frente a la pantalla.

—Vi el contenido del hotel —dijo Elena—. Excelente reacción orgánica.

Valentina asintió.

—El equipo de Paracas hizo un gran trabajo.

—Y ustedes también.

Sebastián cruzó una mirada rápida con ella.

Elena continuó:

—Quiero construir la campaña alrededor de parejas reales. Nada de modelos. Nada de actores. Historias imperfectas.

Gabriel sonrió.

—Coincidimos.

—Bien. Y quiero que ustedes dos estén en el lanzamiento interno del jueves.

Valentina parpadeó.

—¿Nosotros?

—Sí. La foto funcionó porque no parece publicidad.

Sebastián apoyó las manos sobre la mesa.

—Elena, nosotros…

Valentina le dio una patada por debajo de la mesa.

Él la miró.

Ella sonrió hacia la pantalla.

—Claro. Podemos estar.

—Perfecto —dijo Elena—. Quiero que cuenten brevemente qué descubrieron durante la experiencia. Como pareja y como estrategas.

La llamada terminó ocho minutos después.

Gabriel esperó a que la pantalla se apagara.

Luego los miró.

—“Como pareja”.

Valentina tomó aire.

—Hay una explicación.

—La quiero.

Sebastián se adelantó.

—El hotel nos registró como pareja por la auditoría. Tomaron una foto. La publicaron.

—Eso lo entiendo. ¿Por qué Elena cree que son una pareja real?

Valentina se quedó quieta.

Porque ninguno la había corregido.

Gabriel se frotó la frente.

—No puedo creerlo.

—Podemos aclararlo ahora —dijo Sebastián.

Gabriel lo miró como si hubiera propuesto incendiar el edificio.

—No.

—¿No?

—La presidenta regional de la cuenta más importante que perseguimos en años acaba de decir que esa foto representa exactamente lo que quiere para la marca. No vamos a empezar la semana explicándole que era una actuación.

Valentina sintió una punzada de culpa.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Gabriel se reclinó.

—Fingen hasta el jueves.

Silencio.

—No —dijo Valentina.

—Sí.

—Gabriel.

—Cuatro días. Después del evento les diremos que prefieren mantener su vida privada fuera de la campaña y listo.

Sebastián miró a Valentina.

—Podemos hacerlo.

Ella giró hacia él.

—¿En serio?

—Ya sobrevivimos un fin de semana.

—Apenas.

Gabriel cerró la laptop.

—Perfecto. Entonces queda decidido.

—No dije que sí —protestó Valentina.

—Tu ascenso sigue dependiendo de esta cuenta.

Eso fue suficiente.

Valentina apretó la mandíbula.

—Bien.

Gabriel se levantó.

—Una cosa más.

Ambos lo miraron.

—Si van a fingir, háganlo bien. Nada de actuar como si quisieran matarse frente al cliente.

Sebastián sonrió.

—Eso podría interpretarse como pasión.

Valentina le clavó la mirada.

—Voy a agregar una regla.

Gabriel salió.

Sebastián tomó una libreta.

—Adelante.

Valentina escribió:

Regla seis: la mentira termina el jueves.

Él leyó por encima de su hombro.

—Me gusta.

—No debería gustarte nada de esto.

—Me gustan los plazos.

—Mentira.

—Ahora es literalmente parte del trabajo.

Valentina lo miró.

—Cuatro días.

—Cuatro días.

—Nada cambia.

Sebastián guardó la libreta de ella en el escritorio.

—Claro.

La forma en que lo dijo hizo que Valentina deseara creerle.

El problema era que ya sabía que algo había cambiado.

Y todavía era lunes.

* * *