El trato era no enamorarnos Capítulo 11
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Capítulo 11

La foto

El domingo por la mañana, la fotografía llegó al correo.

No la del bote.

La del mirador.

Valentina la abrió mientras Sebastián se duchaba.

La imagen era sencilla: ellos frente al mar, el viento moviendo su cabello, la mano de él en su cintura.

Pero había algo en la manera en que se miraban.

Nada exagerado.

Nada que una persona externa pudiera señalar con certeza.

Solo una intimidad que no recordaba haber fingido.

Valentina cerró la ventana.

La volvió a abrir.

La cerró otra vez.

—Eso parece saludable —dijo Sebastián desde atrás.

Valentina casi dejó caer el teléfono.

Él ya estaba vestido, con una camisa azul y el cabello todavía húmedo.

—No te escuché salir.

—Estabas muy concentrada.

—Revisaba el material.

—Claro.

Sebastián se acercó.

—¿Puedo verla?

—Ya te la enviaron también.

—Pero quiero ver qué estabas mirando con tanta intensidad.

Valentina le mostró la pantalla.

Él guardó silencio.

—Buena foto —dijo.

—Sí.

—Parece real.

—Ese era el objetivo.

Sebastián la miró.

—Sí.

Valentina bloqueó el teléfono.

El viaje de regreso fue mucho más silencioso que el de ida.

No porque faltaran cosas que decir.

Sobraban.

Cuando llegaron a Lima, el auto los dejó frente al edificio de Lúmina porque ambos habían decidido pasar por la oficina para ordenar notas antes del lunes.

El lugar estaba casi vacío.

Subieron juntos.

Al entrar, Valentina encontró a Claudia frente a una pantalla.

—¿Qué haces aquí? —preguntó.

Claudia giró con una sonrisa demasiado grande.

—La pregunta es qué hiciste tú.

Valentina se detuvo.

—¿Qué?

Claudia levantó su teléfono.

En la pantalla estaba la fotografía del mirador.

Publicada en la cuenta de Instagram de Aurea.

“Volver a elegirse también puede ser una aventura.”

Valentina sintió que se le congelaba el estómago.

—No.

—Sí.

—Dime que no etiquetaron.

—Etiquetaron a la agencia.

Sebastián se acercó.

—¿Cuántas personas la vieron?

—Veintisiete mil hasta ahora.

Valentina cerró los ojos.

Claudia deslizó la pantalla.

—Y hay comentarios.

—No quiero saber.

—“Necesito saber su historia”. “Se miran como si llevaran casados diez años”. “Él está enamoradísimo”.

Sebastián carraspeó.

—La gente interpreta demasiado.

Claudia levantó la vista.

—¿Ustedes están juntos?

—No —respondieron ambos.

—Eso sonó ensayado.

Valentina tomó el teléfono de Claudia.

—¿Por qué Aurea publicó esto?

—Supongo que alguien del hotel la eligió para contenido social.

Sebastián sacó su celular.

—Voy a llamar a Gabriel.

—Espera —dijo Claudia.

—¿Qué?

—Elena Vega comentó.

Valentina volvió a mirar.

La presidenta regional de Aurea había escrito:

“Esta es exactamente la emoción que queremos recuperar en la marca.”

Silencio.

Sebastián dejó caer la mano con el teléfono.

—No llamemos a Gabriel todavía —dijo.

Valentina lo miró.

—¿Por qué?

—Porque el cliente acaba de decirnos qué le gustó.

Claudia sonrió.

—Ahora sí empiezan a asustarme.

Valentina volvió a observar la foto.

—Esto puede ayudarnos en el pitch.

—Exacto.

—Pero no vamos a seguir fingiendo.

Sebastián guardó el teléfono.

—Claro que no.

Claudia soltó una risa.

—Ustedes dos son pésimos mintiendo.

—No estamos mintiendo —dijo Valentina.

Claudia levantó las manos.

—Yo no dije nada.

Se alejó hacia su escritorio.

Valentina se quedó mirando la pantalla.

Sebastián se colocó a su lado.

—Ríos.

—¿Qué?

—Borra la foto si te incomoda.

—No me incomoda.

—La has abierto seis veces.

Valentina lo miró.

—¿Tú la guardaste?

Sebastián tardó medio segundo demasiado.

—Para el proyecto.

Ella sonrió.

—Claro.

Él se alejó.

Valentina abrió la foto una vez más.

Después la guardó en favoritos.

Solo para el proyecto.

* * *