Capítulo 2
Reglas para sobrevivir a Sebastián Ferrer
El viernes, a las tres y cincuenta y siete de la tarde, Valentina llegó al estacionamiento con una maleta pequeña, una laptop y una lista de reglas.
No era una metáfora.
La había escrito en las notas del celular durante el almuerzo.
Regla uno: nada de hablar del ascenso fuera del horario de trabajo.
Regla dos: nada de comentarios sobre su vida sentimental.
Regla tres: nada de utilizar información personal en futuras discusiones.
Regla cuatro: contacto físico únicamente cuando fuera necesario para mantener la fachada.
Regla cinco: bajo ninguna circunstancia olvidar que Sebastián Ferrer era el enemigo.
Él estaba apoyado contra el auto de la agencia cuando ella llegó.
—Tres minutos antes —dijo, mirando el reloj—. Estoy impresionado.
—Me preocupaba que te fueras sin mí y tuvieras que pasar todo el fin de semana hablando contigo mismo.
—Sería una conversación excelente.
El conductor guardó las maletas. Valentina abrió la puerta trasera.
Sebastián hizo lo mismo del otro lado.
—Tenemos que sentarnos juntos —dijo ella.
—El auto tiene cuatro asientos.
—La reserva dice pareja.
—El chofer trabaja para Lúmina, Valentina.
Ella se quedó quieta.
—Lo sé.
—Entonces…
—Estoy entrando en personaje.
Él la miró unos segundos.
—Eso me preocupa más que cualquier otra cosa que hayas dicho esta semana.
Se sentaron en la parte trasera. Apenas salieron de Lima, Valentina abrió la laptop.
Sebastián miró la pantalla.
—¿Vas a trabajar todo el camino?
—Sí.
—La idea es observar la experiencia.
—La experiencia empieza al llegar.
—La experiencia empieza cuando dejas de controlar cada minuto.
Valentina siguió escribiendo.
—Gracias, terapeuta.
—De nada, paciente hostil.
Treinta minutos después, el tráfico se volvió más ligero. La ciudad quedó atrás y el paisaje empezó a abrirse hacia la costa.
Sebastián había dejado el teléfono a un lado y miraba por la ventana.
Valentina intentó concentrarse en los datos del cliente.
Intentó.
Pero cada cierto tiempo percibía el reflejo de él en la pantalla de la laptop.
Era molesto que una persona pudiera resultar tan arrogante incluso en silencio.
—¿Qué? —preguntó Sebastián sin mirarla.
—Nada.
—Llevas tres minutos observándome en el reflejo.
Valentina cerró la laptop de golpe.
—Estaba pensando.
—¿En mí?
—En cómo una empresa seria te sigue pagando.
Él sonrió.
—Mucho mejor. Por un momento pensé que ibas a decir algo bonito.
—No corras riesgos innecesarios.
Sebastián tomó una botella de agua.
—¿Tienes novio?
Valentina giró despacio.
—Regla dos.
—¿Qué regla dos?
Ella abrió las notas y le mostró la pantalla.
Sebastián leyó.
Después volvió a leer.
—¿Hiciste un reglamento?
—Cinco puntos.
—Esto es extraordinario.
—No te emociones.
Él tomó el teléfono de la mano de Valentina antes de que ella pudiera impedirlo.
—Devuélvemelo.
—“Contacto físico únicamente cuando sea necesario para mantener la fachada” —leyó—. Muy profesional.
—Sebastián.
—“Bajo ninguna circunstancia olvidar que Sebastián Ferrer es el enemigo”.
Él levantó la vista.
—Qué dramática.
Valentina recuperó el celular.
—Funcionará si lo respetas.
—Falta una regla.
—No.
—Regla seis: no hacer listas de reglas que nadie pidió.
—Rechazada.
—Entonces propongo la siete.
Ella suspiró.
—¿Cuál?
Sebastián se acercó apenas.
—Si vamos a fingir que somos pareja, tenemos que parecernos a una pareja.
—Eso ya lo sé.
—No. Tú sabes cómo hacer una presentación. No sabes fingir intimidad.
Valentina arqueó una ceja.
—¿Y tú sí?
—Puedo intentarlo.
—Me muero de curiosidad.
Él señaló su teléfono.
—¿Cómo me tienes guardado?
Valentina lo miró.
—Sebastián Ferrer.
—Eso no sirve.
—¿Quieres corazoncitos?
—Quiero coherencia.
Él tomó su propio teléfono, escribió algo y se lo mostró.
Había cambiado el nombre de Valentina en sus contactos.
Valentina ♥
Ella soltó una carcajada.
—Ridículo.
—Tu turno.
—Ni loca.
—La recepcionista podría ver tu pantalla.
—¿Por qué una recepcionista miraría mi teléfono?
—No sé. Las buenas estrategias consideran escenarios improbables.
Valentina negó con la cabeza, pero terminó cambiándolo.
Sebastián ♥
Él pareció demasiado satisfecho.
—Perfecto.
—Esto desaparece el domingo.
—Claro.
El conductor tomó una curva y el hombro de Valentina chocó contra el de Sebastián.
Fue apenas un segundo.
Nada.
Sin embargo, ninguno se apartó de inmediato.
Valentina sintió el calor de su brazo a través de la tela.
Sebastián bajó la mirada hacia ella.
—Regla cuatro —murmuró.
Valentina se separó.
—Accidente vial.
—Lo anotaré en el informe.
Ella volvió a abrir la laptop.
Pero tardó varios minutos en recordar qué estaba leyendo.
* * *