El trato (El manuscrito 4) Capítulo 15 #4
44%

Capítulo 15 #4

Nicholas dio unos pasos atrás, conmovido por la devastación de su amigo.

Habían pasado horas abriendo armarios, subiendo escaleras de caracol y cruzando estancias vacías y heladas en busca del dichoso espejo, Dante estaba devastado y, justo en ese momento, frente a ellos, apoyado en una viga de madera carcomida, apareció un viejo espejo, roto en una esquina y cubierto de polvo y moho.

La mochila que llevaba al hombro emitió calor y una vibración pulsante.

—¡Espera! —gritó Nicholas, no con la intención de detener a Dante, sino para llamar su atención.

Soltó la mochila contra el suelo húmedo.

Abrió la cremallera y deslizó el manuscrito hacia fuera.

Sus páginas empezaron a pasarse solas. Fue entonces cuando el manuscrito mostró una línea dorada sobre el cristal del espejo, como si fuese una proyección de su energía.

Las letras se reflejaron directamente sobre el espejo, brillando en la oscuridad del sótano.

Dante y Nicholas se quedaron paralizados, mirando el vidrio:

Existe un refrán en su mundo: El que quiere azul celeste, que le cueste.

Buscáis el truco del mago, pero el rey pagó con la moneda del comerciante judío .

Volved al hogar, deudores.

Las letras brillaron con fuerza un segundo y luego se apagaron, dejando el sótano de nuevo en la penumbra.

A la luz de la linterna se vieron reflejados en el espejo.

Dante como siempre, joven y sin el menor aspecto de un hombre de cincuenta y un años.

Nicholas con la boca abierta, asimilando la frase.

Miró el libro en el suelo, que había vuelto a quedar inerte y frío. Luego miró a Dante.

—«El que quiere azul celeste, que le cueste» —repitió Nicholas pensativo.

Puede referirse al lapislázuli, en el renacimiento los pintores tenían una enorme dificultad económica para representar el cielo o los mantos sagrados en sus frescos y retratos.

El pigmento azul se obtenía triturando lapislázuli, una gema muy escasa y cara traída de Oriente.

—No veo qué relación tenga que ver…

—Durante la Antigüedad y la Edad Media —prosiguió Nicholas sin hacer caso a Dante—. las personas solían confundir el zafiro con el lapislázuli debido a que ambas son piedras de un azul intenso y profundo.

—Creo que se está refiriendo a que, si estamos deseando algo, nos debe costar. Es lo que dice el refrán. Muy sencillo —opinó Dante.

—No es el mago Merlín… —susurró Nicholas sin prestar atención a sus palabras, mientras sus ojos se arrugaban al unir los hilos en su mente—. El manuscrito no se está burlando de nosotros, nos está dando la dirección exacta. El comerciante es Muscho Merklin, el judío .

—No comprendo.

—Creo recordar algo que ocurrió durante el reinado de Carlos IV de Bohemia.

Ese rey pidió un préstamo a un judío de nombre Muscho.

La historia dice que el judío recibió como aval la corona de Blanca de Valois, la esposa del soberano.

Esa corona fue encontrada por unos trabajadores de la construcción en Środa, en Polonia, en 1985.

Formaba parte del famoso «Tesoro de Środa»; la corona lleva un zafiro en el centro.

Dante, con la mente puesta en Richard y el corazón acelerado, recogió el manuscrito del suelo y lo metió en la mochila de un manotazo.

—¡No voy a ir a asaltar un museo, Nicholas! ¡Esto se acabó! Nos vamos.

—¿Acaso no te das cuenta? Richard tenía razón, la respuesta está en el hombre que nos espera en Roma. El manuscrito finalmente nos dio una pista segura.

Dante se quedó inmóvil tratando de digerir la información. De pronto se puso en movimiento.

—¡Richard tenía razón! Lo descifraremos en el aire, Nicholas. ¡Mueve las piernas! Tenemos un avión que abordar.

Cerraron la puerta del cuarto y corrieron por los largos pasillos hasta dar con la escalera que daba al Salón de los Barones, donde los había atendido Thomas.

Al abrir la puerta y levantar el tapiz se dieron con un salón a oscuras.

Aparentemente todos se habían retirado a dormir.

El enorme reloj Grandfather [28] marcaba las tres y treinta de la madrugada.

Estaban encerrados. Dante se recostó exánime con una mano en la frente en uno de los sofás, física y mentalmente agotado.

El regio ambiente del salón disponía de dos sofás Chesterfield enfrentados.

En un lateral, la enorme chimenea apagada no contribuía a calentar el gélido lugar.

Nicholas vio el encendedor de la chimenea y se dispuso a prender la turba para encender los troncos y lograr la calidez que necesitaban hasta que apareciera algún mayordomo, sirviente o el propio Thomas de Cleveland.

Luego extrajo el manuscrito de la mochila que había dejado a un lado. Deseaba volver a leer la última frase escrita en él. Repasó las líneas y, pensativo dio vuelta a la siguiente hoja. Lo que encontró fue una sola línea:

REINO DE BOHEMIA, SIGLO XIV

Como si fuese el título de un libro. Pasó a la página siguiente y su sorpresa fue mayúscula, al leer la primera línea:

La muerte del rey Wenceslao II en 1305, seguida por el brutal asesinato de su heredero un año después, borró de un plumazo la línea masculina de la dinastía Přemyslida. Bohemia quedó huérfana de reyes y sumida en una crisis que amenazaba con devorar el reino .

Y el escrito proseguía a lo largo de la hoja y en las páginas siguientes.

—¡Dante! —exclamó zarandeándolo.

—¿Qué sucede?

—¡Despierta! Mira lo que está escrito en el manuscrito, tenemos que leerlo, estoy seguro de que es allí donde encontraremos las respuestas que estamos buscando.

—¿Y Muscho Merklin?

—No podemos hacer nada, estamos encerrados, lo mejor será que leamos lo que está escrito aquí, sabes que siempre existe un motivo para que eso ocurra, recuerda lo de Ambrosius Aureliano, fue así como conocimos los ancestros de Richard…

—Ambrosius… Cierto. Debí escuchar a Richard.

Dante se levantó del sofá, dio unos cuantos pasos y se fijó en la lámpara de pie. La encendió y empezaron a leer bajo su luz.