El trato (El manuscrito 4) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

—Bienvenidos a Hedingham —respondió con voz ronca, limpiándose las manos en los pantalones—.

Pasen adelante, el teléfono no para de sonar y el mercado me tiene la cabeza loca.

—Seguidamente dijo—: Me comentó que ustedes van en serio con el asunto del mecenazgo arquitectónico.

Dios sabe que este viejo montón de piedras necesita cada centavo.

El papeleo gubernamental para autorizar cualquier arreglo en las estructuras es un dolor de cabeza, y ni hablemos de lo que cobran los especialistas por tocar una sola viga del siglo XII...

Dante, manteniendo la voz baja intervino con una frialdad corporativa perfectamente calculada:

—Nos interesa especialmente evaluar la integridad estructural de los niveles inferiores, lord Lindsay.

Las fundaciones y las maderas originales que no han sido alteradas por el turismo.

Si los informes de nuestro especialista coinciden con sus necesidades de restauración, nuestra fundación estará encantada de emitir una transferencia que cubra los costos de reparación de este año.

A cambio, solo pedimos absoluta privacidad durante nuestra inspección. No queremos prensa ni interrupciones.

Al escuchar la promesa de la transferencia los ojos del terrateniente se iluminaron. Olvidó por completo el mercado medieval y los turistas que compraban imanes para la nevera, sin embargo, no dejaba de mirar a Dante, como si él lo hubiera hipnotizado.

—Privacidad es la que tendrán —asintió Alistair, sacando un manojo de llaves pesadas de su chaqueta—. Síganme. Iremos detrás del cordón de seguridad que el público no tiene permitido usar. ¿Niveles inferiores, dijo?

—Sí. Nos gustaría visitar el lugar nosotros solos, una visita privada, milord, si pudiera ser —repitió Dante al tiempo que se quitaba las gafas oscuras.

Alistair lo observó con curiosidad y luego se puso en marcha con aire marcial seguido por Dante y Nicholas quien, con el manuscrito en la mano, verificó la frase escrita.

Leones de piedra. Comprobó que a la entrada de la mansión georgiana estaban los leones de piedra.

Observó en la dirección que apuntaban las estatuas y comprendió que debían ir hacia la base de la mole de piedra que se alzaba al otro lado del jardín.

Caminaron por el césped dejando atrás los jardines y cruzaron el puente Tudor de ladrillo rojo.

En la base de la torre, debajo de la gran escalinata principal, el barón señaló una puerta secundaria.

—Esta entrada se usó históricamente para meter los suministros directamente al sótano sin pasar por el gran salón —dijo, señalando una puerta oxidada y cubierta por hiedra—. Espero poder abrirla, hace mucho tiempo que no se usa.

Después de probar con algunas de las llaves del manojo que tenía en la mano, dio con una que encajaba en la cerradura.

Se oyó el clic del cerrojo, pero la puerta no cedió.

Entre los tres empezaron a limpiarla de la hiedra y el polvo acumulado que la cubría.

Nicholas buscó entre los bolsillos de sus pantalones cargo y dio con su navaja suiza.

La insertó a lo largo y ancho de la hendidura entre la puerta, las jambas y el dintel para desatascarla.

El barón dio un empujón con el hombro y la puerta cedió.

—Supongo que este es el lugar que desean inspeccionar —dijo, señalando hacia abajo—.

Tengan cuidado, la escalera de caracol empotrada en esa esquina los llevará hacia allí, los escalones son irregulares; los normandos a menudo hacían algunos escalones más altos o más profundos que los demás de forma deliberada, por razones de seguridad.

La escalera gira hacia la izquierda por la misma razón.

Se diseñaba así con el propósito de defensa: si un atacante intentaba subir con la espada en la mano derecha, el pilar central de la escalera bloqueaba el arco dejándolo indefenso, en cambio, el defensor tenía todo el espacio libre a su derecha para descargar los golpes.

Supongo que llevan linternas, las antorchas hace mucho tiempo dejaron de trabajar —explicó sonriendo Alistair.

Los dejo, porque hoy es el día de la Feria Medieval y debo cambiarme para estar presente.

Después de esa clase magistral, giró hacia la puerta, salió y los dejó, tal como habían acordado. Para tranquilidad de Nicholas la puerta había quedado entreabierta, lo que ayudó a diseminar en parte el olor a cerrado, a humedad y a una mezcla extraña que ninguno de los dos acertó a identificar .

Armados cada uno con sus linternas empezaron el descenso, lento y cuidadoso por los escalones empinados y de altura desigual. Sus hombros derechos rozaban contra la fría pared de piedra mientras las linternas iluminaban el camino.

Veinte escalones después llegaron al suelo del sótano.

Las paredes tenían molduras excavadas en la piedra en forma de zigzag hasta la altura de la mano elevada de un hombre de estatura media.

A la luz de las linternas los claroscuros confundían su superficie.

Nicholas iluminó el manuscrito y después de leer por centésima vez la frase, murmuró analizándola:

—«La madera es blanda, el tiempo la corrompe...

» hace referencia a la decadencia de los pisos superiores de la torre o de la propia mansión georgiana —dijo señalando hacia arriba—.

«...Buscad la fortaleza del revés...» o boca abajo —razonó—.

Es una alusión al sótano o al subsuelo—.

«...donde el León de Piedra guarda la sangre que no cambia» Los leones que vimos apuntaban directamente a este lugar.

Y «la sangre que no cambia» podría referirse al linaje original de los constructores, a un tesoro heráldico oculto donde la madera se pudrió, pero la piedra permanece, o tal vez a un secreto sellado bajo el suelo, es decir, aquí, que el tiempo no ha podido alterar.

—¿Un tesoro heráldico oculto en un depósito de suministros? —preguntó Dante incrédulo.

—¿Por qué no? Las cosas más valiosas se ocultan en los lugares más insospechados .

—¿Y qué estamos buscando exactamente?

—Eso es lo que no sé.

—¿El manuscrito no dice nada?

Nicholas dio otra ojeada al legajo y no encontró nada.

—He leído en alguna parte que en las construcciones normandas existían cámaras secretas dentro del mismo grosor de las paredes de piedra.

Busquemos algún sillar de piedra suelto, ¿ves estas molduras excavadas en zigzag?

, debían tener alguna finalidad. Tal vez encontremos una salida, un túnel, que el barón desconozca.

—Lo dudo. El hombre parece muy ducho en la historia del castillo.

Nicholas empezó a presionar de manera frenética las molduras en forma de zigzag que cubrían las paredes del sótano, mientras Dante empezaba a imitarlo.

Mucho tiempo después, ya agotados, se sentaron en una esquina. El olor a moho, y el polvillo levantado por ellos después de tantos años, tal vez siglos, se mantenían en el aire a la luz de las linternas.

—Creo que hemos cubierto todas las paredes —dijo Dante. No existe nada de nada.

—¿Ves ese polvillo fino que flota en el aire? Tiene una dirección. La puerta que quedó entreabierta arriba hace que circule el aire, de lo contrario nos estaríamos asfixiando —razonó Nicholas—. Debe haber algún túnel, resquicio, respiradero o salida .

Ambos siguieron la dirección que tomaba el polvillo y se dirigía justamente a la esquina donde ellos estaban sentados. En el sillar de la última fila de la esquina de arriba parecían perderse.

—Dante, súbete a mis manos y trata de empujar con fuerza esa piedra de la esquina —dijo Nicholas señalando la bóveda, en tanto que ponía las dos palmas cruzadas—. Ahora es cuando nos hace falta Richard, es el más alto de los tres —agregó, y de inmediato se arrepintió por nombrarlo.

Dante hizo como que no le había escuchado y entrecruzó las manos para que Nicholas apoyara sus pies en ellas.

Y, como si fuera un milagro, un sonido emergió del sillar para después confundirse con el de un trozo de pared que se movió ligeramente.

Los dos halaron con fuerza la pared y descubrieron un túnel que mediría poco más de un metro cincuenta de alto por unos noventa de ancho que iba en sentido ascendente.

Al final vieron una pequeña reja de hierro.

Parecía ser parte de un respiradero, o tal vez un túnel de escape que había sido sellado.

Nicholas se metió en el pequeño túnel examinando las paredes con la linterna hasta el final sin encontrar absolutamente nada.

Desandó el camino y se fijó en algo que había pasado por alto en la pared del lado derecho.

Un escudo heráldico tallado en la piedra que mostraba un león.

Era el león de piedra. No había magia, solo moho y cansancio atroz por andar encorvado. Salió y cayó exhausto sobre el suelo.

—No puedo creer que nos haya engañado. No lo creo .

—Voy a quemar ese manuscrito —amenazó Dante con las mandíbulas apretadas.

Nicholas no dijo nada y miró el manuscrito con la intención de abrirlo por última vez. Lo hizo y aparecieron unas líneas:

No es oro todo lo que reluce.

No te desanimes, vas por buen camino.

Más de cien puertas cierran el paso al alma.

En el cuarto del siervo que no tiene nombre, el espejo del tiempo mostrará vuestro verdadero rostro.

—Mira —dijo.

—Ya no quiero ver nada. Estás obsesionado con este legajo que esta vez nos está mandando a pistas falsas. Te comportas como cuando la gente desea creer en algo y aferrarse a ello, aunque sepa que la están engañando.

—Puedes que tengas razón, Dante. Pero la esperanza es lo único que nos queda.

¿Deseas dejar de ser joven? Si de verdad ese es tu deseo, no pareces demasiado interesado en lograrlo —dijo Nicholas fijando la mirada en su amigo—.

Yo en lugar de ti, con los recursos que tienes, seguiría cualquier pista por absurda que parezca, y no hablamos de pistas al azar, tenemos en nuestras manos un manuscrito que muchas veces nos ha guiado por el camino correcto.