Capítulo 11 #3
—Es una oferta sumamente generosa, conde —dijo lady Margaret, midiendo sus palabras—. Pero una donación de ese calibre suele requerir trámites burocráticos que toman semanas en procesarse.
—No con la tecnología actual, milady —intervino Nicholas, deslizando el móvil de Dante sobre la mesa con la aplicación bancaria ya abierta—.
Si me proporciona el Sort Code [22] y el número de cuenta de la asociación benéfica de la capilla, el conde puede ejecutar una transferencia en este instante.
El dinero estará disponible en su cuenta en menos de diez segundos.
Arthur arqueó una ceja, mirando el teléfono y luego a su madre. El orgullo británico luchaba contra el pragmatismo financiero.
—Cinco mil libras a cambio de nada es una anomalía, incluso para un filántropo, conde —señaló Arthur, dando un paso al frente—. ¿Qué es exactamente lo que busca en la capilla?
Dante sostuvo la mirada del joven con absoluta tranquilidad.
—Estudio arquitectura sacra del Renacimiento, lord Dent-Brocken.
Detesto las aglomeraciones de los turistas; no me permiten concentrarme.
Solo pido que, a cambio de mi modesto patrocinio, se nos permita a Nicholas y a mí pasar una hora a solas en la capilla una vez que el castillo cierre al público.
Tomaremos algunas fotos, les aseguro que no alteraremos la paz de la reina Catalina.
Margaret miró a su hijo, transmitiéndole una orden silenciosa con los ojos: necesitamos ese dinero .
—Perfecto —asintió Nicholas, sin esperar respuesta—. Si es tan amable, lady Margaret, de dictarme los datos bancarios, procederemos con el pago inmediatamente.
—Es usted muy generoso, conde —respondió ella, aclarándose la garganta mientras buscaba una tarjeta con los datos bancarios del fideicomiso en su gastado escritorio—.
Si es así... supongo que Arthur no tendrá inconveniente en prestarles la llave de la capilla durante una hora esta noche, una vez que el último autobús de turistas se haya marchado.
La transferencia debe ser a nombre de The Friends of St Mary's Chapel .
Y leyendo una tarjeta dictó el código de seis dígitos y el número de cuenta de ocho cifras.
—Puede verificar su cuenta, milady, la transferencia se hizo efectiva —anunció Nicholas, segundos después.
—El último autobús de turistas se marcha a las cinco —dijo Arthur en tono seco—.
Los guías cierran las puertas principales a las cinco y media.
A partir de esa hora, la capilla es suya...
por sesenta minutos exactos. No podré abrirles porque a esa hora me encontraré en otro lugar, pero los esperaré en la entrada para recoger la llave.
Arthur exhaló un suspiro imperceptible y metió la mano en el bolsillo de su saco, sacó un pesado juego de llaves de hierro, las dejó caer sobre la mesa con un tintineo seco, apartó una de ellas y se la entregó.
Dante y Nicholas se encaminaron a la salida de los predios del castillo. Tenían varias horas por delante antes de regresar a la capilla y como todavía no habían probado bocado, se dirigieron a pie hacia el pueblo.
—Conocí al padre de Dante. Eso fue hace ya…
muchos años. Su hijo es su viva imagen, sin embargo, me sorprende que sea tan joven.
Claudio falleció hará unos veintitantos años; Dante debería contar más o menos cincuenta y tantos —comentó pensativa Margaret, tratando de no mostrar demasiada extrañeza para no despertar alguna desconfianza en su hijo .
—Eso no puede ser posible, madre. Ese hombre no debe tener más de veinticinco o veintiséis, como mucho.
—No me hagas mucho caso, Arthur. Mi memoria puede estar fallando, es obvio que es su hijo.
Al quedar a solas, Margaret recurrió a los recortes que solía guardar en un álbum con todo lo concerniente a las casas de la nobleza.
Después de pasar las páginas encontró lo que buscaba.
El entierro en la cripta familiar de Claudio se había llevado a cabo en 1999.
Ella no había asistido a los funerales, pero fue un acontecimiento muy comentado.
En varias de las fotos de los funerales publicadas en los diarios aparecía un sobrino.
Sin duda era el mismo que había estado allí hace poco.
Habían transcurrido veintiséis años desde la muerte de Claudio.
¿Cómo era posible? Se supo después que el tal sobrino, que por cierto se llamaba Dante, había sido en realidad su hijo y había heredado el título.
Dedujo que tal vez Dante Contini-Massera tenía algo que ocultar.
No quiso comentarlo con Arthur para evitar suspicacias respecto al inesperado interés en visitar la capilla.
A ellos les hacía falta el dinero. Las cabañas, las visitas de los turistas y los eventos que organizaban no alcanzaban para cubrir la infinidad de gastos que se requerían para mantener una propiedad como aquella, y ellos no habían tenido la suerte de que una productora cinematográfica se interesara en su castillo, como en el caso del castillo de Highclere, donde se filmó Downtown Abbey .