El trato (El manuscrito 4) Capítulo 7
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Capítulo 7

C on demasiadas cosas rondando en su mente regresó Dante a la villa. Por un lado, la idea de Nicholas de perder sus recuerdos, y por el otro, de repente se presentaba el chino con el tal Muscho Merklin.

Al llegar se encontró con un aparente altercado entre Richard y Nicholas. Al verlo, Quentin fue hacia él con una mirada de súplica.

— Signor Dante, el signor Richard no deja entrar al signor Nicholas a su habitación, la ha cerrado con llave, creo que es por motivo del manuscrito.

Se apersonó al lugar y vio a Richard frente a la puerta de la alcoba. Nicholas advirtió la presencia de Dante y viró hacia él.

—No quiere darme el manuscrito.

—¿Y por qué tanta prisa? Es mejor que estemos todos, ¿no te parece? —preguntó Dante con buen ánimo, tratando de calmarlos.

—Dante, tendrías que haber estado aquí, ¿qué es tan importante para que te ausentes? Sabes el problema que tenemos —reclamó Richard.

—Ya tenía pautada una reunión —aclaró Dante.

—Me pareció que Nicholas no debería tener en sus manos el manuscrito. Si se cumple su deseo será un desastre.

—Soy dueño de mi vida —rebatió él .

—Nicholas, tenemos que hablar —dijo Dante. Abrió la puerta de su habitación y lo invitó a pasar. Richard se quedó de pie sin saber qué hacer—. Tú también, le indicó.

Dante fue directo a coger el manuscrito que aún permanecía en la mesa ratona. Lo abrió y alzó las cejas al leer lo que ponía. Intrigado, Nicholas se acercó a mirar.

—La juventud puede ser eterna. Sine die [12] . La vida no.

—La vida de la eterna juventud solo puede terminar por la voluntad de sí mismo o de otro.

—El manuscrito quiso decirnos algo —dijo Dante.

—Me parece que son respuestas —opinó Nicholas. ¿Notas el guion largo?, se utiliza en los diálogos.

Ambos miraron a Richard, quien parecía ser el único que no sentía curiosidad por lo escrito allí.

—Sí, yo pregunté si la vida de Dante sería eterna. Después de obtener la respuesta, pregunté si algún día podrías morir. Toda esta situación me perturba, Dante, ¡Tengo miedo! —exclamó Richard y salió de la habitación.

Dante calibró lo que dijo Richard. ¿Cuál podría haber sido exactamente su pregunta? Tal vez: «¿Cómo podría terminar con mi vida?». Era lo más lógico. Examinó con cuidado el manuscrito y además de notar los espacios entre líneas, también se fijó en que parecía que hubiera habido algo escrito .

—Bueno, en tu caso, Dante, la frase sine die quiere decir que tu juventud será eterna, a menos que mueras, claro está —arguyó Nicholas tratando de quitar hierro al asunto.

—Eso me quita un peso de encima —dijo Dante mostrando una sonrisa sarcástica.

—Tengo que hablar contigo acerca de tu petición al manuscrito.

—No me harás cambiar de idea.

—¿No te has puesto a pensar que quien desea dejar de ser eternamente joven soy yo?

—Es obvio que sí lo he hecho.

—Entonces, ¿por qué habrías de sacrificarte tú por algo que yo deseo?

—No sería un sacrificio…

—Claro que sí. Dejar de recordar a la persona con la que fuiste más feliz no es lo mejor que puedes hacer con tu vida, y si esos catorce o quince años que viviste con ella se borran de tu memoria por completo, ¿cómo podrías justificar los consejos, las ideas, las correcciones que te ayudó a hacer a tus libros, según me has contado…

?, buena parte de todo lo que hiciste durante ese tiempo también se esfumaría, ¡sería como perder la memoria de todos esos años!

¡No puedes olvidar a una persona que vivió contigo sin olvidar lo que vivió contigo!

—No había pensado en eso —dijo Nicholas después de digerir todo lo que implicaba aquello .

—Hasta sería peligroso. Tendrías que enfrentar a la gente que los conocía a ambos sin acordarte de ella, es como tener Alzheimer. Simplemente toda la situación sería absurda, así que olvídate de eso.

Nicholas asintió lentamente, no había pensado en todo lo que involucraba perder el recuerdo de Dolores.

—¿Entonces qué propones? ¿Nos ponemos en contacto con Merreck lógica pura:

Se piensa demasiado en el pasado porque en el futuro está la muerte.

Las palabras parecían dirigidas a él. Pasó la página por costumbre y una expresión de perplejidad afloró en su rostro—. No puede ser, ¡miren! —exclamó señalando la página .

Una imagen que abarcaba las dos páginas del manuscrito abierto mostraba un mapa antiguo con colores desteñidos, pero bastante nítidos; la geografía de un bosque tal como era probablemente hace siglos, detallando un bosque con colinas, arroyos y piedras.

—¿Y dónde se supone que es esto? —inquirió Dante.

—Voy a tratar de… déjame ver. —Nicholas y su infaltable smartphone, tomó una foto en alta resolución del mapa y corrió hacia dentro de la casa.

Quentin vio desfilar a paso veloz y en fila india a Nicholas con el manuscrito en sus manos seguido por Dante y Richard hacia la habitación de huéspedes que le habían asignado, mostraban tal expectación, que le hizo recordar épocas pasadas. Supo que tenía que ver con el manuscrito.

Nicholas fue directo hacia su portátil y utilizó un programa de Sistema de Información Geográfica.

Superpuso la foto del mapa del manuscrito sobre el mapa digital de Google Earth y el sistema captó un lugar.

Ajustó la escala y se situó exactamente en un lugar llamado Gelli Aur.

Pudo ver que el símbolo extraño del manuscrito coincidía exactamente con una zona boscosa, árboles muy densos que formaban una sombra oscura.

Google Earth no dejaba ver el suelo. Dante y Richard tenían la mirada fija en la pantalla mientras Nicholas manipulaba las teclas.

—Debemos alistarnos para salir hacia Gales —dijo Dante .

Nicholas giró hacia él.

—¿Y qué fue del tal Merklin? ¿No piensas comunicarte con él?

—¿Merklin? —preguntó Richard.

—Yo lo relacioné con Merlín por su mala pronunciación, pero viendo ahora lo que el manuscrito nos ha mostrado, un mapa con una señal, creo que no tiene nada que ver con lo que a nosotros nos interesa.

—Yo creo que deberías prestar más atención a ese hombre —sugirió Richard.

Dante se enderezó y dejó de mirar la pantalla. Giró hacia Richard y le puso una mano en el hombro.

—Ven, tenemos que hablar.

En ese momento Nicholas notó que el manuscrito abierto que reposaba sobre el pequeño escritorio al lado del portátil emitía una efímera luz. Se fijó y vio escrito en la parte baja del mapa:

Donde el tiempo se dobla y la vida no muere, busca el corazón hueco del Rey Verde. Sigue la raíz que apunta al norte eterno, allí donde la carne es sombra y el cofre es invierno.

Dante retiró la mano del hombro de Richard y se volvió hacia el mapa. Richard, movido por la curiosidad, también lo hizo.

—Parece que nos está dando los datos para llegar al lugar exacto en el mapa .

—Si es así, creo que debemos ir a Gales.

—Tenías que hablar conmigo de algo —dijo Richard.

—Cierto. Nicholas, ve haciendo una lista de todo lo que debemos llevar a Gales.

—Nunca he sido scout , Dante.

Al ver su mirada, Nicholas prefirió callar y hacer un listado con todo lo que se le pudo ocurrir.

Una vez en la biblioteca, Dante extrajo un documento del cajón central de su escritorio y se lo entregó a Richard, quien, cabizbajo, lo tomó sin mayor cuidado.

—Y esto… ¿qué es?

—Léelo.

Union Civile , ponía. Se trataba de un documento para registrar una unión civil, que era el máximo estatus legal para parejas del mismo sexo en Italia.

Lo que hacía Dante como un gesto de amor, creyendo que así lo protegería, para Richard resultó ser un insulto y un recordatorio de su fecha de caducidad.

Se sentía dolido. Un dolor que no provenía de su vanidad por las arrugas que tendría en el futuro, sino por un pánico real, existencial.

Se sentía como un simple mortal atrapado en la órbita de un dios que nunca iba a cambiar, y la legislación italiana actuaba como el muro frío que le recordaba que su amor no tenía protección jurídica real.

Al ver el título de la carpeta sonrió con tristeza.

—¿Me traes una Union Civile , Dante? Esto no es un matrimonio real, es un papel de segunda categoría.

El Estado italiano eliminó la palabra «matrimonio» y hasta la obligación de fidelidad en este contrato, solo para recordarnos que ante sus ojos no somos una familia.

Es un papel que me convierte en tu beneficiario, no en tu esposo.

—¿Y acaso soy culpable de todo esto? Soy una víctima, por si no te has dado cuenta.

Richard bajó la mirada y una lágrima se asomó rodando por su mejilla.

—Lo sé. Lo sé y por eso me siento culpable. Por mí estás pasando por todo esto, creo que debo dejarte libre.

—Deja de decir tonterías, cariño —dijo Dante atrayéndolo hacia él—.

Ni tú ni yo tenemos culpa de nada, pero podemos hacer algo para remediarlo, por alguna razón ese manuscrito volvió a nuestras manos, no puede ser una casualidad, y ¡nos está dando las coordenadas para encontrar la solución!

Saldremos el fin de semana porque tengo que terminar la venta de algunas empresas, quiero liberarme de tantas responsabilidades y tal vez podamos cumplir nuestros sueños lejos de aquí.

Richard asintió lentamente mientras pensaba en la ingenuidad de Dante.

Si lo del manuscrito no funcionaba, estarían condenados.

En diez años parecería su padre; en veinte, su abuelo.

El mundo lo mirará en la calle como a un viejo patético que paga por la compañía de un joven.

Y lo peor no era el qué dirían. Lo peor era que moriría sabiendo que era solo una página en su libro eterno.

Cuando él sea polvo Dante seguirá siendo un multimillonario hermoso.

Cambiará de nombre, cambiará de ciudad... y cambiará de pareja.

—Tienes razón —procuró animarse—. Tal vez el manuscrito tenga la respuesta.