Capítulo 4
Q uentin llevó a la mesa un postre que le encantaba a Nicholas: Gelato alla vaniglia. Lo dejó frente a él con una sonrisa.
—Gracias, Quentin, eres el único que conserva el sentido común aquí.
—Señor Nicholas, no sabe cuánto me alegra que usted haya llegado. De un tiempo a esta parte los señores tienen un comportamiento extraño, pero ahora estoy seguro de que todo se arreglará —expresó Quentin mientras daba una mirada al manuscrito sobre la silla al lado de Nicholas—. ¿Es el mismo?
—Sí, solo cambió de apariencia. Y creo que también tiene personalidad propia.
—Siempre la tuvo, ¿no?, que yo recuerde…
—Tienes razón, el manuscrito siempre tuvo vida propia, ¡eres un genio, Quentin!
Él meneó la cabeza como solía hacerlo mientras una ligera sonrisa aparecía en su rostro.
—Le tengo mucho cariño al joven Dante, y lo que veo no me está gustando, señor Nicholas— adujo el anciano bajando la voz con la vista fija en la puerta.
Nicholas apuró el gelato mientras esperaba que Quentin prosiguiera, pero este se quedó en silencio.
—¿Qué te preocupa ?
—Existe un problema que día a día se irá profundizando. Las cosas no mejorarán. Lo siento tanto por el joven Dante… Por favor, cuide de él.
Dicho aquello Quentin desapareció de su vista tal como había llegado. Su indudable don de la oportunidad era incuestionable. Nicholas retiró la copa vacía de cristal tallado y puso el manuscrito frente a él. Lo abrió y leyó unas cuantas palabras escritas, sin título ni capítulo:
Existe un abismo insaciable que custodia secretos de sal y olvido .
Se puso de pie y fue en busca de Dante y Richard. Al salir del comedor y caminar por el inmenso salón, se topó con Quentin.
—Los señores están en la biblioteca con los ánimos más calmados.
Se encaminó hacia allí y al cruzar el umbral notó que la tensión entre ellos todavía era latente. Les mostró lo que estaba escrito en el manuscrito.
—¿Se referirá a lo que quedó en el fondo del mar?
—Creo que sí.
—¿No es mejor preguntárselo? —sugirió Richard.
Nicholas fue hacia el escritorio y tomó la fina estilográfica Ecridor que yacía sobre el tapete de cuero, regresó dando un par de zancadas y se dispuso a escribir en el manuscrito .
—Creo que sería mejor que lo hagas con un lápiz, hay oportunidad de borrar.
La expresión en los ojos de Nicholas al mirarlo aconsejó a Richard mantenerse en silencio. Escribió:
—¿Te refieres a lo que arrojamos al mar? ¿Hay posibilidades de que puedan llevar a cabo aquella biotecnología mística que hace posible la juventud de Dante? —escribió.
—Me encanta ese término, Nicholas. «biotecnología mística». En realidad, ese solo isótopo no otorga vida eterna, existen otros factores .
—¿Científicos?
Al cabo de unos segundos, el manuscrito se manifestó.
—Tú sabes que la ciencia, la mística y la alquimia van de la mano .
—¿Todavía vive John Merreck?, han transcurrido veintiséis años.
—Él no era inmortal .
— ¿Podrías ayudarnos a conseguir el isótopo que arrojamos al mar?
Esta vez el manuscrito no respondió de inmediato. Luego de un minuto y treinta y dos segundos registrados por el cronómetro del reloj de Richard apareció una respuesta.
—¿Qué estarías dispuesto a perder?
—¿A qué te refieres ?
—Todo tiene un precio, Nicholas. ¿Tal vez estás dispuesto a perder la memoria? ¿Qué es lo más valioso para ti?
Nicholas bajó los ojos y se apartó del manuscrito.
Empezó a inspeccionarse las uñas como si la respuesta estuviera ahí y las lágrimas empezaron a brotar rodando por sus mejillas.
Dolores había sido lo más hermoso que tuvo en la vida.
Su recuerdo lo hacía sufrir, pero al mismo tiempo que sufría al recordarla, una especie de emoción satisfactoria lo invadía.
¿Acaso había algo más sublime que recordar los momentos a su lado?
, no obstante, sabía que era un instinto masoquista, recordarla y sufrir.
Recordarla y añorarla, recordarla y solazarse en su pena…
Un suspiro entrecortado se escapó de sus labios.
Dante se acercó a él y lo abrazó. Puso la cabeza de su amigo en su hombro mientras le palmeaba la espalda.
—¿Qué sucede, querido amigo? Me harás llorar, dime qué le duele a tu corazón. Es Dolores, ¿verdad?
—Su recuerdo me entristece, Dante. No te imaginas qué se siente al perder al amor de tu vida.
Dante le ofreció un pañuelo y lo ayudó secar sus lágrimas. Nicholas se sopló la nariz con él.
—Ya sé lo que debo hacer —dijo. Cogió la estilográfica y se aprestó a escribir.
—¿Podría perder la memoria de manera selectiva? —escribió en el manuscrito.
—¿Qué parte de tu vida deseas olvidar?
Dante le arrancó la pluma de las manos .
—¡No, Nicholas! ¡No puedo permitir que te hagas eso!, en todo caso, soy yo quien debería perder algo, no tú. El problema es mío.
Richard cogió el manuscrito, lo cerró y lo mantuvo pegado al pecho.
—Lo debo hacer, Dante. No solo por ti, es por mí. No soporto más este dolor que llevo muy dentro como si estuviera clavándome una larga espina cerca del corazón cada vez que recuerdo a Dolores.
—Hagamos algo: dejemos todo este asunto por hoy. No decidas nada esta noche, mañana será otro día y verás todo con más claridad. Dai, Richard, portiamo con noi il manoscritto. Andiamo. [7] Nicholas, ve a dormir, es tarde y necesitas descansar.
Richard se encaminó con el manuscrito hacia su alcoba mientras Dante pasó un brazo por los hombros de Nicholas y lo acompañó hasta su habitación.
—No cambiaré de idea —advirtió él.
—Está bien, no es necesario que digas nada ahora. Descansa.
Y Nicholas se encontraba en esos momentos allí, tumbado, en una cama que no era suya, retorciéndose por algo más que dolor físico y deseando poder deshacerse del recuerdo de Dolores.
Más tarde, cuando la calma regresó a él, se detuvo a pensar en el problema de su amigo.
Existía un factor que había de tomar en cuenta, algo que se le escapaba y sabía que era muy importante para que el experimento, aun teniendo la fórmula y el isótopo radiactivo surtiera efecto.
La cuestión era que no podía recordarlo…
Claudio, el padre de Dante había dedicado su vida a conseguir la vida eterna, pero sus experimentos no habían resultado en él sino en su hijo.
¿Cómo había sido eso posible? Las transfusiones a las que sometía a Dante desde niño por consejos del alemán, para después transferirlas nuevamente a su cuerpo no tuvieron mayor efecto.
Por el contrario, Claudio había muerto relativamente joven, según el cura Francesco debido a la radiación del isótopo [8] que ellos ahora querían recuperar.
Y el manuscrito acababa de decir que ese isótopo no otorga la vida eterna , entonces, ¿por qué Dante la obtuvo y su padre no? Era algo inexplicable.