El Tratamiento Capítulo 63
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Capítulo 63

Es el despacho de Herminia. Han quitado el termo y han quitado la foto enmarcada del grupo de catorce delante del prefabricado. En la pared queda el clavo.

—Siéntese, Belmonte.

Tiene delante una carpeta de anillas con mi nombre en el lomo, escrito con rotulador, y la tiene abierta.

—Le voy a leer lo que tengo aquí y luego le digo lo que quiero.

—Vale.

—Enfermera desde el noventa y uno. Diez años de paliativos, cuatro de traumatología, dos de residencia.

Entra en Ardèvol en 2027, en el ensayo, con catorce personas.

Cuatro mil seiscientas doce vinculaciones acreditadas.

—Pasa una hoja—. Duración media de entrevista por encima del máximo del protocolo. Todos los años. Todos.

—Ya.

—Aquí hay una entrevista de mayo con intérprete. Solicitó usted el servicio corporativo, paró la lectura y tardó una hora y cincuenta.

—Sí.

—Y aquí hay una observación de junio en la que informa a una candidata de una vía administrativa alternativa antes de leerle el contrato. Municipal. Gratuita. —Levanta la vista—. Eso no lo hace nadie.

—Lo hace bastante gente.

—No, no lo hace. He mirado seiscientas.

Sigue.

—En junio se detecta un error en el cálculo de un vencimiento en su servicio y sale una donante del lote.

En junio se resuelve una incidencia externa abierta desde 2034: la donante regresa voluntariamente y consta que, antes del reingreso, una profesional de esta casa le trató por su cuenta una infección de puerto en la calle.

Eso lo cuenta el reportaje, por cierto. Lo cuenta ella.

—Ya.

—En junio autoriza usted una purga documental.

Una de veinticuatro. La única de las veinticuatro en la que consta correctamente la confirmación de la profesional que hizo la tipificación original, que es exactamente lo que exige la norma y que en las otras veintitrés no consta porque se ejecutaron automáticamente.

—Cierra un dedo dentro de la carpeta—. En julio ejecuta usted una retirada programada con voluntad confirmada y validación facultativa.

Y en la misma semana firma una compra de colchones antiescaras parada desde mayo y escala una incidencia de climatización que llevaba cinco partes.

—Eso último es lo único de todo eso que hice yo.

Alcaine se echa hacia atrás.

—Belmonte, yo llevo trece días aquí y he leído mil cuatrocientas páginas.

Lo que necesito no es una mártir y no es una abogada.

—Cierra la carpeta—. Necesito a alguien que se siente delante de una comisión en octubre y explique qué se hace en esta casa cuando una mujer entra por esa puerta, y que lo explique sin un papel delante, y que no mienta, porque van a saber si miente.

—¿Y usted cree que yo no voy a mentir?

—Creo que usted no lo va a necesitar.

Se levanta y va a la ventana, la del aparcamiento de visitas.

—La dirección de garantías se crea el uno de septiembre. Depende de mí y no depende del grupo. Lleva la doble confirmación, la entrevista de garantías previa a toda vinculación, la auditoría de continuidades y la relación con la comisión. Y la lleva usted.

—¿Y si digo que no?

—Entonces lo lleva un abogado de Madrid que no ha visto una sala de vinculación en su vida —dice—. Y las mujeres que entren en septiembre van a tener exactamente lo mismo que tenían en junio.

Le pregunto lo único que me interesa preguntarle.

—El expediente de Preciado Sanjuán.

—La auditoría va a establecer que esa continuidad se obtuvo de forma fraudulenta. Eso lo doy por hecho, con la documentación que hay.

—¿Y?

—Y esa mujer lleva treinta y ocho meses. —No baja la voz—. La declaración de fraude abre una indemnización a la familia y abre responsabilidad penal. No abre una ventana de reversibilidad que se cerró en octubre de 2034.

—Ya.

—Se lo digo como es porque usted lo sabe mejor que yo.

Le digo que sí el jueves por la mañana.

Y el jueves, después de decírselo, subo otra vez a la uno.

Es la tercera vez en dos meses. La primera fue el seis de julio y la segunda el veintiuno, cuando salieron las instrucciones, y en las tres he estado menos de cinco minutos y en las tres he hecho lo mismo, que es leer la hoja de constantes de arriba abajo como si me la fueran a preguntar.

Treinta y seis con cinco. Ciento cuatro partido por sesenta y seis. Peso, cincuenta y cuatro con tres.

Sube doscientos gramos al mes. Eso es lo normal en el primer año.

Rendimiento del último ciclo, uno coma veintinueve. Va a estar entre las primeras de la casa este trimestre y va a salir en un listado que va a mirar alguien de la tercera y que ya no se llama la tercera.

En la esquina de arriba de la ficha, desde el catorce de agosto, hay un rótulo nuevo en azul que dice expediente incluido en auditoría externa de continuidades 2033-2036 .

Ahí va a poner, dentro de unos meses, que la continuidad del diecinueve de septiembre de 2034 se obtuvo de manera fraudulenta. Lo va a poner un auditor que no la ha visto nunca, con la documentación que hay, que es abundante.

Y debajo va a seguir poniendo lo que pone hoy: unidad 1B-207, reposo activo, producción estable.

Las dos cosas van a estar en la misma pantalla y no se van a contradecir, porque una es una cuestión de validez del consentimiento y la otra es una cuestión de mes treinta y ocho.

Yo esa aritmética la conozco. La hice en un coche parado en una gasolinera el veintinueve de mayo, cuando esta mujer me explicó lo que le habían hecho en la planta dos y yo le busqué la salida a cada cosa que me contaba.

Me quedo hasta que se me acaban los campos de la hoja.

Antes de salir le coloco la sábana por el lado de la vía, que es el que se suelta, y bajo por la escalera.

Bruno me lo pregunta el jueves por la noche, cenando, con el telediario puesto de fondo, cuando sale el rótulo con el nombre nuevo y una imagen de archivo de la entrada de Valdemoro.

—Mamá.

—Dime.

—Eso es donde tú trabajas.

—Eso es donde yo trabajo.

—¿Y qué ha pasado?

Y se lo cuento.

Le cuento que una periodista ha publicado documentos internos que demuestran que la empresa consiguió firmas de mujeres que no estaban en condiciones de firmar.

Le cuento que eso es un delito y que hay un juez.

Le cuento que hay un hombre de mi trabajo al que han citado y que se llama Òscar y que es buena gente y que va a pagar por una cosa que hicieron veinte personas.

Le cuento que la dueña se ha ido. Le cuento que el Ministerio ha puesto a un señor a dirigir esto y que ese señor me ha ofrecido un puesto y que lo he cogido.

—¿Y el tratamiento?

—El tratamiento sigue.

—¿Seguro?

—Seguro. Hay una instrucción que lo dice, con número. Te la enseño si quieres.

—No.

Come.

—¿Y tú vas a salir en el… —chasquea— en el Congreso?

—En octubre.

—Joder.

—Ya.

Se queda con el tenedor parado.

—¿Y tú estás bien?

—Sí.

—Vale.

Y no lo dice como quien se lo cree. Lo dice como quien lo deja, que es una cosa que él sabe hacer desde los diecinueve años y que yo no le he enseñado.

Recogemos. Él pone el lavavajillas con su sistema, con una mano, tardando el triple, y yo seco cosas que ya están secas.

—Mamá.

—Qué.

—Òscar. El del trabajo.

—Dime.

—¿Va a ir a la… —chasquea, se para, lo busca por el final— a la cárcel?

—No lo sé. Yo creo que no. Pero le va a costar dos o tres años de su vida y va a pagar dinero y no va a volver a trabajar en esto.

—¿Y él hizo algo?

—Abrió veinticuatro carpetas en seis días porque le tocaba abrirlas.

—Entonces no hizo nada.

—Entonces no hizo nada.

Bruno cierra el lavavajillas con la cadera, que es como lo cierra, y le da al botón.

—Pues qué mierda.

—Pues sí.

—¿Y no puedes tú… —levanta la mano izquierda y la deja quieta a media altura— decir algo? Ahora que eres.

—Voy a declarar en octubre.

—Ya. Pero digo de él.

—Voy a decir lo que sé.

—Vale.

Y se va al salón y pone el documental, y a los dos minutos sube el volumen en el minuto de los aliviaderos, que es lo que hace desde 2029.