El Tratamiento Capítulo 61
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Capítulo 61

El sábado nueve de agosto me despierta el móvil a las siete y doce.

Es Pilar. Cuelgo antes de cogerlo porque estoy dormida y le doy sin querer, y cuando lo desbloqueo hay treinta y un mensajes en el grupo de vinculación, dos suyos aparte y una llamada perdida de un número de la casa.

El primero del grupo es de Casanovas y son cuatro palabras y un enlace.

chicas. mirad esto. joder.

Bajo a la cocina, pongo el café y me siento con el móvil.

Lo publica Reactivo a las seis de la mañana y lo publica a la vez un diario nacional, en portada de la edición digital, con una foto aérea del complejo de Valdemoro-Norte hecha con dron desde el camino de servicio.

EL PROTOCOLO DE CONTINUIDAD: CÓMO ARDÈVOL OBTIENE LA FIRMA DE MUJERES QUE ACABAN DE DESPERTAR

Documentación interna de la compañía revela que las prórrogas indefinidas del Programa de Donación Prolongada se obtienen durante los primeros días de recuperación de conciencia, cuando la donante todavía no puede leer. La empresa contabiliza el ahorro que produce cada firma.

Tardo cincuenta minutos en leerlo entero.

Son cuatro entregas y esta es la primera.

Tiene el control de cartera reproducido en tres capturas, con las columnas de coste de rehabilitación previsto y valor de producción estimado puestas una al lado de la otra y con la resta marcada en amarillo.

Tiene la nota uno del pie de página, la que dice que el coste de rehabilitación deja de imputarse a partir de la validación.

Tiene el índice de perfil de rendimiento y tiene el memorándum de 2032 entero, las tres páginas, con la cabecera de reenvío que dice se adjunta para archivo .

Tiene el testimonio de dos exempleadas de Zaragoza que hablan sin nombre y el de una graduada de Manresa que habla con el suyo.

Y tiene a Yaiza Preciado Sanjuán.

Con nombre, con dos apellidos, con la fecha de su vinculación, con la fecha de la continuidad que dice haber firmado y con las dos fechas que no encajan.

Es el único caso del reportaje en el que la documentación de la empresa dice una cosa y la mujer que la desmiente puede ser localizada, y por eso está, y por eso lleva nombre.

Yaiza Preciado Sanjuán está en la planta uno, sector B, unidad doscientos siete, desde el veintiocho de junio a las once y cincuenta y dos de la noche, y no ha podido leer ese reportaje ni decir si quería salir en él.

En la tercera parte, al final, hay dieciséis líneas que no llevan titular y que están puestas donde se ponen las cosas que no se pueden afirmar.

En los seis días anteriores a la notificación del auto de conservación —dictado el 1 de julio—, Ardèvol Bienestar autorizó veinticuatro purgas documentales de archivos de atención al donante correspondientes a expedientes de 2029.

Todas ellas se ejecutaron dentro del plazo legal de conservación de siete años y, por tanto, de forma regular.

La compañía no ha querido precisar a este periódico cuántas de esas veinticuatro correspondían a contactos registrados dentro de la ventana de revocación.

Este periódico ha solicitado sin éxito una entrevista con la actual dirección del servicio de Vinculación del centro de Valdemoro-Norte, nombrada con efectos del 1 de julio.

La compañía difundió dicho nombramiento el 29 de julio en una nota de prensa que reproducía, sin autorización de su autora, la carta manuscrita de una donante.

Sin autorización de su autora.

Eso es lo único de todo el reportaje que va dirigido a mí, y lo entiende una sola persona en España, y esa persona soy yo.

Hay una foto de Yaiza en la segunda entrega.

Es de 2032 y es de un cumpleaños. Está en un bar, de pie, con una camiseta de tirantes y con el pelo suelto, riéndose de algo que ha dicho alguien que no sale, y tiene los dos incisivos enteros.

La ha dado su hermana.

Rebeca Preciado Sanjuán habla en el reportaje con su nombre y con dos apellidos.

Dice que su hermana la llamó desde el autobús el día que fue a firmar, que ella no la acompañó y que se lo va a preguntar el resto de su vida.

Dice que en marzo de 2034 dejó de venir a las visitas porque no lo aguantaba.

Dice que en septiembre de 2034 recibió una carta certificada diciendo que su hermana había firmado la continuidad, que se la creyó, y que cuando su hermana apareció en su portal un martes con una bata y unas zapatillas de papel le dijo que se fuera.

Eso lo dice en el reportaje, con su nombre. Que le dijo que se fuera.

Y luego dice que el veintiocho de junio, a las once y media de la noche, su hermana entró otra vez por la puerta tres por su propio pie y que ella se enteró tres días después por una carta.

A las nueve y media me llama Herminia.

—¿Lo has leído?

—Entero.

—Hay reunión a las once por vídeo. Dirección, comunicación, los abogados y tú.

—¿Y yo por qué?

—Porque diriges un servicio.

La reunión dura una hora y cuarenta minutos. Los abogados hablan cincuenta. Comunicación propone tres líneas y la tercera dice que la compañía «colabora activamente con la autoridad judicial», que es la frase que dicen todas las empresas de este país el día que les sale una cosa en portada.

Herminia habla dos veces. La primera para decir que ni una palabra sobre el memorándum, porque el memorándum es de la casa y es auténtico y negarlo sería la única manera de que el asunto empeorase.

La segunda para decir que se prepare un informe de las veinticuatro purgas con fechas, motivos y firmantes, y que se prepare hoy.

Yo no digo nada en una hora y cuarenta minutos.

Al terminar me quedo un rato con el portátil abierto y la videollamada ya cerrada.

Pilar me escribe a las tres de la tarde, a mí sola.

oye. lo de la planta 2 tú lo sabías?

No.

yo tampoco. llevo 6 años bajando a fumar con nati y no lo sabía

Nati tampoco lo sabe.

ya. eso es lo que me tiene mal

Veinticuatro purgas en seis días. No es una anomalía: es lo que pasa siempre en la última semana de junio, porque las llamadas de junio de 2029 cumplen siete años en junio de 2036 y porque en junio de 2029 se firmó lo que se firmó.

Veintitrés de esas veinticuatro se ejecutaron solas, el día que vencían, sin que las tocara nadie.

Una la confirmó una profesional, dos días antes, a las siete y cuarenta y uno de la tarde de un sábado.