Capítulo 60
La foto es el jueves diecisiete a las once de la mañana.
Viene un fotógrafo de una agencia con dos maletas y un paraguas plegable enorme, y una chica de comunicación que se llama Sandra y que ha venido desde la sede de Madrid en Cercanías y llega sudando.
Montan en el hall, delante del panel de la campaña.
—A ver, Nuria. Ponte aquí. Hombro un poco girado. Eso.
—¿Así?
—Menos sonrisa. Es que esto es institucional. —El fotógrafo mira la pantalla—. Otra vez. Ahora sin sonreír nada.
—¿Nada?
—Nada. Tú piensa en algo neutro.
Cuarenta minutos para cuatro fotos.
En el descanso, Sandra saca una libreta.
—Necesito dos o tres líneas de trayectoria. Para la nota.
—Enfermera desde 1991. En la casa desde 2027, en el ensayo de latencia. Nueve años en vinculación.
—Perfecto. ¿Y algo… más humano?
—¿Como qué?
—No sé. Alguna cosa que te haya marcado. —Levanta la vista—. Mira, te lo digo de otra manera: yo tengo aquí una nota de dirección que dice que en junio detectaste un error en el cálculo de un vencimiento y que gracias a eso una donante salió del programa. Eso es oro.
—Eso no lo detecté yo.
—Aquí pone que sí.
—Pues aquí pone mal.
Sandra apunta algo y no borra nada.
—Vale. ¿Y me puedes contar el caso?
—No.
—Sin nombres.
—No.
—Vale, vale. —Cierra la libreta—. Si acaso lo hablo con dirección.
A las doce quieren una segunda tanda en la sala dos.
—Es que el hall es muy frío —dice el fotógrafo—. Y ahí tenéis un sitio con luz cálida y con sillones. Eso vende.
Bajamos. Abro la sala dos, enciendo, y antes de que entren cojo la jarra y el vaso de la mesa baja y los llevo al office, porque la jarra y el vaso son de la candidata.
Vuelvo y me siento en mi sillón, que no es mi sillón: es el que uso yo, que es el que está de espaldas a la ventana para que la luz le dé a la otra.
Me sientan en el otro.
—Es que la luz —dice el fotógrafo.
—Ya.
Hacen dieciocho fotos. En la última me pide que ponga las manos una encima de otra sobre las rodillas.
Se van a la una y cuarto.
A la una y media, en el office, Quique me pregunta si me han hecho poner cara de jefa.
—Me han hecho poner cara de nada.
—Eso es la cara de jefa.
Pilar sube a las dos con un paquete de rosquillas de una pastelería de Getafe.
—Toma. Y no me digas nada.
—Pilar.
—Que no me digas nada. —Deja el paquete en la mesa—. Que llevo desde el uno queriendo subir y no subía porque decía anda, la mujer estará liada, y hoy he dicho pues subo.
—Siéntate.
—Dos minutos, que tengo a las dos y media.
Se sienta en la silla de las visitas, mira las tres cajas de Elvira, que siguen ahí, y mira el rectángulo claro de la pared.
—Te lo tienen que pintar.
—En agosto.
—Eso dicen siempre. —Coge una rosquilla ella—. Oye, Nuria. Que me alegro mucho. Pero mucho, ¿eh. Que llevo seis años sentada a metro y medio y que si se lo dan a otra me da algo.
—Gracias.
—Y que eres la única de esta casa que se sabe los nombres.
—Todas nos sabemos los nombres.
—Todas no —dice—. Tú mandas trescientas postales en Navidad.
Se come la rosquilla en tres bocados y se levanta.
—Ah, y ahora que eres jefa: lo del refuerzo de las tardes.
—Ya lo he pedido.
—¿Ya?
—El martes.
—Joder. —Se para en la puerta—. Voy a tener que buscarme otra cosa de la que quejarme.
A las cuatro me llama Sandra desde el tren.
—Nuria, perdona. Es que dirección me ha pasado el detalle del caso de junio.
—Ya.
—Y hay una nota manuscrita.
—¿Qué nota manuscrita?
—Una nota que te mandó la donante. Está escaneada en el expediente de comunicación interna. —Se oye el tren—. Es preciosa, ¿eh. Yo la he leído y se me ha puesto la piel de gallina.
Yo esa nota la tengo en el cajón de mi mesilla, en su sobre.
Y la copia que hay escaneada es la de recepción, la que hicieron cuando llegó sin remite, antes de reenviármela al 3.04.
—Sandra, esa nota es de una paciente.
—Ya, pero no lleva apellidos.
—Lleva un nombre.
—Ponemos «una donante». Sin nombre. —Pausa—. Nuria, esto lo ha visto dirección y le encanta.
—Ya.
—Entonces vale, ¿no?
Noe me escribe a las cinco.
Nuria, ¡me han pasado las fotos y estás guapísima! 💛 Va la del hall para la intranet y la de la sala para la nota de prensa. Sale a final de mes. ¿Le echas un ojo antes o te fías?
Me fío.
¡Mejor! Un beso.
El resto de julio es julio.
Hace cuarenta grados diecisiete días seguidos. Se rompe el aire acondicionado del hall un martes y lo arreglan el jueves y durante dos días recepción trabaja con dos ventiladores de pie y la puerta abierta.
Firmo la bandeja todos los días entre las ocho y las nueve.
Bajo a la sala dos tres veces por semana, porque la jefatura no me quita las vinculaciones y porque no quiero que me las quite.
Peleo el refuerzo y me lo dan a partir del quince de septiembre.
Cambio el cuadrante de la dos y Nati me manda un mensaje que dice ERES LA MEJOR en mayúsculas.
Bruno recupera una palabra el diecinueve, cuñada , y se ríe él solo veinte minutos porque le sale a la primera después de cuatro años diciendo cuña.
El colchón antiescaras del −3 llega el veintitrés.
El veintiocho, Sandra me manda la nota de prensa para que le eche un ojo, aunque le dije que me fiaba, porque es de las que lo mandan igual.
La abro en el móvil a las diez de la noche, en la cocina, y la leo entera de arriba abajo.
En el tercer bloque, dentro de un recuadro gris, con la tipografía que usan para las citas, están las siete líneas.
Han quitado dos y han puesto tres puntos en medio.
No contesto el correo.
El dosier sale el veintinueve.