El Tratamiento Capítulo 57
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Capítulo 57

Once son de firma. Dos son de Personas y Cultura. Uno es de mantenimiento diciendo que lo de pintar el despacho lo apuntan para agosto y que no me lo garantizan. Y hay uno de comunicación, de la sede, pidiendo fecha para una fotografía.

Contesto los once y dejo los otros.

Por la tarde, en el buzón de casa, entre la factura de la luz y un folleto de una clínica dental, hay un sobre blanco pequeño escrito a mano.

ARDÈVOL BIENESTAR — VALDEMORO Para NURIA, la enfermera de vinculación.

Tiene un sello de un euro con veinte y matasellos de Alcorcón del miércoles dos. La letra del sobre es redonda y rápida, de gente joven, y ha escrito la dirección entera mirando algo, porque el código postal está bien.

Bruno ha subido el correo del buzón y lo ha dejado en la mesa de la entrada, en el montón, como siempre, y ha puesto el folleto de la clínica dental encima porque el folleto lleva una foto de un señor con una sonrisa que le hace gracia desde hace tres meses.

Está reenviado. Encima del sobre original hay una etiqueta de la casa con mi nombre y con el 3.04, puesta por alguien de recepción, y una nota a lápiz que dice «no lleva remite».

Se lo han mandado a mi despacho y me lo he traído a casa en el bolso sin abrirlo, con la solapa metida por dentro y sin pegar.

Lo abro en la cocina de pie.

Dentro hay media hoja de papel pautado, de cuaderno, arrancada por arriba, con la letra en mayúsculas enormes, torcidas, cada palabra un poco más abajo que la anterior, escritas apretando mucho.

NURIA

LA ENFERMERA DE ENERO

ME AN DICHO QUE USTED VIO EL ERROR

GRACIAS

TENGO 2 HIJAS ALICIA Y NOA. NOA AORA TIENE 12

NO ME ACUERDO DE CASI NADA PERO ME ACUERDO DE QUE USTED ME DEJO LLAMAR POR TELEFONO

~~PERD~~ ESTOY MEJOR

DELIA

La leo dos veces, de pie, con la puerta de la calle todavía abierta.

Luego la cierro con el pie y la leo otra vez sentada.

La palabra tachada la ha tachado ella con cuatro rayas encima, hasta romper un poco el papel, y debajo se lee PERD y una letra empezada que puede ser una O.

La letra no es la misma.

La de la hoja de admisión de enero de 2035 era pequeña, apretada, bien hecha, de las que caben tres líneas y media en un recuadro de seis y no se salen.

La de este papel son mayúsculas de diez milímetros que se caen hacia la derecha y que empiezan a la mitad del renglón porque la mano no encuentra el margen.

En dieciocho meses una mujer pierde la letra. Eso lo sabía y no lo había visto nunca puesto uno al lado del otro.

Lo de las hijas está escrito porque no sabe qué más poner y porque cuando uno no sabe qué poner pone lo que tiene.

Y lo de Noa está mal. Noa tenía once años cuando su madre entró y ahora tiene trece, porque cumple en abril, y eso lo sé porque está en la página uno del expediente.

Delia se ha quedado en enero de 2035 y ha sumado uno, que es lo que se hace cuando se despierta uno y no sabe cuánto tiempo ha pasado.

Trece. En un año y medio, a esa edad, una niña cambia entera.

Y lo del teléfono es verdad.

No me acuerdo de Delia Cambra Vilanova. No me acuerdo de su cara, ni de su voz, ni de si venía sola o acompañada, ni de si lloró en la cuatro o en la seis o en ninguna. He mirado su expediente cuatro veces en cinco semanas y no me ha venido nada.

Pero lo del teléfono lo hago yo. Lo hago desde 2029.

Cuando una mujer llega a la página siete y dice que se le ha olvidado avisar a alguien, o que quería decirle una cosa a su hermana, o que su padre no sabe nada, yo le doy el teléfono de la sala y salgo al pasillo y cierro la puerta y espero fuera lo que haga falta.

Eso no está en ningún protocolo y no lo puede ver nadie, porque las llamadas hechas desde el fijo de la sala dos no se graban.

O sea que el tres de enero de 2035, en una sala con la calefacción rota, yo salí al pasillo y me quedé de pie mirando la gotera del cubo mientras una mujer de treinta y nueve años llamaba a alguien.

Y ella se acuerda de eso y no se acuerda de nada más, y me lo escribe con la mano que le funciona a medias tres días después de despertarse.

Cinco minutos de pasillo en 2035.

Yo lo hago con todas. Lo hice el diecinueve de mayo con Marisol Tejera, que no lo pidió pero que quería dejar una carta, y lo hice el diez de junio con una señora de Valdemoro que tenía a la hija fuera con el móvil, y lo hice el treinta de junio a las once y media con Antonia Ferrán, que no llamó a nadie porque no tenía a quién.

Lo que no dice la nota es ninguna otra cosa.

No dice que esté agradecida a la empresa, ni que quiera saber qué pasó, ni que vaya a reclamar nada.

No pregunta cuánto tiempo estuvo. No pregunta por su padre, y su padre tenía ochenta y un años en 2035 y un alzéimer de grado tres, y ella todavía no lo sabe o lo sabe desde hace tres días.

Doblo el papel por donde estaba doblado y lo meto otra vez en el sobre.

Y hay una cosa que hago y que no sé muy bien por qué la hago, que es abrir el expediente en el móvil y mirar la fecha.

3 de enero de 2035. Vinculación. V-011. Duración de la entrevista: cincuenta y dos minutos.

Cincuenta y dos. El máximo del protocolo son cuarenta y siete.

Cinco minutos de más. Eso es exactamente lo que se tarda en salir al pasillo, esperar a que alguien termine de hablar por teléfono y volver a entrar.

Cierro el móvil.

Subo al cuarto, abro el cajón de la mesilla y lo dejo dentro, encima de la caja de plástico donde está el certificado impreso, el de las cuatro cláusulas, que me imprimieron en el office el martes porque lo pedí.

Cierro el cajón. Lo vuelvo a abrir, saco el sobre, le meto la solapa por dentro para que quede cerrado y lo dejo otra vez.

Bajo a hacer la cena. Bruno está en el sofá con un documental de la presa de Susqueda que ya ha visto, y a media cena me dice que en Susqueda hay un pueblo debajo del agua y que cuando baja el nivel se ve el campanario.

—¿Y eso es verdad?

—Sale la foto.

—Pues será verdad.

—Es verdad —dice—. Lo que pasa es que la foto es de 2008 y ahora ya no baja tanto.