El Tratamiento Capítulo 52
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Capítulo 52

El domingo entro a las seis de la tarde, porque Buiría me dejó dos papeles para firmar y porque mañana a las dos es el cierre y esta casa el fin de semana del cierre parece un martes.

Hay gente en la uno, hay gente en la dos, hay dos coches de administración en el aparcamiento de visitas y hay un chico de sistemas que no conozco comiéndose un táper en el hall.

Firmo los dos papeles. Uno es el acta de la actuación de purga y el otro es la aceptación del nombramiento, con efectos uno de julio.

Y luego, antes de bajar, entro en el archivo de vinculación y escribo el número.

20290627041-M.

Sin resultados para el criterio indicado.

Y luego busco por el otro lado, por si acaso, porque el archivo de vinculación se puede filtrar también por fecha de contacto.

Filtro por 29 de junio de 2029. Sale una llamada de las 18:40, de un señor de Móstoles preguntando por la asignación, tipificada como uno.

Solo esa.

Cierro.

En el office está Noe, de Personas y Cultura, con unas zapatillas blancas y una coleta alta y una carpeta de anillas, sacando un café de la máquina.

—¡Anda! —dice—. Justo tú.

—¿Trabajando un domingo?

—Es que el cierre me genera las tareas de personal y hay que cerrarlas antes. —Se aparta para que llegue a la máquina—. Y yo el lunes libro, así que o lo hago hoy o lo hago el martes y el martes es un caos.

Le doy al botón del café solo.

—Oye, que tengo lo tuyo aquí —dice, y abre la carpeta.

Dentro, sujeta con un clip a una hoja impresa, hay una cuenta roja del tamaño de un guisante, con el orificio pasante y con el pequeño casquillo dorado.

—¿Te la pongo?

—Ponla.

Dejo el café, me quito el reloj y estiro la muñeca izquierda encima de la mesa del office, la de la pata calzada con el cartón.

Noe se sienta enfrente y la engarza. Hay que abrir el enganche con la uña y meterlo por el orificio y volver a cerrarlo, y a ella no le sale a la primera.

—Estas son de silicona y no dan de sí —dice—. La de la Casanovas se me rompió en marzo y tuve que pedir pulsera nueva.

—Ya.

—¿Tú sabías que estas las hacen en Portugal?

—No.

—Pues sí. Y las cuentas en otro sitio. —Aprieta con el pulgar—. Ay, va. Ya.

Clac.

Doce.

—A ver, ponla derecha. —Me gira la muñeca y coloca la última en fila con el dedo—. Ya está. Qué bien queda.

—Gracias.

—Y enhorabuena, ¿eh. Que la doce es la buena.

—¿La doce es la buena?

—La doce es la que consolida —dice, muy natural, cerrando la carpeta—. A partir de ahí ya no depende de nada. Lo pone en el reglamento, que me lo tuve que leer entero en enero para una consulta y no veas.

—Ya.

—O sea que ya no te puedes ir. —Se ríe—. Es broma. Es al revés: ahora es cuando te podrías ir.

Coge su café.

—Oye, ¿tú al final qué quincena tienes en agosto?

—La segunda.

—Yo la primera y me voy a Cambrils con mi madre y con mi tía. —Pone los ojos en blanco—. Diez días con las dos. Diez.

—Suena bien.

—Suena a hotel de media pensión —dice—. Bueno, que me voy, que me quedan seis tareas. ¡Enhorabuena otra vez!

Se va con el café y con la carpeta.

Yo me quedo en el office cuatro minutos más, de pie, con el café que ya no quiero.

Desde aquí se ve el pasillo de vinculación y se ve la puerta de la sala dos, que está abierta porque los domingos la dejan abierta para ventilar, y se ve el trozo de moqueta gris donde apoya los pies la gente que se sienta enfrente de mí.

Tiro el café en el fregadero y el vaso en la papelera, bajo al aparcamiento y me voy a casa.

Llego a las siete y media. El certificado actualizado me llega al correo a las ocho y cuatro.

Certificado de cobertura de dependientes — actualización por consolidación. Titular: Belmonte Sanz, Nuria. Beneficiario: Belmonte Sanz, Bruno. Modalidad: CONSOLIDADA.

Lo abro en el portátil de casa, en la mesa de la cocina, con la carpeta azul al lado y sin abrirla.

Punto cuarto. Modalidad consolidada.

4.1. Alcanzados doce (12) reconocimientos por consolidación preferente, la cobertura del beneficiario designado adquiere carácter definitivo e irrevocable.

4.2. La cobertura consolidada es independiente del mantenimiento del vínculo laboral del titular con la entidad. Su vigencia no se verá afectada por la extinción de dicho vínculo, cualquiera que sea la causa, ni por la apertura, tramitación o resolución de expedientes de cualquier naturaleza.

4.3. La entidad garantiza mediante reserva material una provisión de producto suficiente para veinticuatro (24) meses de pauta del beneficiario, disponible desde la fecha de consolidación e independiente de la disponibilidad general de la red.

4.4. La cobertura consolidada no es revisable, minorable ni compensable.

Lo leo entero.

Lo leo otra vez y esta vez leo despacio el cuatro punto dos, palabra por palabra, buscando la parte que tiene que estar y que en todos los documentos de esta casa está siempre: la coletilla.

El salvo . El sin perjuicio de . El paréntesis que dice que en caso de despido disciplinario procedente esto no aplica.

No está.

Lo leo una tercera vez desde el principio, las cuatro cláusulas, y bajo hasta el pie, donde están las notas en cuerpo siete, y ahí tampoco está.

Son las ocho y veinte.

Abro el portal de empleada, entro en el aplicativo de personal y busco en el desplegable de solicitudes.

Está la sexta, entre permiso no retribuido y jubilación parcial .

Baja voluntaria.

Le doy. Se abre un formulario con cuatro campos: fecha de efectos, motivo (opcional), observaciones y una casilla de conformidad con el preaviso de quince días.

Lo miro un rato.

Lo cierro sin rellenar nada. No me pregunta si estoy segura, porque no he escrito nada, así que se cierra y ya está.

Y luego hago la cuenta, que es la que llevo sin hacer desde las ocho y cuatro.

Veinticuatro meses de reserva material. Doce infusiones al año, veinticuatro dosis garantizadas, disponibles desde hoy e independientes de la disponibilidad general de la red.

Si mañana esta casa cierra, si el juzgado interviene, si suspenden Hilo® y se cae el suministro entero, Bruno tiene producto hasta junio de 2038.

Y en junio de 2038 se verá, que es lo que llevo diciendo siete años y que hasta hoy nunca había podido decir con dos años por delante.

Bruno baja a las nueve a por agua y me ve con el portátil.

—Papeles.

—Papeles.

Se sirve. Se para en la puerta.

—Te falta una.

—¿Qué?

—Ahí. —Señala la muñeca con el vaso—. Las bolitas. Que había once.

—Ahora hay doce.

Se queda mirándolas desde donde está, que es a dos metros, y no se acerca.

—¿Eso es bueno?

—Sí.

—Vale.

Y sube.

A las nueve y media apago el portátil y me tumbo en el sofá a ver el final de una película empezada, y a las diez menos algo me duermo con la ropa puesta, con los pantalones del trabajo y con la pulsera, y me despierto a las tres y media con la tele encendida y el mando en el suelo y no subo.