El Tratamiento Capítulo 50
78%

Capítulo 50

Salgo del edificio a las ocho menos cuarto. Buiía se ha ido antes con la bolsa de pádel y en el aparcamiento quedan tres coches.

Llego a casa a las ocho y veinte.

Bruno ha hecho la cena, que consiste en calentar lo de ayer y poner la mesa, y lo ha puesto todo del revés, con los tenedores a la derecha, porque lo pone con la izquierda y le da igual.

—¿Qué tal el trabajo?

—Bien.

—¿Un sábado?

—Ya te lo he dicho. El cierre.

—¿Y qué es el cierre?

Y me lo pregunta de verdad, comiendo, sin más intención que la de preguntar, porque en siete años yo le he contado lo que hago cuarenta veces y nunca le he contado esto.

—Es cuando se cierran las cuentas del trimestre. Los ingresos, las bajas, los plazos. Todo lo que vence de julio a septiembre se procesa el lunes.

—¿Y tú qué haces?

—Yo firmo papeles.

—Vale.

Cenamos. Me cuenta que la tapa del tambor de la persiana del salón lleva un tornillo que no es del tambor, que es de otra cosa, y que quien lo puso lo puso mal, y que él lo ha dejado igual porque funciona.

—Si funciona, no lo toques.

—Eso digo yo.

Recogemos. Pongo el lavavajillas y le doy al programa corto, que dura una hora y diez.

Antes de subir se para en la puerta de la cocina.

—Mamá.

—Qué.

—El lunes es el análisis.

—A las ocho y media. Está en el calendario.

—Ya lo sé. Lo digo por la… —chasquea— por la cena. Que no cene.

—A partir de las doce nada.

—Vale.

Bruno sube a las nueve y veinte.

A las nueve y veinticinco subo a mirar si ha bajado la persiana del cuarto y la ha bajado, y en el pasillo, al pasar, veo el altillo del armario cerrado y con el nórdico de invierno dentro y la urna detrás.

A las nueve y media me siento en la mesa de la cocina con el móvil y abro el correo de la empresa, que está en el móvil desde 2031 porque en 2031 nos dijeron que lo pusiéramos y todo el mundo lo puso.

Escribo la dirección en la barra: [email protected].

Y luego me quedo dos horas.

Podría haberlo hecho a las nueve y media.

Podría hacerlo mañana a las siete de la mañana, o el lunes a las ocho, y Herminia me lo dijo con esas palabras: hoy, mañana o el lunes por la mañana.

No hay ningún reloj encima de esto. El reloj está encima de la otra cosa, la del lunes a las dos, y esa la firma ella.

O sea que estas dos horas no son de plazo. Son mías.

No son dos horas de estar pensando. Son dos horas de estar. Termina el lavavajillas y no lo abro. Se enfría la cocina y no me muevo. A las diez y cuarto miro un vídeo de una mujer que enseña a doblar sábanas bajeras y lo miro entero, tres minutos y cuarenta segundos, y luego vuelvo al correo.

A las diez menos cuarto abro el buscador del móvil y escribo «calle Godella 27 Villaverde Alto» y sale el mapa, y sale la foto de la calle de hace tres años, con el local todavía con el rótulo entero: PELUQUERÍA MARISA, en letras rojas.

Marisa.

Cierro el mapa.

A las diez y diez escribo el asunto.

Localización de donante con incidencia externa abierta — expte. 20330406114-K

Y luego escribo el cuerpo, y lo escribo como escribo yo, que es la única manera que tengo.

Se comunica la localización de la donante Preciado Sanjuán, Yaiza, expediente 20330406114-K, con incidencia externa abierta desde 09/2034.

Ubicación: calle Godella, 27, Villaverde Alto (Madrid).

Local comercial en planta baja, a la derecha del portal, sin número de local.

Cierre metálico bajado a media altura; se accede agachándose por debajo.

Antiguo local de peluquería, con rótulo de vinilo despegado y cartel de «se traspasa» de 2034 pegado por el interior del cristal.

El portal del número 27 no tiene código. El del 25, contiguo, sí lo tiene y es 1974.

Eso lo sé porque el domingo me lo dijo ella, riéndose, contándome que el vecino del veinticinco le deja llenar la garrafa cuando se queda sin agua y que el código es el año en que nació el hombre.

Horario: permanece en el local la mayor parte del día. Los martes y los viernes, de 07:30 a 11:30 aproximadamente, trabaja limpiando dos escaleras en Usera.

Situación clínica: presenta infección de puerto subclavio derecho, en tratamiento con clindamicina 300 mg/8 h desde el 20/06. Le quedan cuatro dosis. Se objetivó linfangitis el 20/06, resuelta el 25/06. Requiere valoración del reservorio a su ingreso.

Belmonte Sanz, Nuria. Enfermera de vinculación. Acreditación V-011.

Lo leo entero una vez.

Y luego añado una línea que no me ha pedido nadie, en el bloque clínico, al final:

Se recomienda que la valoración del reservorio se realice antes de retirar la pauta antibiótica en curso.

Eso es correcto. Lo escribiría igual en una entrega de turno un martes por la mañana, y si alguien lo lee y lo hace, esa mujer no se pone mala en agosto.

Vuelvo arriba y quito una frase.

Había puesto, después de lo del código del portal, esto: se recomienda no acceder en horario nocturno .

Lo había puesto porque es verdad y porque de noche esa calle no tiene ni una farola encendida en el tramo de los locales cerrados, y lo quito porque una recomendación en un correo mío empieza a parecerse a otra cosa.

Está todo bien. La dirección es la dirección, el código es el código, el horario es el horario y la pauta es la pauta, y no hay una sola palabra de más ni una sola de menos, y cualquiera que lo lea sabe exactamente adónde ir, cuándo ir y qué se va a encontrar cuando llegue.

Son las diez y catorce.

Envío.

El correo tarda menos de un segundo.

Hay una notificación de entrega porque las direcciones funcionales la tienen puesta, y llega a los cuatro segundos, y dice que el mensaje se ha entregado en la bandeja de atención familiar reingresos a las 22:14:07.

Me quedo con el móvil en la mano y con la pantalla apagándose sola a los treinta segundos, y la vuelvo a encender, y se vuelve a apagar. En enviados está, con la hora y con el destinatario, y lo abro y lo vuelvo a leer.

Abro el lavavajillas para que salga el vapor. Los vasos están arriba, como los pone él.