El Tratamiento Capítulo 48
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Capítulo 48

—Ahora hablo yo.

—Habla.

—Tú me estás cambiando una mujer por otra.

—Yo te estoy resolviendo una incidencia externa abierta y sacando del lote un expediente cuyo vencimiento cae fuera del trimestre —dice—. Y sí. También es lo que has dicho tú.

No lo niega. Es lo peor que podría hacer y no lo hace.

—Te voy a enseñar los números, porque los números los tengo y porque creo que te los debo.

Gira la pantalla treinta grados. No lo suficiente para que yo lea del todo, lo suficiente para que vea que hay dos filas.

—Cambra Vilanova. Rendimiento medio cero coma noventa y uno.

Coste de rehabilitación previsto, treinta y un mil cuatrocientos.

Preciado Sanjuán, rendimiento uno coma treinta y uno, sin coste de rehabilitación previsto porque su contrato está convertido desde 2034.

—Vuelve la pantalla—. Con la primera pierdo ciento nueve mil euros.

Con la segunda recupero un activo que llevo veintiún meses arrastrando sin conciliar y que me tiene una línea en amarillo en todos los cierres.

—Y eso es lo que es.

—Eso es lo que es.

—Herminia, ¿tú te oyes?

—Todos los días —dice—. Y con eso no me estás diciendo nada nuevo.

Se levanta y se pone delante de la ventana, con el aparcamiento de visitas detrás.

—Voy a decirte tres cosas que no le digo a la gente de fuera porque de fuera nadie las quiere oír.

—Dilas.

—La primera. La rehabilitación de dieciocho meses no es un regalo.

Es cuatro meses encamada, seis de andador, la deuda otra vez encima y una tasa de reingreso en el programa del cuarenta y uno por ciento en los tres años siguientes.

Ese número lo tengo yo y no lo publica nadie.

Cuando yo saco a Delia Cambra el lunes, hay una probabilidad de dos entre cinco de que Delia Cambra vuelva a firmar en 2039.

—Eso no la convierte en tuya.

—No. Pero convierte en mentira la idea de que abrir esa puerta es abrir una puerta a la calle. Es abrirla a un pasillo.

—¿Y la segunda?

—La segunda es que yo no puedo abrir esa puerta.

Se gira.

—Yo no puedo abrir esa puerta. Puedo abrir esta.

Y no lo dice con dramatismo. Lo dice como quien enumera lo que hay en un almacén.

—Yo no puedo parar el lote, Nuria. No porque no quiera: es que no está en mi mano.

El lote lo procesa un archivo que se genera con los vencimientos, y cada vencimiento tiene detrás un consentimiento firmado en su día, y para no procesarlos habría que anular treinta y ocho continuidades y eso lo tendría que aprobar un consejo que no lo va a aprobar, y aunque lo aprobara habría treinta y ocho rehabilitaciones simultáneas que esta casa no tiene ni camas ni personal para hacer, y si las hiciera se cae el suministro de este trimestre y lo que hay al otro lado del suministro ya lo sabes tú mejor que yo.

—Nueve mil ciento ochenta.

—Nueve mil ciento ochenta. —Vuelve a la silla—. Y sí, la mitad de lo que financia esas nueve mil pautas viene de que hay señoras en Chamberí pagando dos mil euros por cuatro hilos dorados. Sin lujo no hay margen. Eso también es verdad y también me lo tengo que tragar todos los días.

—Y yo llevo cuatro puestos desde el martes.

—Y yo llevo seis desde marzo —dice, sin defenderse—. Y me los pongo yo misma en el espejo del baño porque me da vergüenza pedir cita.

Se sienta.

—Y la tercera. Yo me llamo Herminia Ardèvol y esto lo monté yo, y dentro de treinta años esto va a estar en los libros de la manera en que están otras cosas.

Lo sé perfectamente. Lo pienso más veces de las que te imaginas.

Y lo sigo haciendo porque desde esta mesa lo que veo al otro lado es peor, y a lo mejor me equivoco, y si me equivoco me habré equivocado con mil trescientas cuarenta mujeres.

—Mil trescientas cuarenta hoy. Nueve mil ciento seis desde 2029.

—Nueve mil ciento seis —dice, sin preguntarme de dónde he sacado el número—. Sí.

—Y con una que se llamaba Fermina Olalde.

Levanta la cabeza.

—La primera del ensayo —digo—. Que era de Tudela y que traía un termo.

—Ochenta y cuatro días —dice—. Y salió andando y vivió once años más.

—Y de eso te acuerdas.

—De esa me acuerdo, de la segunda me acuerdo y de la tercera me acuerdo. —Se coloca la taza—. De las mil trescientas cuarenta no me acuerdo, y eso es exactamente el problema, y lo sé desde 2031.

Nos quedamos calladas.

—Necesito veinticuatro horas —digo.

—Te las doy. Mañana a esta hora.

—Vale.

—Pero eso es lo que yo te doy, no lo que hay.

—Se levanta para acompañarme—. El archivo del lote se genera el lunes a las dos de la tarde y lo genera el sistema.

Para que Cambra Vilanova no esté dentro, la revisión de su expediente tiene que estar firmada antes.

Y lo de la purga tiene que estar hecho antes del veintinueve, porque el veintinueve se purga solo y una purga automática no se autoriza: se produce.

Y si la conservación cautelar nos entra antes, ya no se purga nada, ni sola ni con tu firma.

—O sea que no son veinticuatro horas.

—Son veinticuatro horas —dice—. Lo que pasa es que después de las veinticuatro horas quedan pocas cosas.

—Herminia.

—Dime.

—¿Y si mañana te digo que no?

Se para con la mano en el picaporte.

—Si mañana me dices que no, el lunes a las dos se procesan treinta y ocho, la grabación se purga sola el veintinueve sin que la firme nadie y ese archivo lo va a ver un juzgado con tu nombre dentro.

Y tú sigues aquí, en la sala dos, con once cuentas y con el plan renovándose por trimestres, hasta que se resuelva el expediente, que se resolverá.

—¿Y Yaiza?

—Yaiza está en un local sin luz y sin agua caliente con un puerto que se le va a volver a infectar en agosto. Eso pasa igual, digas lo que digas mañana. Eso es lo único de las cinco cosas que no depende de ti.

Abre la puerta.

—Y Delia Cambra se procesa el lunes a las dos —dice—. Eso sí depende.

—Una última cosa —dice, ya en el pasillo—. Mañana es sábado y yo estoy aquí a las cuatro y media. Si vienes, sube directa. No hace falta que te anuncies en la tres.

—Vale.

—Y si no vienes, tampoco pasa nada. —Se coloca las gafas en la cabeza—. Es decir: pasa todo lo que te he dicho, pero conmigo no pasa nada. El lunes te sigo diciendo buenos días.

Salgo a las cinco y veinte.

En el aparcamiento de visitas hay un coche intentando aparcar en batería y no le sale.