Capítulo 47
—Te voy a dar cinco cosas —dice—. Van juntas. No hay una lista de la que se puedan coger tres.
—¿Y si cojo tres?
—Si coges tres no coges ninguna, porque las cinco son la misma cosa vista por cinco sitios. —Se sirve más café—. Y te lo digo antes de empezar para que no perdamos veinte minutos negociando lo que no se negocia.
—Vale.
—Una. Cambra Vilanova, Delia. Unidad 1A-041.
Y ahí me quedo quieta, porque ese nombre no lo he escrito yo en ningún papel de esta casa desde que me lo dijeron en un coche a las doce y cinco de la mañana del treinta de mayo.
—El lunes, cuando se genere el archivo del lote, esa unidad no va a estar dentro.
Se detecta un error en el cálculo del vencimiento, se saca del lote, se le tramita retirada voluntaria y baja a rehabilitación.
Cuatro meses encamada, ocho de recuperación y a su casa con la deuda cancelada, que eso no se toca porque ya está imputado desde 2035.
—¿Y el coste?
—Treinta y un mil cuatrocientos de rehabilitación y setenta y ocho mil de producción que no vamos a tener. —Se encoge de hombros—. Ciento nueve mil, redondeando. Lo firmo yo el lunes por la mañana.
—Vale.
—Dos. Preciado Sanjuán, Yaiza. Unidad 1B-207.
—Herminia.
—Déjame terminar las cinco y luego hablas todo lo que quieras.
Espero.
—Esa mujer lleva veintiún meses fuera con una incidencia externa abierta y con un puerto que se le va a infectar otras cuatro veces.
La cuarta la mata. Tú lo sabes mejor que yo, que se lo has visto.
—Junta las manos otra vez—. Vuelve como reingreso voluntario.
Firma, entra, se le trata la infección arriba en la uno, y a partir de ahí está dentro y está bien.
—Está dentro.
—Está dentro.
—¿Y quién se lo va a proponer?
—Atención familiar, con un impreso, en la puerta tres. Como todo el mundo.
—Ya.
—Y para que vuelva hay que saber dónde está.
—Sí.
—Y eso lo sabes tú, o no lo sabes.
—Eso lo sabes tú —dice.
Y sigue sin decirme cómo sabe lo tercero.
—Tres. El vínculo del expediente 20290627041-M con la unidad 3-19.
Y lo dice sin cambiar el tono, con el número entero, de memoria.
—Ese vínculo se purga. Documentalmente, en regla, conforme al plazo de conservación, que se cumple el veintinueve.
No hace falta que se cumpla solo: se autoriza y se ejecuta.
Lo que pasa es que el sistema, para autorizar una purga documental de un archivo de vinculación, exige la confirmación de la profesional que hizo la tipificación original.
—Ya.
—Y esa eres tú. —Me mira—. Y te lo digo como es: el nombre que hay en esa tipificación es el tuyo, y dentro de doce días va a haber alguien de un juzgado mirando ese archivo.
Yo no te estoy pidiendo que me tapes a mí.
Te estoy diciendo que ahí hay una cosa con tu nombre y que hay una manera regular de que deje de estar.
—Espera —digo—. ¿Tú la has escuchado? La grabación.
—No.
—¿Y cómo sabes que hay algo?
—Porque sé lo que significa una tipificación uno en una llamada que cae dentro de la ventana de revocación —dice—. Y porque bajaste al menos tres el seis de junio y hoy es veintisiete y no has abierto la boca. Eso me dice más que un audio.
—Cuatro.
—Cuatro. Jefatura de Vinculación. El puesto está sin cubrir desde que se fue Elvira en marzo y lo llevo yo en funciones, que es una barbaridad. Es tuyo desde el uno de julio si lo quieres.
—Eso sobra.
—Eso no sobra. —Levanta un dedo—. Eso es el sitio desde el que se firma la revisión del expediente de Cambra Vilanova sin que la firme yo, y es el sitio desde el que se autoriza una purga documental sin que parezca que la autoriza dirección.
Yo puedo dar las órdenes. Lo que no puedo es darlas y que no aparezcan en ningún sitio, porque en esta casa hay registro de todo, y esa es exactamente la clase de cosa que a un juzgado le encanta encontrar.
—O sea que lo cuatro es para lo tres.
—Lo cuatro es para lo uno y para lo tres —dice—. Y también es para ti, porque lo haces bien y porque llevas nueve años haciéndolo bien. Las dos cosas a la vez, Nuria. Aquí casi todo es las dos cosas a la vez.
—Y cinco.
Herminia coge la taza, la deja otra vez y se toma su tiempo.
—¿Y si Yaiza no quiere volver?
—Entonces no vuelve y no hay cinco. —Se encoge de hombros—.
Esto no es un secuestro, Nuria. Es una mujer sin tarjeta sanitaria a la que se le ofrece entrar por su pie en un sitio donde le tratan una infección y le cancelan una deuda que lleva veintiun meses reactivada con intereses. Firma ella o no hay nada.
—Ya.
—Y si firma, firma delante de un facultativo y con registro, como todas.
—Cinco. El expediente IE-2036/0418 se cierra el uno de julio en la sesión de cumplimiento, archivado por identificación de la persona, porque para entonces la persona va a estar identificada y va a estar dentro.
Y en el momento en que esa unidad se concilie físicamente, el módulo libera la conciliación pendiente.
—El reconocimiento doce.
—El reconocimiento doce.
—Y con el doce se consolida la cobertura de Bruno.
—Consolidada, irrevocable, independiente de tu vínculo laboral, con reserva material de veinticuatro meses de producto garantizada por contrato.
—Lo dice como quien lee una cláusula, porque es una cláusula—.
Es lo que hay en el punto cuatro de tu certificado desde 2029 y es lo mismo que se le da a cualquiera que llegue a doce.
Yo no invento nada, Nuria. Yo no puedo inventar nada aquí.
Y es verdad. Es exactamente el punto cuatro. Me lo leí en la cocina el veintisiete de mayo con la carpeta azul abierta y el calendario de la farmacia colgado.
Once más uno.
El uno es una unidad que hay que conciliar, y conciliar quiere decir que alguien baja, se pone delante de una cama y comprueba que hay un cuerpo.
—El doce es de ella —digo.
—Sí.
—Desde septiembre de 2034.
—Desde septiembre de 2034 —dice—. La conversión se registró y el punto se quedó retenido porque no había cuerpo que conciliar. Está en gris en tu módulo desde entonces y lo has visto tú cien veces.
—Ciento y pico.
—Pues eso.
Y se queda callada, y me deja el silencio entero para mí, que es lo más generoso y lo más cruel que ha hecho en veinte minutos.