El Tratamiento Capítulo 45
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Capítulo 45

Los portátiles de guardia son dos y están en el armario alto del office, en su funda, con el cable enrollado. Se cogen para el fin de semana, se firma un papel que hay pegado con celo en la puerta del armario y se devuelven el lunes.

El lunes a las ocho y cuarto cojo uno, escribo mi nombre en el papel y bajo al menos uno.

Eso deja rastro. Lo deja en el papel de la puerta, con mi letra, y lo deja en el registro de conexión de la VPN, con mi usuario, mi hora y mi dirección. Lo pienso mientras bajo la escalera y bajo igual.

En el coche, con la puerta cerrada y sin ventilación, a las ocho y veinte de la mañana ya hace calor.

Abro el archivo de vinculación. Escribo el expediente. Un resultado.

29/06/2029 · 03:14 · teléfono · Belmonte Sanz, N. (V-011) · 1 · consulta informativa · 04:51.

Le doy al triángulo.

00:00

Se oye un chasquido de línea y luego mi voz. Es mi voz y es más aguda de lo que yo la oigo por dentro, y arrastra un poco al final de las palabras, porque son las tres de la mañana.

—Atención al donante, buenas noches.

—Buenas noches. Perdone la hora.

00:07

Mi madre.

No se oye ninguna otra cosa detrás de ella. Ni pasillo, ni carro, ni televisión. Se oye una habitación pequeña de noche.

—No pasa nada. Dígame.

—Es que… espere, que lo tengo apuntado. Dos, cero, dos, nueve, cero, seis…

Lee el número entero, despacio, con la pausa que hace la gente que lee un número escrito a mano por otro. Se equivoca en la penúltima cifra y se corrige ella sola.

—Muy bien. ¿Con quién hablo?

—Amparo Sanz Robledo.

—Buenas noches, Amparo.

00:41

—Verá, es que a mí me tenían que haber dormido ayer y no me durmieron.

—Sí, lo tengo aquí. Se suspendió por una reacción en la piel.

—Eso. Me salió un sarpullido del líquido ese de limpiar y dijeron que hoy no.

—Está reprogramada para mañana a las nueve y media.

—A las nueve y media.

—Sí.

—Vale.

01:12

Hay tres segundos en los que no dice nada.

—Es que quería preguntar una cosa.

—Pregunte.

—Que si se puede… si puedo pensármelo unos días más.

01:23

Aquí está mi respiración. Se oye entera, una vez, y se oye porque a las tres de la mañana la gente respira encima del micrófono.

Y luego se oye mi voz de 2029 diciendo esto:

—Amparo, eso lo piensa todo el mundo la noche de antes. Todo el mundo. Es lo más normal que hay.

—Ya.

—¿Ha podido dormir algo?

—No. Llevo desde las once mirando el techo.

—Ya.

—Es que aquí no hay nada que mirar. Solo hay techo.

01:58

—Mire, le voy a explicar cómo va mañana, que a lo mejor así se queda más tranquila.

Y le explico cómo va mañana.

Se lo explico bien. Le explico la vía en el dorso de la mano, y el frío subiendo por el brazo, y el sabor a metal, y las ganas de hablar, y que lo último es que le da la risa.

Se lo explico igual que se lo he explicado a cuatro mil seiscientas doce mujeres, con las mismas palabras y en el mismo orden, y se lo explico a las tres y cuarto de la mañana desde la cocina de mi casa.

—¿La risa?

—La risa.

—Anda.

Y se ríe. Se ríe una vez, corta, por la nariz.

02:44

—¿Y la niña se lo ha tomado bien?

—¿Qué niña?

—Tu Bruno.

—Bruno está bien. Empieza la fisio fuerte el lunes.

—El lunes.

—El lunes.

—Bueno.

02:58

—Oye.

—Dime.

—El sarpullido este de hoy. ¿Eso no será que no me conviene?

—Es del antiséptico. Es una alergia de contacto y le pasa a un montón de gente.

—Ya. Pero digo si no será una señal.

—Amparo.

—Que es una tontería, ya lo sé. —Se ríe otra vez, corta—. Que lo digo por decir algo.

03:19

—Amparo, ¿quiere que le pase con alguien mañana antes de subir? Puedo dejar una nota para que la vea alguien de vinculación a primera hora.

—No, no. Si ya está.

—¿Segura?

—Que sí, mujer.

03:41

—Perdone otra vez la hora.

—No tiene que pedir perdón.

—Es que me daba cosa llamar al fijo de tu casa.

04:02

—Pues nada. Hasta mañana.

—Hasta mañana.

—Y que descanses tú, que estarás muerta.

—Estoy bien.

—Ya.

04:19

Se oye colgar del otro lado. Un clic seco y luego el tono.

Y la grabación sigue.

04:22

Sigue porque el aplicativo no cierra el registro hasta que se tipifica, y hasta que se tipifica el micro está abierto.

Se oye mi respiración. Once segundos. Nada más.

04:33

El roce de una manga contra la mesa. Dos veces. Es el ruido de un brazo que se mueve hacia delante.

04:41

Un clic corto, de ratón.

04:51

Fin.

Cierro el portátil.

En el manual de tipificación, versión 2029/01, vigente desde el 4 de febrero de 2029, la opción dos dice así:

Solicitud de revocación: toda manifestación de la persona donante, formulada dentro del plazo establecido, que exprese duda, arrepentimiento o voluntad de no continuar, con independencia de los términos empleados.

Con independencia de los términos empleados.

En cuatro minutos y cincuenta y un segundos no dice ni una vez la palabra revocación. Yo tampoco.

Yo la digo once o doce veces por semana, en la página seis, con el dedo en el margen. La dije el diecinueve de mayo a las once y cuarto y nadie me la agradeció, porque es lo normal y porque para eso estoy.

Aquella noche estuve amable cuatro minutos y cincuenta y un segundos, con la voz que pongo, y le expliqué lo del frío en el brazo y lo de la risa, y ella se rio.

Subo el portátil a las nueve menos veinte y lo dejo en su funda con el cable enrollado. Tacho mi nombre del papel de la puerta y escribo la hora de devolución al lado.

Siete días.

A las doce en punto estoy en la sala dos leyendo la página cuatro a una mujer de Griñón.

A las doce y cuarto llego a la página seis y le digo que existe un procedimiento de revocación.