Capítulo 44
El sábado duermo hasta las once, que es una cosa que no hago, y me levanto con la sensación de haber perdido algo.
Bruno tiene análisis de control el lunes y hay que ir en ayunas, y se lo apunto en el calendario de la farmacia con el rotulador rojo, que es el que él ve.
El domingo vuelvo de Villaverde a la una y cuarto.
He estado veinte minutos. La raya está por dentro del boli en toda su longitud y el borde ha bajado dos centímetros por el lado de abajo. Le he limpiado otra vez, le he cambiado el apósito y le he escrito la fecha nueva en el esparadrapo.
Ha tachado tres rayas de la caja. Va por la novena dosis y tendría que ir por la décima, y se lo digo, y me dice que anoche se durmió.
La sudadera se la ha puesto. La toalla está colgada de un clavo encima del lavabo.
—¿Has comido hoy?
—Sí.
—¿Qué?
—Un bocadillo.
—¿De ayer?
—De ayer.
Le dejo dos plátanos, un brik de leche y un paquete de galletas que he comprado en el chino de la esquina, y no le digo nada de que se lo coma porque eso ya no funciona con ella y a lo mejor nunca ha funcionado con nadie.
—El miércoles vuelvo.
—Vale.
Cojo la M-45 en dirección Getafe y en el enlace del kilómetro doce hay obras y se para todo, y es en esos ocho minutos parada detrás de una hormigonera cuando hago la cuenta.
La empiezo por una tontería, que es que mi madre firmó un miércoles.
El 27 de junio de 2029 fue miércoles y fue el penúltimo día hábil del trimestre.
Y aquí no hay que investigar nada, porque esto lo sé por dentro y lo sabe todo el mundo que trabaje en esta casa: la semana del cierre es la semana mala.
La última semana de marzo, la última de junio, la última de septiembre y la última de diciembre.
En esas cuatro semanas hacemos el doble, se pide refuerzo que no llega, se come de pie y la sala dos no se queda vacía entre una y otra.
En enero de 2035 hice cincuenta y siete vinculaciones en veinte días hábiles y catorce de las cincuenta y siete fueron en los cinco primeros, y eso no fue enero: eso fue el arrastre del cierre de diciembre.
Se hace así porque la cancelación de deuda tiene que imputarse al trimestre que se cierra.
Si una mujer firma el 27 de junio, sus ochenta y siete mil euros se dan de baja en el segundo trimestre.
Si firma el 2 de julio, se dan de baja en el tercero.
Y a admisión le dan objetivos por trimestre, y quien lleva admisión llama por teléfono el día veintitrés.
O sea que en siete años, en esta casa, una parte enorme de todas las firmas ha caído en la última semana de marzo, junio, septiembre o diciembre.
Segunda parte.
El plazo de revocación son setenta y dos horas desde la firma.
La gente que llama, llama dentro de esas setenta y dos horas, porque después ya no sirve y porque después ya está dormida.
Nosotras lo llamábamos las de las tres. Casi todas de madrugada, casi todas la noche antes de la inducción, casi todas dentro de los tres días.
Y hay otra cosa, que la sabíamos y que nunca la escribimos en ningún sitio: llaman más las que firman en la semana del cierre.
Yo eso lo dije en una reunión en 2030 y no pasó nada, y lo dije con estas palabras: que cuando se hacen cuarenta en cinco días la conversación de la sala dos dura lo que dura y la gente sale de ahí con cosas dentro.
O sea que las llamadas de la ventana de revocación caen también en la última semana del trimestre. Siempre. Un día o dos después de la firma, y las firmas están donde están.
Y hay un cuarto pico pequeño en la primera semana de enero, que son las que firmaron el 30 y el 31 de diciembre.
Tercera parte.
Las grabaciones se conservan siete años y se purgan solas el día que cumplen. Eso está en el artículo veinte del reglamento de conservación y no lo puso Ardèvol: lo puso la ley y lo puso pensando en proteger a la donante.
Arranca la hormigonera y avanzamos cuarenta metros y nos volvemos a parar.
Siete años después de la última semana de junio de 2029 es la última semana de junio de 2036.
La grabación del 29 de junio de 2029 se purga el 29 de junio de 2036.
El cierre del segundo trimestre de 2036 es el 30 de junio.
Un día.
Y no es solo la mía. Es que todas. Todas las llamadas de revocación de todos los cierres de trimestre de esta empresa se purgan, siete años después, en la semana de otro cierre de trimestre. Y no las purga nadie. Las purga el calendario, que es el mismo calendario que decidió cuándo entraban.
Salgo de la M-45 y aparco delante de casa a las dos menos veinte, y me quedo once minutos en el coche con el motor apagado haciendo la cuenta otra vez con un bolígrafo en el reverso del tique del Mercadona, porque una cuenta hecha conduciendo no vale.
27 de junio de 2029: firma. 29 de junio de 2029, 03:14: llamada. 29 de junio de 2036: purga. 30 de junio de 2036, 14:00: cierre.
Sale.
Y hay una cosa más, que es la que me deja la boca seca dentro del coche con el motor apagado: que si mi madre hubiera firmado el 2 de julio en vez del 27 de junio, la grabación se purgaría el 4 de julio de 2036.
Cuatro días después del cierre. Y a mí eso no me habría servido de nada, porque no habría pasado nada distinto, y sin embargo llevo cinco minutos pensándolo.
Y sale también hacia atrás, que es la comprobación que hace falta. Si esto es lo que digo que es, tendría que pasar lo mismo con otras.
El lunes lo miro en el archivo de vinculación, que se puede filtrar por fecha de contacto y no por expediente.
Contactos tipificados como solicitud de revocación en los últimos siete años: ciento cuarenta y uno.
Distribuidos por semana del año, hay cuatro picos y los cuatro están donde tienen que estar.
Y las purgas van detrás, con siete años de retraso y con la misma forma.
No lo ha decidido nadie. Es el mismo calendario haciendo las dos cosas.