El Tratamiento Capítulo 23
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Capítulo 23

Empieza él, porque llevaba una semana esperando y porque el domingo era el domingo.

—Nando son cuarenta y cinco. Cuatro jueves son ciento ochenta.

—Ciento ochenta —dice Bruno.

—Y no se ahorra nada quitando el grupo, porque el grupo es del plan.

—Ya.

—Puedo hacer ciento ochenta si Merche pasa de dos sesiones al mes a una.

Se queda quieto con el boli en la mano.

—No.

—Bruno.

—No. —Da un golpe en la mesa con el canto de la mano, uno, el suyo—. Merche no.

—Es una al mes menos.

—Merche es la que… —se para, aprieta los ojos, lo suelta— la que hace que salgan.

—Vale.

—Ferretería es de Merche. No es del grupo.

—Vale. —Cojo el boli y lo escribo—. Entonces dos jueves de Nando al mes y dos de nada.

—¿De nada?

—De nada. De estar en casa.

—Vale —dice, y se lo piensa, y añade—: O de la persiana.

—O de la persiana.

Escribe él la cifra abajo, noventa, y la subraya dos veces, y esa es la parte que le gusta.

El sábado por la tarde le sujeto la escalera mientras cambia la cinta de la persiana del cuarto, que le lleva una hora y cuarenta minutos y tres tacos, y que le sale.

Baja, se sienta en la cama, sube y baja la persiana cuatro veces y no dice nada.

—Ya está —digo.

—Ya está.

Al día siguiente, a las ocho de la mañana, oigo la persiana desde la cocina.

El lunes por la mañana entro a las ocho y hago una cosa que no me toca hacer, que es mirar mi cartera entera por estado de asignación.

No es que esté prohibido. Es que no se hace, porque no sirve para nada: la asignación la lleva atención familiar y las vinculadoras no tenemos nada que decir sobre el dinero de nadie. Pero la columna está y se puede ordenar por ella, como se puede ordenar por peso al ingreso o por provincia.

Tengo trescientas once mujeres en producción. De esas, doce tienen la asignación cesada.

Once son fáciles: fallecimiento del familiar designado, cambio de titularidad, un traslado a Rumanía. La doce es Mansilla Pardo, Rosa. Ingresada en 2032, continuidad en 2033, unidad 1B-088. Asignación a la unidad familiar designada: Mansilla Ortuño, Iker, hijo.

Baja de la asignación con efectos 01/04/2035. Motivo: incumplimiento del deber de comunicación de variación de datos (art. 12.3).

Catorce meses.

Miro el artículo 12.3, que me lo sé porque lo leo en voz alta en la página cuatro.

Dice que la unidad familiar designada tiene que comunicar cualquier variación de domicilio, de composición o de titularidad de cuenta en el plazo de treinta días, y que el incumplimiento produce la suspensión de la asignación hasta la regularización.

Hasta la regularización. No dice hasta la sanción. Dice hasta que lo arregles. Es una suspensión, no una multa, y se levanta con un impreso.

Catorce meses con un impreso encima de la mesa.

A las nueve menos veinte llamo desde la línea, que a esta hora está libre, y lo hago como se hace una llamada de cortesía de informe trimestral, que es una cosa que hacemos y que además está bien.

—¿Iker Mansilla?

—Sí.

—Le llamo de Ardèvol Bienestar, de vinculación. Soy la enfermera que tramitó el ingreso de su madre.

Silencio de dos segundos.

—Vale.

—Le llamo porque he visto que la asignación de la unidad familiar figura de baja desde abril del año pasado y quería comprobar si es correcto.

—Es correcto.

—¿Sabe usted que se puede solicitar la reactivación?

—Sí.

—¿Y hay algún motivo por el que no…?

—Mire —dice, y no lo dice mal, lo dice como quien tiene que salir en cinco minutos—. Es que yo esto ya lo he mirado.

—Cuénteme.

—Yo me empadroné en casa de mi pareja en el 35. Ella tiene una ayuda de vivienda del Ayuntamiento y una beca de la niña, que no es mía, es de ella. La asignación de mi madre son cuatrocientos diez euros y cuentan como ingreso de la unidad de convivencia.

—Ya.

—Con esos cuatrocientos diez nos pasamos del umbral. Y no un poco: nos pasamos y perdemos la ayuda entera, que son quinientos sesenta, y la beca, que son otros doscientos y pico en material y comedor.

—Entiendo.

—Y hay otra cosa. Si yo pido la reactivación, me la dan con efectos retroactivos, ¿no? Desde abril del año pasado.

—En principio sí.

—Pues eso son catorce meses de ingresos que aparecen de golpe en el ejercicio. Y entonces me revisan la ayuda de este año y me la reclaman. Y a lo mejor la beca también.

—Ya.

—Entonces yo lo que necesito es que eso se quede como está.

—Vale.

—Que no se mueva —dice—. Se lo digo en serio. Si ustedes lo mueven, aunque sea para arreglarlo, a mí me lo revisan.

Fuera de la cabina pasa el carro de Quique.

—¿Y su madre? —digo.

—¿Qué pasa con mi madre?

—Que si va usted a verla.

—Iba —dice—. Iba hasta el año pasado. Ahora es que trabajo los sábados.

—Ya.

—Oiga, ¿usted me va a mover algo?

—No.

—Vale. Pues gracias. —Y luego, cuando yo ya iba a colgar—: Oiga.

—Dígame.

—¿Ella está bien?

—Está estable. Constantes normales. Sin complicaciones.

—Vale.

—¿Quiere que le mande el informe del trimestre?

—A mi correo no —dice enseguida—. Al de mi hermana, que es Loli. Se lo doy.

Me lo da y lo apunto, y le repito las letras y me dice que sí, que esa, y colgamos.

En el campo de destinatario del informe trimestral no puedo poner un correo que no sea el de la unidad familiar designada. Lo dejo apuntado en un pósit y el pósit se queda pegado al monitor.

Me quedo con el casco puesto más rato del necesario.

Cuatrocientos diez euros al mes. Cuatro mil novecientos veinte al año. Iker Mansilla no reclama cuatro mil novecientos veinte euros porque reclamarlos le cuesta ocho mil, y esa cuenta la ha hecho él solo, sin abogado, en la mesa de su cocina, y le ha salido bien.

Nadie le ha amenazado. Nadie le ha dicho que no reclame.

La empresa le suspendió la asignación en abril del año pasado por un impreso y desde entonces no ha tenido que hacer absolutamente nada más, porque el resto lo hace el sistema de ayudas del Ayuntamiento de Madrid, que es otro sistema, que no tiene nada que ver con este y que funciona exactamente igual.

Y su madre lleva ahí arriba desde 2032, produciendo, y ese dinero no ha dejado de generarse ni un mes.

Cierro la llamada a las nueve y cuatro y el sistema me pide la tipificación antes de dejarme salir.

Miro las siete opciones.

Marco la uno.