Capítulo 17
La mañana del jueves son cuatro vinculaciones y una de ellas se cae, porque la candidata no aparece y no coge el teléfono. Pasa una de cada quince, más o menos, y a mí me sigue pareciendo la mejor noticia que da esta casa.
Dejo la hoja de la que no ha venido en la bandeja de reprogramación y me quedo con cuarenta minutos libres.
A la una y media, entre la tercera y el bocadillo, abro el módulo de rendimiento.
Ha cambiado.
Las once líneas verdes siguen igual. La duodécima ya no está en gris: está en gris con una segunda línea debajo, en cursiva, que ha aparecido esta semana.
RECONOCIMIENTO 12 — PENDIENTE DE CONCILIACIÓN — Y.P. Conciliación suspendida. Expediente IE-2036/0418 en tramitación.
Es la primera línea de esta casa que lleva mi nombre y el número de un expediente abierto en la misma frase, y las dos cosas caben en cursiva y en cuerpo ocho.
Miro las tres letras y el punto.
Y punto pe.
Es la primera vez en dos años que esas dos iniciales significan algo, y significan algo porque el viernes pasado escribí un apellido en un buscador y ese apellido empieza por pe.
Vale. Vamos a hacerlo bien.
Abro mi histórico completo, cuatro mil seiscientas doce líneas, y filtro por inicial de nombre y de apellido.
Y punto pe: cinco. Yolanda Peña Doblas, 2028.
Yolanda Prieto Serna, 2030. Yaiza Pombo Cid, 2031.
Yaiza Preciado Sanjuán, 2033. Y una Yésica Palomares Iruela de 2035 que se me había olvidado del todo.
Cinco en nueve años. Ninguna es rara. La Y es una letra que la gente de mi edad no lleva y que la gente de treinta y pico lleva mucho, y yo tramito mujeres de treinta y pico todo el rato.
Y aun así lo hago bien del todo, porque para eso me pagan. Abro las cinco fichas, una detrás de otra, y miro lo único que importa, que es en qué situación está cada una hoy.
Sigo. ¿Cuál de las cinco podría ser una consolidación preferente? Peña Doblas se reintegró en 2030, lo pone en su ficha. Prieto Serna se reintegró. Pombo Cid figura como complicación clínica en 2032. Palomares Iruela lleva catorce meses, todavía no ha llegado al umbral.
Queda Preciado Sanjuán.
Me quedo con eso un momento, con el bocadillo sin abrir encima de la mesa.
Y con una cosa que no me esperaba, que es que me alegro. Me alegro de que quede una, porque si no quedara ninguna se habría acabado la comprobación y yo tendría que pensar otra cosa, y llevo seis días sin querer pensar otra cosa.
Le doy dos vueltas al bolígrafo entre los dedos, que es una manía que tengo y que se me nota porque el bolígrafo hace ruido contra el anillo.
Y luego lo pienso al derecho, que es como hay que pensar las cosas.
Si Yaiza Preciado fuera mi consolidación preferente número doce, ese reconocimiento se habría liberado en marzo de 2036, al cumplir los dieciocho meses de continuidad. Y la línea gris está ahí desde el verano de 2034.
Me quedo con eso treinta segundos y se me cae solo, porque yo sé cuándo se libera una línea y no sé cuándo se genera. Eso no lo he mirado nunca. Puede generarse el día de la conversión, o el día del cierre de trimestre, o el día en que a alguien de arriba le salta un cuadro en una pantalla.
Lo dejo y me voy a lo que sí sé.
Si Yaiza Preciado fuera mi doce, yo lo sabría.
No por el módulo: lo sabría porque cuando una de las tuyas cruza el umbral y consolida, te llega un correo de Personas y Cultura con el asunto en negrita y un párrafo sobre la excelencia de continuidad asistencial, y bajas al office y hay alguien que te engarza la cuenta en la pulsera.
Eso ha pasado once veces y once veces me he enterado.
En marzo de 2036 no me llegó ningún correo.
Y de las once que sí me llegaron, en las once me acuerdo del correo y en cuatro me acuerdo de la mujer.
Antes de cerrar bajo una línea más, hasta el pie del módulo, donde está el enlace pequeño que pone histórico de la línea y que no he abierto nunca.
Se abre un cuadro con dos columnas y tres filas.
Alta de la línea: 30/09/2034. Última actualización de estado: 27/05/2036. Actuaciones sobre la línea: 3.
Treinta de septiembre de 2034. Cierre del tercer trimestre.
Las tres actuaciones son mis dos tickets y la suspensión de la semana pasada.
Y el alta es de un treinta de septiembre, que es el día en que en esta casa se cierra todo, se imputa todo y se genera todo, y por eso no significa nada.
Cierro el módulo y me como el bocadillo.
El bocadillo es de tortilla de ayer y está frío por el centro, y me lo como mirando por la ventana del office el aparcamiento de visitas, donde hay tres coches y una furgoneta de la lavandería.
Pilar entra a las dos menos diez dando saltos, literalmente dando saltos, con el móvil en la mano.
—¡Me la cambia!
—¿Quién?
—La Casanovas. Que se lo ha pensado y que le da igual la primera que la segunda porque su madre no se va a acordar de en qué quincena está. Lo ha dicho ella, ¿eh, que no lo digo yo.
—Enhorabuena.
—Del uno al quince, Nuria. Del uno al quince. —Se sienta, se levanta, se vuelve a sentar—. Se lo he dicho a mi cuñada y me ha dicho que ya lo sabía, la tía. Que ya lo sabía. Que había reservado igual.
—Pues qué maja.
—Es maja y es insoportable, las dos cosas. —Suelta el bolso—. Le voy a llevar algo de Peñíscola a la Casanovas. ¿Qué le llevo?
—Nada. Un imán.
—Un imán es una cutrez.
—Un imán está bien.
Se pone a trabajar y a los dos minutos, sin levantar la cabeza, dice:
—Oye. Me he enterado de lo tuyo.
—¿De lo mío?
—Lo del menos uno. Me lo ha dicho Quique, que se lo ha dicho Nacho.
—Ya.
—¿Te han congelado la doce?
—Sí.
—Qué hijos de puta —dice, con la misma voz con la que lo dijo del cuadrante—. ¿Y cuánto tarda eso?
—Depende de la incidencia.
—Eso es lo que dicen siempre.
—Oye, Pilar.
—Dime.
—Cuando te dieron la quinta. ¿Cómo te enteraste?
—Por el correo. El de la negrita. —Ni levanta la cabeza—. Y luego bajó la de Personas, la de las coletas, y me la puso en la muñeca en el office mientras me contaba no sé qué de una encuesta de clima.
—¿Y sabías de quién era?
—¿De quién era el qué?
—El reconocimiento. De qué mujer.
Ahora sí levanta la cabeza.
—Pues no. —Se lo piensa dos segundos—. En el correo no viene. Viene «se le reconoce una consolidación preferente» y ya.
—Ya.
—¿Tú lo sabes?
—Yo lo miro en el módulo.
—Anda —dice—. Pues yo no lo he mirado nunca.
Y vuelve a lo suyo, y a mí me quedan tres vinculaciones esta tarde y la última es a las siete.