Capítulo 14
La tarde de línea es tranquila. Nueve llamadas, siete de dinero, una de fechas y una señora que llama para dar las gracias, que pasa dos o tres veces al año y que descoloca a todo el mundo.
Llego a casa a las nueve y cuarenta, después de la línea. Bruno está en su cuarto con la puerta entornada y la luz encendida, y por debajo se oye el zumbido de un vídeo.
Me hago un té y me siento en la mesa de la cocina con el portátil, la carpeta azul y el calendario de la pared, que es uno de la farmacia con fotos de montañas.
La carpeta azul es la de Bruno. Está todo dentro y está por años, y no está así porque yo sea ordenada, sino porque cada vez que hay que renovar algo hay que enseñarlo todo otra vez.
Certificado de cobertura de dependientes, ejercicio 2036. Titular: Belmonte Sanz, Nuria. Beneficiario: Belmonte Sanz, Bruno. Modalidad: vinculada a rendimiento .
Y debajo, en el punto cuatro, lo que dice desde el principio y lo que he leído cuarenta veces:
La cobertura se renueva por periodos trimestrales, sujeta al mantenimiento del estatus profesional activo del titular a la fecha de cierre del trimestre anterior. La consolidación definitiva de la cobertura requiere la acumulación de doce (12) reconocimientos por consolidación preferente.
Detrás del certificado está el informe de la unidad de daño cerebral de 2029, con la escala de Glasgow del primer día escrita a mano por una residente que se llamaba Alba y que fue la única de aquella planta que me llamó por mi nombre.
Detrás, la resolución de dependencia. Detrás, dieciocho informes trimestrales de Merche, grapados por años con una grapa que ya no cierra.
Cojo el calendario y cuento con el dedo. Del veintisiete de mayo al treinta de junio hay treinta y cuatro días.
El uno de julio se renueva para el tercer trimestre. Para que se renueve tengo que estar en estatus activo el treinta de junio. Estatus activo quiere decir sin suspensión, sin baja disciplinaria y sin expediente resuelto en contra.
Once reconocimientos no consolidan nada. Once reconocimientos son once trimestres que ya se cobraron y se gastaron. Lo que consolida es el doce, y el doce está congelado desde ayer por la mañana con la firma de Herminia Ardèvol, y Herminia Ardèvol me ha dicho que depende de la incidencia.
Once.
Aunque en realidad son doce, si contamos bien.
La primera vez no cobré reconocimiento.
Sigo.
Saco el presupuesto. Lo pedí en 2033, por saberlo, sin decírselo a nadie y sin ninguna intención de usarlo, de la misma manera que uno mira cuánto cuesta un piso que no va a comprar.
Neurovall, régimen privado. Dosis mensual: cuatro mil ciento ochenta euros.
Doce al año: cincuenta mil ciento sesenta.
Sin contar la fisio de los martes, que son doscientos veinte al mes, ni la logopedia de Merche, que son ciento sesenta la sesión y va dos veces al mes desde febrero.
Sin contar la analítica trimestral. Sin contar el transporte adaptado, que ahora no lo usamos porque conduzco yo, pero que lo usaríamos si yo no pudiera conducir a las ocho de la mañana porque estuviera trabajando en otra cosa en otro sitio.
Yo cobro dos mil seiscientos cuarenta netos.
No hay ninguna manera de ordenar estos números que dé otro resultado. Los he ordenado de todas las maneras en siete años.
Se puede quitar la logopedia. Merche cuesta ciento sesenta y la de la pública son cuarenta minutos cada tres semanas con una lista de veintidós personas, y con la de la pública Bruno recuperó dos palabras en dos años y con Merche lleva seis en cuatro.
Eso también está en la hoja de cálculo. Ese fue el motivo por el que empecé la hoja de cálculo.
Se puede pasar Neurovall a la lista pública, que son seis semanas.
Y seis semanas otra vez cada vez que hay una revisión de criterios.
Hubo una revisión en 2034 y en esa revisión se quedaron fuera los daños cerebrales de más de cinco años de evolución, y volvieron a entrar en 2035 porque hubo un recurso de una asociación de familias que tardó catorce meses.
En esos catorce meses hubo gente que se quedó sin dosis.
Bruno no, porque Bruno tenía la cobertura de la empresa.
Ese es el cálculo entero. No tiene más partes.
Cierro la carpeta.
Bruno sale al pasillo a por agua y se para en la puerta de la cocina.
—¿Papeles?
—Papeles.
—¿De lo mío?
—De lo tuyo.
Se queda mirando la carpeta abierta, la torre de informes trimestrales, el calendario de las montañas.
—¿Hay… —se para— problema?
—No.
—Vale.
Coge el vaso, lo llena y se va, y en el pasillo se para otra vez, dos segundos, antes de meterse en el cuarto.
Abro el correo y ahí está: Expediente de incidencia externa IE-2036/0418. Estado: abierto. Responsable: Buiría Casals, Ò. Y debajo, la notificación automática de la conciliación suspendida, generada a las 09:12 de esta mañana, cuatro minutos después de que yo entrara en el despacho.
Entro en el aplicativo, busco el borrador de anteayer y le doy a eliminar. Me pregunta si estoy segura. Le digo que sí.
Ya no sirve para nada. Un borrador de una incidencia que el sistema abrió solo veintiocho horas después no prueba diligencia: prueba que estuve veintiocho horas pensándomelo. Es mejor que no exista, y esa frase la pienso entera, con esas palabras, y la pienso sin ninguna dificultad.
Escribo la nota interna. Fechas, horas, lugar, descripción. Tres párrafos. En el segundo pongo que la mujer no se identificó y me quedo mirando la frase un momento antes de seguir escribiendo, y luego sigo escribiendo.
La firmo con el certificado y la mando a las once y doce.
A los cuatro minutos entra el acuse. Nota interna recibida. Incorporada al expediente IE-2036/0418. Y debajo, una línea que no había visto nunca porque nunca he tenido un expediente abierto: Este expediente se revisará en la próxima sesión de cumplimiento (mensual).
Miro el calendario de la farmacia. Las sesiones de cumplimiento son el primer martes de mes. El primer martes de junio es el día tres. El siguiente es el uno de julio.
Si el tres no se cierra, el siguiente sitio donde se puede cerrar es el uno de julio.
El plan de Bruno se renueva ese mismo día.
Antes de acostarme entro en el cuarto de Bruno. Se ha dormido con el móvil en la mano y con la luz dada. Le quito el móvil, lo pongo a cargar y apago.
La persiana está subida. La cinta nueva sigue en la bolsa de papel, encima de la silla, sin abrir desde el sábado.
Bajo, recojo la cocina y meto la carpeta azul en el cajón de siempre, el de abajo del mueble del salón, con las gomas puestas.
En el calendario de la farmacia, el de las montañas, la hoja de junio tiene una foto de los Picos de Europa con nieve y con un cielo azul de folleto. Cuento con el dedo desde el veintisiete hasta el treinta.
Treinta y cuatro días.
Escribo el número a lápiz, muy flojo, en el margen de abajo de la hoja de junio, donde no se ve si no lo buscas.