Capítulo 8
El viernes entro a las ocho y diez y la primera vinculación es a las nueve y media, así que tengo hora y veinte y me sobra una hora y diecisiete.
Preciado Sanjuán, Yaiza. Un resultado.
Motivo consignado: voluntad expresa de la donante.
Producción: estable. Rendimiento: alto.
Última constante registrada: 23/05/2036, 06:12. Temperatura 36,4. Tensión 104/68. Índice de vigilia dentro de rango.
Vuelvo arriba y lo leo entero otra vez, de la primera línea a la última, que es lo que hago cuando algo no me cuadra, porque nueve de cada diez veces lo que no cuadra es que he leído mal.
No he leído mal.
Compruebo el documento de identidad. Compruebo si hay homónimos: Preciado Sanjuán hay dos en el histórico, ella y una Rebeca, que es la hermana designada y que está en la unidad familiar, no en producción.
Compruebo la fecha de nacimiento. Compruebo si el expediente tiene alguna anotación de incidencia y no tiene ninguna.
Y luego hago lo que hay que hacer, que es ponerme las explicaciones por orden de probabilidad.
Una. La mujer del parking no se llama Yaiza Preciado.
Se sabe un número y un nombre. Eso no cuesta nada: Fermín Mena me recitó el expediente de su mujer de memoria, entero, sin equivocarse en un dígito, el martes a las ocho menos veinte, y hay familias que se saben tres.
Rebeca Preciado Sanjuán tiene treinta y ocho años y podría ser perfectamente la mujer que se levantó del bordillo.
Dos. Es Yaiza Preciado y el estado del expediente está mal. Pasa. Se migró todo en 2034 y hubo cosas que se quedaron por el camino.
Tres. Es Yaiza Preciado, salió del programa por una retirada y a alguien se le olvidó cerrar el estado.
La dos y la tres se caen solas con una línea, y la línea son las constantes de esta mañana a las seis y doce. Un estado mal migrado no se toma la temperatura. Un expediente olvidado no tiene tensión de hace tres horas.
Queda la uno.
Abro el registro de visitas para terminar de convencerme. Visitas a la unidad 1B-207: tres en 2033, todas de Preciado Sanjuán, Rebeca. Una en marzo de 2034. Ninguna desde entonces.
Eso tampoco quiere decir nada, y lo sé porque es lo más normal del mundo.
Las familias vienen mucho el primer año, menos el segundo y luego dejan de venir, y no es por frialdad: es porque no hay nada que hacer allí.
Se sientan cuarenta minutos delante de una cristalera, hablan a una mujer que no las oye, salen y se pasan tres días mal.
Hay quien lo aguanta seis años y hay quien lo deja al tercero, y a los que lo dejan no les pregunta nadie por qué.
Y la uno explica todo lo demás. Explica que supiera lo de Bruno, porque la hermana de una donante habla con atención familiar y en atención familiar se sabe quién tramitó qué.
Explica que se sepa dónde están las cámaras, porque lleva seis años viniendo a visitas trimestrales.
Explica hasta lo de las siete páginas, porque las hermanas entran a la sala dos y se sientan medio metro por detrás y oyen leer siete páginas igual que la candidata.
Lo que la uno no explica es por qué una mujer con una infección de cuatro días monta esto por su hermana en vez de coger número en el defensor del donante.
Abro el módulo de rendimiento y bajo hasta el pie. La línea gris sigue igual.
RECONOCIMIENTO 12 — PENDIENTE DE CONCILIACIÓN — Y.P.
En nueve años he tramitado una Yolanda Peña, una Yolanda Prieto y una Yaiza Pombo, y la gris no lleva expediente asociado, que es precisamente el motivo por el que está pendiente de conciliar.
No hay nada que cruzar. Lo intento igual: pego el 20330406114-K en el buscador del histórico de reconocimientos y me devuelve cero resultados, como me devuelve cero con el de Amelia Prat y con el de cualquier otra, porque ese buscador solo indexa las líneas cerradas.
Lo cierro.
Y hago la última comprobación, que es la que llevo veinte minutos evitando: entro en la ficha de la unidad 1B-207 para ver la fotografía de ingreso.
No hay fotografía. En 2033 todavía no se hacía. Se empezó a hacer en el 34, con la migración.
A las nueve y veinte bajo a por la carpeta de la primera y en el pasillo me cruzo con Buiría, que viene con la tableta y el paso de los viernes.
—Òscar.
—Dime.
—El número tres-diecinueve, ¿te dice algo?
Se para. Mira arriba a la izquierda, que es lo que hace cuando le preguntas cualquier cosa.
—¿Tres guion diecinueve?
—Tres guion diecinueve.
—Ni idea. ¿De qué módulo?
—No lo sé.
—Pues eso no es de vinculación —dice—. Vinculación es once y letra. Producción es tres letras y seis cifras. Mantenimiento son cuatro. —Va contando con los dedos sobre la tableta, encantado—. Con guion, así, corto, corto… eso puede ser de instalaciones. O de las de antes.
—¿De las de antes?
—De antes de la migración. Yo he visto códigos de 2029 que eran un desastre. Cada departamento se los inventaba. —Se ríe—. En el ensayo os numerabais vosotras a mano, ¿no?
—Sí.
—Pues eso.
—¿Y eso dónde se mira?
—¿El qué?
—Un código de antes de la migración.
—En ningún sitio —dice, alegre—. Si no está indexado, no está. ¿Por?
Y ahí, en el pasillo, delante del panel de la campaña, me doy cuenta de que llevo diez segundos a punto de contarle a cumplimiento normativo que anoche subí a una mujer a mi coche.
—A nadie. Cosas del aplicativo.
—¿Te ha salido en algún sitio?
—En un correo. Da igual. Gracias, Òscar.
Buiría se ríe con la boca cerrada y sigue.
Vuelvo a la cabina antes de la de las nueve y media y dejo el expediente abierto en la segunda pantalla, minimizado, para no verlo.
Última constante registrada: 23/05/2036, 06:12. Temperatura 36,4.