El Titán Despierta (Serie Kat Drummond 18) 6. Irrompible
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6. Irrompible

Irrompible

No había ninguna posibilidad de que dejáramos atrás al ejército de los Impi, pero aun así resultaba descorazonador ver nuestro camino a casa bloqueado por aquella horda roja y de camuflaje.

Observábamos desde lejos el primer punto de la Línea de los Tres Puntos. El puente de Bloukrans. Una estructura colosal que salvaba un abismo gigantesco.

Ahora tenía un nombre muy sencillo: Punto Uno.

Era la primera línea defensiva del Estado de Buena Esperanza. Si de algún modo caía, los combates pronto se extenderían a los pueblos, las aldeas y, después, a la principal ciudad de mi hogar.

Pero, mientras contemplábamos la puerta de entrada a la Línea de los Tres Puntos desde nuestra posición privilegiada, en lo alto de una colina que dominaba los ríos Bloukrans, no pude evitar sentir que aumentaba mi confianza.

El ejército de los Impi era inmenso. Se extendía en agrupaciones de camuflaje verde y rojo por campos desarbolados que antaño habían sido bosques exuberantes. Los tanques y la artillería ya estaban en posición, justo fuera del alcance de los bombardeos de la CDF.

Era un ejército moderno, protegido por magia y que actuaba como una hueste medieval. Se parecía mucho a lo que habíamos visto en Europa.

Pero en Europa no había nada comparable a la Línea de los Tres Puntos.

Un único puente cruzaba un cañón escarpado y abierto que serpenteaba entre las colinas, las montañas y los bosques feéricos.

Y, al otro lado, frente a nosotros, se alzaba una sólida muralla de búnkeres, imponentes fortalezas, torres e incontables aberturas para disparar y emplazamientos de artillería.

Runas y encantamientos ocultos creaban escudos mágicos sobre toda la fortificación, haciendo que los proyectiles de artillería rebotaran contra el aire mientras las balas se deshacían en polvo.

Incluso la magia se quedaba corta, pues una vasta red de resguardos antimagia impedía que cualquiera que no fuese un hechicero autorizado utilizara magia en el interior y las inmediaciones de la fortaleza.

En comparación, hacía que el bastión, inexpugnable en apariencia, que me había arrebatado a tantos camaradas pareciera patético.

—Es bueno ver que los problemas de Hope City no han quebrantado el ánimo de la CDF —comentó Themba, con las manos en las caderas, mientras observábamos cómo dos ejércitos expertos en matarse entre sí se preparaban para lo que podía ser el enfrentamiento definitivo.

—¿Hope City aún no se ha recuperado del ataque de El Mentor? —pregunté.

Themba arqueó una ceja, desconcertado.

—¿No te has enterado?

—No hemos tenido ni el lujo ni el tiempo.

Themba frunció el ceño.

—Cuando vuelvas a casa, sabrás más que yo. Pero las noticias que me llegan no son buenas. Te necesitan allí, Última Luz.

—Entonces es una suerte que esté de camino. Si no fuera porque… —señalé a la hueste de los Impi— se interpone en nuestro camino.

—La CDF acabará enseguida con estos invasores —intervino Phillip—. Cuando haya una pausa en los combates, podremos cruzar a escondidas.

—¿Por ahí? —preguntó Brett, horrorizado—. ¡Ese puente es una zona de muerte! Los francotiradores de la CDF nos abatirán si antes los Impi no nos acribillan por la espalda.

—Nuestra maga residente puede crear un escudo que nos proteja de los disparos perdidos.

Aunque quizá no lo necesitemos. Después de que los Impi se retiren tras su primer asalto, el puente estará cubierto de cadáveres, escombros y armazones de tanques y blindados.

Podremos cruzar al amparo del humo, el fuego y la muerte.

—Qué encantador, agente Brown —respondí—. Otra opción sería que nos llevara volando. De uno en uno.

—Con esas alas no pasa usted precisamente inadvertida, señorita Drummond. Ambos bandos la derribarán. Y eso suponiendo que lo que acecha en el barranco no la atrape.

—Espera… ¿qué acecha en las profundidades?

Phillip negó con la cabeza.

—Una leyenda urbana de la CDF.

—Que, por desgracia, es muy cierta —lo interrumpió Candace—. Incontables batallas han dejado su huella en cada tramo del Bloukrans. Más arriba, la CDF ni siquiera necesita vigilar el barranco. Hay otra cosa que lo hace. Puedo sentirla. Incluso desde aquí.

Un escalofrío involuntario me recorrió la espalda. Algunos de los hombres de Themba se miraron entre sí y cambiaron el peso de un pie a otro, incómodos, mientras Candace hablaba.

— Igqwirha —oí susurrar a uno. Bruja .

No sabía qué habitante de el Vasija me había proporcionado aquel conocimiento.

—Y esa… cosa —pregunté, intentando ignorar el críptico aire siniestro de Candace—, ¿puede arrancarme del cielo?

Candace asintió.

—Ha derribado reactores y helicópteros. Incluso al efímero escuadrón de jinetes de dracos del 33 rd de los Impi.

Negó con la cabeza.

—No. La única forma de cruzar ese barranco es por el puente.

—¡Está empezando! —dijo un rebelde, con una mezcla de emoción y ansiedad.

Candace recitó un hechizo de aumento y amplió la lente para que todos pudiéramos observar.

Las fuerzas de los Impi se estaban movilizando. Las cohortes más oscuras y, al mismo tiempo, más coloridas avanzaban a trompicones hacia el frente. Los Elegidos de Shaka. Según había leído, siempre comenzaba así.

Enviaban a la horda de zombis, ataviada como los guerreros zulúes de antaño y equipada con asagais soldados al cuerpo y escudos de piel de vaca. Con todos sus arreos, los lanzaban a una carga descerebrada puente abajo. Entonces, los CAHSL de la CDF los barrían.

Había visto un CAHSL en acción. ¡Una auténtica maravilla! Una escopeta giratoria y completamente automática. Era como una ametralladora Gatling que disparase metralla. Capaz de convertir en una nube de partículas cualquier cosa que entrara en su arco de fuego.

Mientras los Elegidos de Shaka hacían desperdiciar munición a la CDF, blindados y tanques veloces cargaban por el puente, protegiendo filas y más filas de infantería condenada.

Entretanto, la artillería de ambos bandos surcaba el aire, acompañada de bolas de fuego, rayos y las formas de magia más destructivas.

Se habían rodado unas cuantas películas sobre las batallas de la Línea de los Tres Puntos. Yo siempre había preferido la ciencia ficción a las melodramáticas películas bélicas pseudohistóricas. Pero algunas cosas sí las habían reflejado bien. Como la magnitud del combate.

Candace desplazó la lente y enfocó las líneas de la CDF.

La artillería empezó a disparar en serio y convirtió en picadillo a los zombis de los Elegidos de Shaka.

Los magos aguardaban preparados, con la vista puesta en el cielo para desviar o contrarrestar los hechizos.

Al otro extremo del puente vi gigantes grises y de tonos terrosos, tan inmóviles como estatuas.

Parecían lo bastante grandes como para coger un tanque y lanzarlo a casi un kilómetro de distancia. Golems.

Por desgracia, había visto otros más grandes. Solo que hechos de carne y cadáveres en lugar de barro y roca.

Me alegré de ver a aquellos golems en el frente. Sentí el alivio de Ariel al saber que había incumplido su deber por una buena causa. Con el shem firmemente en manos de Hope City, los golems podían ayudar a defender la Línea de los Tres Puntos, como habían hecho desde el principio.

Busqué la mano de Brett y la encontré. Nos miramos. Compartimos una sonrisa tranquilizadora.

Aquel no iba a ser un buen día. Ningún día con tanta muerte podía serlo. Pero, si la Línea de los Tres Puntos resistía, la guerra terminaría. Nos ahorraríamos otra.

Nos volvimos hacia el puente y la batalla que estaba comenzando. Sentí cientos de ojos contemplar la escena a través de los míos mientras el Vasija observaba con nosotros.

—Este será el toque de difuntos definitivo de un Imperio moribundo —dijo Phillip, con un deje de profundo alivio en la voz—. Mañana por la mañana estaremos en casa.

Los Elegidos de Shaka se abalanzaron sobre el puente. Una horda bullente de carne oscura y putrefacta. Incluso desde lejos oíamos el estruendo atronador de sus pisadas al unísono y sus gruñidos voraces. Los CAHSL abrieron fuego y convirtieron en picadillo la primera fila de zombis.

Casi podía sentir la aprensión de los Impi vivos, alineados en sus formaciones.

Incontables reclutas, e incluso veteranos, debían de contemplar aquella matanza imaginando que ellos serían los siguientes.

Y lo serían, si a sus comandantes no les entraba algo de sentido común. Hasta sentí cierta lástima por ellos.

La Línea de los Tres Puntos resistiría. Estaba segura.

Y entonces el cielo se abrió.

Se hizo el silencio. Una negrura absoluta cubrió los bosques verde oscuro, los campos ondulantes y las montañas majestuosas mientras toda la vitalidad y la energía del mundo se extinguían. Las nubes desaparecieron. Y una grieta ardiente en el cielo devoró el sol.

La horda de los Impi se quedó inmóvil, conteniendo el aliento al unísono.

Solo los Elegidos de Shaka siguieron cargando.

Una estratagema para hacer creer a los defensores que todo iba según lo previsto.

Y, mientras los zombis se precipitaban sin pensar hacia las fauces de la muerte, del cielo llovió fuego.

Contemplamos la escena con horror absoluto. Hasta Candace palideció, con los ojos muy abiertos por el miedo. El fuego y la electricidad surcaron el aire. Tuve que cerrar los ojos cuando una vorágine de magia pura y destructiva cayó de los cielos y convirtió el mundo de abajo en el Infierno.

En un instante, la Línea de los Tres Puntos se desmoronó. Brett y yo cruzamos una mirada de palpable incredulidad. Ambos percibíamos en el aire la misma huella arcana. La misma sensación que había pendido sobre París tras su aniquilación.

No quedaba nada de la Línea de los Tres Puntos. Nada salvo cadáveres carbonizados, escombros y sangre.

El vórtice se disipó instantes después. El fuego y los rayos cesaron. Empezó a llover.

Poco después de que el vórtice se disipara y comenzara a llover, los ejércitos de El Imperio empezaron a entrar impunemente en mi hogar.

Phillip cayó de rodillas y rompió a llorar. Nunca había parecido tan humano.

Nadie habló. Brett y Treth contemplaron la matanza. Aquello era distinto de lo que habíamos visto en Europa. Aquel era nuestro hogar.

Cerré los ojos, conmocionada. No quería creerlo. No podía.

La Línea de los Tres Puntos había caído. Tal vez solo la primera sección. Pero el resto no tardaría en seguirla.

Por primera vez en siglos, Hope City iba a ser invadida por una nación extranjera.

—Eso ha sido un precepto-Armagedón. Tenía que serlo.

Magia de guerra. Y debe de haberse iniciado al otro lado de la Línea de los Tres Puntos —explicó Candace, cuya voz delataba cierto miedo humano pese a su corrupción—.

Las barreras contra hechizos habrían detectado y contrarrestado una magia semejante si se hubiera iniciado en el lado de los Impi.

Y, con semejante potencia, necesitaría las lineas wey del Titán.

Por no hablar de utilizar la firma de hechizo de un mago de guerra de la CDF para sortear los resguardos.

Phillip apretó los puños y los golpeó contra la tierra antes de ponerse en pie. Tenía los ojos fríos. Como fuego helado.

Nunca lo había visto enfadado de verdad.

—Traidores, entonces —gruñó—. Los cazaré. Hasta los confines de la Tierra.

Y lo creí.

—Primero tendremos que cruzar —dijo Brett, con la voz aún temblorosa tras presenciar aquel apocalipsis localizado—. Todavía podemos dirigirnos al norte. Rodear la Línea de los Tres Puntos y atravesar el Karoo.

Esperar no era una opción. Teníamos que llegar a Hope City. No permitiría que mi gente librara aquella guerra sin mí.

Mi gente.

Había hecho falta una guerra en otro continente para que sintiera de verdad que lo eran. Para comprender que, pese a todo, Hope City significaba algo para mí.

—A estas alturas, el Karoo estará infestado de agentes de Goldfield. Y se nos acaba el tiempo —gruñó Phillip.

—Hay otro camino… —Themba vaciló.

—¿Dónde? —preguntamos Phillip y yo al unísono.

Themba señaló hacia la Línea de los Tres Puntos y sus fortificaciones humeantes y aniquiladas. Entonces comprendí que no señalaba la propia línea, sino lo que había debajo.

El barranco. Y las sombras que ocultaban sus horrores.