El Tiburón de Barcelona (Inspector Álex Cortés 14) 49
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El ambulancia cerró las puertas.

El camillero le dio un par de golpes a la chapa y subió por la puerta del copiloto.

Encendió las sirenas y se marchó.

—Le has salvado la vida —dijo Álex.

Karla miró cómo la ambulancia, entre curiosos, bajaba de la acera del edificio de Global NEXT y se marchaba. Cuando se perdió entre el tráfico, se giró.

—No, Néstor había enviado a alguien a limpiar un vómito inexistente solo para que la encontraran. Lo tenía todo calculado. No quería que muriera —dijo Karla.

—Néstor no quiere que muera alguien. Esto es nuevo —dijo Álex—. En fin, tenemos que marcharnos. Tenemos que llevar tus pruebas al juez. Conseguir una orden de detención para arrestar a Napoleón y detenerlo en un aeropuerto o allí por dónde esté intentando escapar.

Karla asintió.

—Vamos —confirmó ella.

Caminaron hasta el Seat Altea.

Subieron, sacaron la sirena y cuando fueron a arrancar, Álex recibió una llamada. Miró su móvil, era Alan.

Álex alargó la mano a Karla para que no arrancara el coche.

—¿Qué pasa, Alan? Tenemos prisa.

—No vas a tener una llamada mejor que esta en todo el día —dijo con orgullo—. Deberías besar por donde pisa el gran Obi-Alan Kenobi.

Álex arrugó el ceño.

—Déjate de rollos, Alan. Estoy a punto de ir al juez para una orden de arresto para Néstor.

—Oh, muy oportuno, claro. Pero ¿te acuerdas cuando me pediste que rastreara un coche imposible? De las grabaciones cerca del trastero y de la casa de tu hermana.

Álex se acomodó en el asiento.

—¿Qué has conseguido?

—Pues lo he hecho y he encontrado la cueva del mandaloriano. El escondrijo de Boba Fett. El recoveco más oculto donde ese tipo se ha metido.

—¿Sabes dónde está el escondite de Néstor? —preguntó con asombro.

—No solo eso.

—Dime dónde.

—Ya lo tenéis en el WhatsApp.

—Espera.

Álex se lo explicó a Karla y en su móvil lo miró y activó las indicaciones de cómo llegar hasta allí. Karla arrancó en dirección a ese lugar.

—He conseguido entrar, aunque me ha llevado varios días, en el blindado móvil de Ildefonso Lladó. Y adivina…

—No estoy para adivinanzas, Alan.

—Bueno, te lo adelanto. Las conversaciones entre ellos dos en los últimos días no tienen desperdicio. Pero lo más importante es que conseguí el número móvil personal de Napoleón Deulofeu. Y adivina…

—¡Alan!

—El móvil de Néstor está justo en la calle de su lugar secreto. Si os espabiláis, seguro que lo encontraréis allí.

Álex dio un manotazo en el salpicadero.

—Alan, eres un maldito crack .

—No, con halagos no hago nada. Quiero entradas vip para el estreno de la próxima película de Star Wars para mí y para Laura.

Álex arrugó el ceño.

—¿Para ti y para quién?

—Ups —dijo, y hubo un momento de silencio—. En fin, tengo que dejarte, tengo mucho trabajo. Espabilaos… —dijo, y colgó.

Álex se giró hacia Karla.

—Acelera, puede que cojamos a ese maldito —ordenó Álex, y luego añadió, incrédulo—. ¿Tú sabías algo de lo de Alan con Laura?

Ella lo miró de reojo con una ceja levantada y negando con la cabeza.

—Álex, eres tan torpe… Se veía a una legua.