El Tiburón de Barcelona (Inspector Álex Cortés 14) 33
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A la mañana siguiente, Álex se despertó con una frase en la mente.

La había dicho Miquel Buñol antes de marcharse. Una frase que dejó perplejos a los dos policías.

«Prepárense para lo que nos caerá encima».

Esa frase encapsulaba mucho más de lo que se esperaba de un abogado.

Antes de dormir, Karla y Álex estudiaron esa frase que englobaba más información de la que parecía.

¿Qué sabía ese abogado?

¿Para qué tenían que prepararse?

Y, sobre todo, que en su frase decía «lo que nos viene encima». Ese «nos» era muy inquietante.

¿Estaba ocultando información?

Pensaba comunicarlo al juez y obtener una autorización para investigar y conseguir toda la información.

Pero eso vendría después del briefing que estaba a punto de empezar en la sala de la comisaría.

Todos estaban expectantes. Querían explicar sus propias averiguaciones y, sobre todo, aquello que creían que podía servir a la investigación.

El único punto débil era que el inspector Lezcano estaba presente.

Según había indicado el juez, podía estar allí.

A pesar de eso, a Karla le daba grima ese hombre.

Su sexto sentido la advertía de que, cuanto más lejos estuviera de Lezcano, mejor.

A Álex, en cambio, no, ya que estaba más concentrado en cómo demostrar que Néstor era Napoleón.

Álex arrancó el briefing indicando que la viuda de Ildefonso Lladó les había mostrado una grabación del marido antes de que se suicidara. Allí había una pista que conducía hasta el abogado de la Avenida Diagonal.

—Lo único que ha querido decir es una frase que nos ha dejado casi sin dormir en toda la noche: «Prepárense para lo que nos caerá encima».

Y se quedó mirando a los componentes del grupo.

En las sillas estaban Víctor e Iván, luego, Laura y Júlia, detrás, Alan, y Lezcano, en una punta de la primera fila. En el otro extremo, Karla. Y cerca de las ventanas, en riguroso silencio, Natalia Navarro, la nueva jefa.

—Venga, ¿quién empieza? —dijo Álex.

Alan fue el primero en levantar la mano.

—Después de obtener las contraseñas del ordenador de Ildefonso, pude entrar en los correos. He averiguado que entre los empleados de Aurum VIP Capital se habla de un tema en código. El NAP-INV.

—¿Qué es? —preguntó Álex.

—No lo sé. No lo he averiguado aún. Por otro lado, también hay muchos correos que hablan de un fondo extraordinario con un producto milagroso: Imperial Strategic Solutions.

Álex asintió.

—¿Qué más?

—Con las claves que consiguieron las chicas, he podido también entrar en el CRM y he visto que las inversiones de los clientes de Ildefonso están repartidas de forma diferente en el tiempo.

Antes, era un cincuenta por ciento en inmuebles y el resto, en bonos y en fondos.

Pero desde hace unos años, el tanto por ciento ha ido cambiando y cogiendo protagonismo un fondo en concreto con el ochenta por ciento de las inversiones; el resto, en bonos e inmuebles. ¿Adivináis qué fondo es?

—El Imperial Strategic Solutions —dijo Karla.

—¡Bingo! Además, he encontrado un correo de Ildefonso que habla de las rentabilidades de este fondo «mágico» —dijo Alan, haciendo un movimiento en el aire recordando a un mago—. ¿Y cuáles son estas rentabilidades?

Empezó a leer los tantos por ciento que aparecían en el correo.

Enero: 0,91 %

Febrero: 0,98 %

Marzo: 0,93 %

Abril: 0,90 %

Mayo: 1,10 %

Junio: 0,99 %

Julio: 0,89 %

Agosto: 1,12 %

Septiembre: 1,06 %

Octubre: 0,99 %

Noviembre: 1,23 %

—¿Sabéis qué es esto? —preguntó Alan.

El informático forense no respondió enseguida a su pregunta. Esperaba que los demás pensaran, pero, al ver que nadie se atrevía, lo hizo él.

—Esto no es inversión, Álex. Es una línea dibujada con regla.

El sargento afinó los ojos.

—No te entiendo. ¿A qué te refieres?

—Es una estafa, Álex. Una estafa tan grande como una catedral.

Álex abrió los ojos de par en par. Hasta Lezcano, que durante toda la explicación del informático se había quedado mirando la pizarra, al oír la palabra estafa, se dio la vuelta.

—¿Cómo dices, niño? —preguntó Lezcano.

Alan había dejado a todos atónitos.

—¿Desde cuándo eres un experto en finanzas? —preguntó Karla.

—Mirad, la confirmación nos la ha dado el abogado de Ildefonso Lladó. Si consideramos la frase: «Prepárense para lo que nos caerá encima», eso quiere decir que está a punto de estallar la burbuja. Y mucha gente perderá mucho dinero.

Álex dio un paso adelante y le hizo un gesto con las manos.

—Frena, Alan. Esto que dices es muy grave.

—Los hechos son estos. Tres directores. Tres financieros que han metido dinero de sus clientes en fondos que no existían y, antes de que todo esto estalle, se han quitado la vida.

Todo cuadra, ¿no crees? —dijo Alan, dejando un segundo de silencio—.

Y eso no es todo. Adivina qué he encontrado en los CRM de Damià Roca y de Berta Soler Aragonés.

Unas inversiones en un fondo de las islas Caimán que se llama Imperial Strategic Solutions —dijo Alan, y chasqueó la lengua—. Blanco y en botella.

Álex se cruzó de brazos.

—¿Cómo sabes que es una estafa, niño? —preguntó Lezcano.

—Nadie da una rentabilidad sostenida en el tiempo con esos números. Menos aún si se trata de un esquema Ponzi. Tenemos varios casos de esto: Madoff, la empresa alemana Wirecard y alguno más.

—¿Y lo has descubierto tú y no los cerebritos del estudio de financiación que mueven millones? —insistió Lezcano—. No creo que Ildefonso cayera en eso. No creo que sea esto, la verdad.

Álex miró a Lezcano, pero luego apuntó a Alan.

—Este tío es muy bueno. Si él lo dice, por lo menos hay que averiguar si puede ser una posibilidad. Hay que seguir con esta pista.

Lezcano no estaba muy convencido.

—Alan, ¿qué es exactamente Imperial Strategic Solutions?

—No lo sabemos. Hay que averiguarlo o preguntar a la empresa de Ildefonso qué hay detrás.

—Hay algo más, jefe.

—¿Qué has descubierto, Iván?

—Hay un patrón que hemos identificado en las cartas de despedida. Los tres directores se quitaron la vida por culpa, no por miedo. Lo que identificamos no es que temieran por su vida. No tenían a nadie que los amenazara. Nada de eso. Lo que respiran esas cartas es culpabilidad, ¿me explico?

—Claramente —afirmó Álex—. Esto coincide con haber invertido el dinero de sus clientes en un fondo que no existía y que, probablemente, perderán.

—Eso parece.

—No sabemos si esta es la causa por la que tomaron la decisión de suicidarse, pero hay que averiguar quién hay detrás del fondo de las islas Caimán.

—Imperial Strategic Solutions —puntualizó Karla.

—Eso.

—Tenemos que llamar a los de la CNMV —dijo Karla.

—Será más fácil hablar con María Collgros, la directora de Aurum VIP Capital —dijo Álex.

—Buena idea —dijo Karla—. Podemos dividirnos.

Alan levantó la mano.

—Yo tengo que seguir investigando los correos de Ildefonso y los de Berta y Damià.

—Perfecto —añadió Álex—. Karla y yo iremos a hablar con María Collgros, a ver si nos dice quién está detrás del fondo en cuestión.

Necesitamos una orden judicial para intervenir la información del abogado de la familia Lladó.

Y vosotros —dijo Álex a los cuatro agentes—, seguid escudriñando estos papeles, seguro que averiguamos algo más.

Álex bajó de la tarima y se dirigió a su jefa.

Natalia no había dicho nada en toda la reunión.

—¿Te parece bien el plan?

—La operación es vuestra, yo solo estoy por si puedo ayudar.

Álex asintió y notó que lo cogían del brazo.

—Yo voy contigo, Cortés. Quiero saber quién está detrás de todo esto. A lo mejor puedo servir para algo —dijo Lezcano mientras Álex veía la expresión de Karla, que se enojaba por momentos.