El Tiburón de Barcelona (Inspector Álex Cortés 14) 22
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Cuando regresaron a la comisaría, Iván y Víctor estaban en silencio.

La atmósfera de la sala de briefing se parecía más a una biblioteca que a una comisaría. Estaban escudriñando papeles y más papeles.

—Veo con gusto que estáis trabajando —dijo Júlia.

Iván solo levantó la cabeza, pero Víctor se alzó y fue hacia ella.

—¿Cómo estás? ¿Necesitas algo? ¿Quieres que vaya a buscarte un café, un agua o un zumo?

Ella pasó al lado sin dignarse ni a mirarlo.

—¿Hola? —insistió Víctor.

—No, gracias. Vengo de fuera y no necesito nada.

El muchacho sonrió forzadamente.

—¿Qué habéis encontrado? —preguntó Iván.

—Laura está subiendo las cuentas de todos los clientes de Ildefonso Lladó y las claves del servidor de Aurum VIP Capital.

Alan entrará y sacará todos los correos y veremos qué encontramos.

Además, meterá todas las cuentas en un sistema para ver qué pasó con sus clientes en los últimos meses —afirmó con satisfacción—.

¿Y tú, bueno, vosotros, qué habéis encontrado?

Iván se volvió a sentar.

Víctor regresó a su puesto y estiró los brazos y las piernas mientras bostezaba con la boca abierta.

Júlia intentó no mirar el espectáculo.

—Hemos encontrado un detalle —dijo Iván—.

Hemos observado, bajo lupa, el texto de las cartas que las otras personas han dejado a sus correspondientes empresas.

Tanto Damià Roca Vilardell como Berta Soler Aragonés e Ildefonso Lladó Maristany usan unas palabras concretas y parecidas.

Y ninguno de los tres, en principio, podría haber leído las cartas de los otros, porque es una información sensible que no ha trascendido a la prensa.

Júlia asintió.

—¿Y habéis encontrado un patrón?

—Los tres usan estas frases: «Ha pasado algo grave». «No todo es como parece». «No puedo explicarlo aquí». «Hay documentos que no reconozco». «No confiéis en ciertas firmas».

—No entiendo —dijo Júlia.

—Sí, verás, el patrón que hemos encontrado hace referencia a un tema que es muy evidente —afirmó con un tono de satisfacción, casi de orgullo, al haberlo descubierto—. Se necesita ver las tres cartas, si no, no parece una coincidencia. Los tres se quitaron la vida por culpa, no por miedo.

Júlia arrugó la frente y en ese momento entró Laura.

—¿Qué me he perdido?

Júlia le hizo un gesto con la mano.

—Espera, luego te lo explico —dijo a la compañera, y le indicó a Iván que siguiera—. No lo pillo.

Iván suspiró y se pasó la lengua por los labios. Buscó las mejores palabras que podía y volvió a subir la vista para mirarla a los ojos.

—Esto es clave, Júlia. Estas tres personas no se han suicidado porque alguien los hubiera amenazado o porque estuvieran en peligro o bajo un chantaje —dijo, y negó—.

Creo que es más sibilino, más agudo. Estos tres financieros se han suicidado por culpa, por un error que han cometido.

Tenemos que ver eso. Esa es la línea de investigación.

La frase fue un detonante. Júlia abrió los ojos como platos. Los tenía marrones, grandes y muy abiertos.

Todos se quedaron callados por unos instantes hasta que Júlia miró a la compañera.

—Laura, tenemos que llamar enseguida a los despachos de los otros dos. No hay tiempo de ir allí. Tenemos que pedir lo mismo que pedimos a María Collgros y cruzar la información.

Laura asintió y luego subió un dedo.

—¿He entendido bien lo que dice Iván? ¿Estamos buscando un móvil de culpabilidad? ¿De error administrativo?

—Sí, casi estratégico —añadió Víctor, mirando a Júlia.

Laura asintió y Júlia apartó la mirada de Víctor. Luego, se fue directa a la puerta.

—Vamos, Laura, a trabajar —afirmó mientras salía y huía de Víctor y de sus miradas.

Las dos se sentaron en sus escritorios y llamaron a los despachos financieros. Primero, al Banc Marítim Català, donde trabajaba Damià Roca Vilardell. Luego, a Soler & Brunet Family Office, donde trabajaba Berta Soler Aragonés, la prima del mayor Aragonés.