17
Álex pudo comprobar esa mañana que todos los periódicos en sus primeras páginas y los informativos arrancaban con la noticia del día.
Álex quedó estupefacto.
¿Cómo habían relacionado los sucesos?
Las muertes de los tres financieros eran ya un tema público. Ya no era solo un indicio a investigar como dijo el juez, ni era una pista, no, la prensa se agarró a ello como un clavo ardiendo.
Tres muertes relacionadas.
A los medios de comunicación les gustaban esos temas. De pronto, de casos aislados, empezaron a crear una ola de profecías y conspiraciones sin precedentes.
Álex bebió el café en la cafetería y se marchó con un café con leche para Karla. Ella ya lo estaba esperando en la sala de briefing .
Allí estaba el equipo al completo. En la pizarra, seguían los tres nombres y nada más. Las cajas en la pared iban disminuyendo y las pilas de carpetas y folios en las mesas seguían creciendo.
—Buenos días —saludó Álex al equipo—. No tenemos tiempo…
El sargento se detuvo al escuchar que alguien llamaba a la puerta.
Enseguida se abrió y apareció la nueva y flamante jefa, Natalia Navarro.
—Siento molestar, pero me gustaría añadirme a vosotros para escuchar. ¿Te importa, Álex?
Él se quedó perplejo. No estaba acostumbrado a esos modales tan gentiles y preocupados.
Le indicó que entrara. Ella dio las gracias, saludó al equipo y se colocó en el mismo lugar del día anterior, al lado de la ventana.
—Alguien ha filtrado las noticias, seguro —dijo, y miró por un segundo a todo el equipo—.
Y sé que ninguno de vosotros ha sido, lo sé.
Puede que alguien de otra comisaría haya sumado dos más dos.
O alguien del juzgado. Aunque, al final, da bastante igual.
La viuda no nos ha dicho mucho. Solo que llevaba unos días distante, nervioso y que incrementó notablemente los momentos que miraba el ordenador portátil de la empresa.
—Dicho eso, sus ojos cayeron en el informático forense—. ¿Qué has descubierto, Alan?
Alan bajó la mirada y midió sus palabras.
—Este no es un ordenador convencional. Es un thin client , un cliente ligero corporativo conectado a una infraestructura VDI.
No tiene almacenamiento local útil ni sistema operativo completo.
Arranca con un firmware mínimo, autentifica contra un directorio centralizado y abre una sesión remota mediante RDP, Citrix HDX, VMware Blast o PCoIP.
Todo lo importante está en el servidor: perfiles, aplicaciones, documentos, logs, sesiones y permisos.
Aquí, como mucho, encontraremos configuración de red, MAC, certificados, caché residual o el bróker de conexión.
Álex lo miró en silencio y sacudió la cabeza.
—Para, por favor, para niños de tres años, Alan.
Alan suspiró y se dio dos golpecitos en la sien.
—Es una tele con teclado. Parece un ordenador, pero no lo es. Lo enciendes, se conecta a otro sitio y te enseña lo que hay allí. Como una ventana. Tú ves el escritorio, abres carpetas y mueves archivos, pero nada vive dentro de la caja.
—O sea, que aquí no hay nada.
—Casi nada. Si queremos encontrar alguna prueba, tenemos que ir al servidor. Este trasto solo enseña la película. La película se proyecta en otro sitio.
—¿Y qué tenemos que hacer?
—Pedir las claves de su usuario a su jefa.
Álex se extrañó.
—¿Pero esto no lo sabían? Esta gente de Aurum VIP Capital, ¿crees que no sabían que nos daban una caja tonta?
Alan bufó.
—Claro que lo sabían. Pero han quedado bien y nos han hecho perder el tiempo.
Álex se pasó una mano por la cara.
—Laura, Júlia. Ocupaos de esto. Llamad a María Collgros y que os facilite las claves de su perfil.
Alan siguió.
—Si ya no es demasiado tarde. Quizá han querido verlo antes de darnos las claves y hayan borrado información.
Álex negó.
—Esperemos que no —dijo, e indicó la pizarra—. ¿Descubristeis algo ayer?
Júlia levantó la mano.
—¿Sí? —preguntó Álex.
—Hemos barajado varias hipótesis, pero aún no tenemos nada concreto. Estos papeles son muchos y hay mucha morralla. Sería mejor analizar correos y mensajes.
Álex asintió.
—¿Qué teorías tenéis?
—De los clientes que gestionaba, necesitamos seguir el dinero. Puede que estemos delante de un blanqueo de capital, necesitamos ver las cuentas y las operaciones extranjeras. Quizá estamos ante una trama de mafias encubiertas o algo por el estilo.
Álex asintió.
—Estamos tan en alta mar que seguimos con teorías —dijo Álex—.
Pero es una buena idea. Pedid a María Collgros todos los extractos de los clientes de Ildefonso y a ver de dónde viene y a dónde va el dinero.
Todas las operaciones. Si no os dan los listados, hablamos con el juez Delgado o con la CNMV o algo así —dijo, y suspiró—.
Por cierto, Alan, ¿has podido entrar en el móvil de Ildefonso?
Alan negó con la cabeza.
—Está más seguro de lo que pensaba.
Álex asintió y se giró hacia la jefa.
—¿Alguna pregunta?
Ella levantó las manos y se abstuvo de decir nada.
—Bien, entonces, Karla y yo iremos al funeral de Ildefonso.
Álex miró a Karla y los dos se marcharon. El día empezaba con mucho trabajo, con muchas preguntas y ninguna respuesta.