El testigo que murió dos veces (Los casos de Rivas 5) CAPÍTULO 29 #2
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CAPÍTULO 29 #2

—No. El anexo demuestra qué se solicitó, pero todavía no hemos encontrado los documentos finales. Tampoco sabemos si se utilizaron en algún trámite oficial.

—¿Y quién dio las instrucciones?

—La solicitud aparece vinculada al mismo intermediario que contrató el servicio. El nombre del cliente final sigue sin figurar en las copias que conservamos.

Volví a leer la relación.

Hasta entonces habíamos investigado la creación de una segunda identidad. Ahora teníamos una finalidad documental más precisa: hacer que esa identidad pareciera tener un pasado.

Examiné la anotación que Andrés había conservado entre sus archivos:

«Lo que firmé no era lo que me dijeron».

—¿Podemos demostrar que Andrés conocía esa finalidad?

—Sabemos que estuvo presente en la entrega. Su nombre aparece como testigo en el registro y en el acta que conservaba. Pero eso no demuestra que conociera todo lo que contenía el sobre.

Marta había conseguido también una correspondencia más precisa entre aquella operación y las empresas relacionadas con Alborán Patrimonial.

La solicitud se había tramitado mediante un intermediario que prestaba servicios a sociedades de aquel entorno. La referencia interna coincidía con una relación de encargos conservada en los archivos que estábamos examinando por el caso de Irene.

—Entonces la operación no nació de la empresa de Andrés —comenté.

—No hay indicios de que fuera suya. Intervino como testigo en una entrega organizada por terceros.

—¿Y el destinatario?

—El registro confirma que una persona recogió el sobre, pero la copia conservada no permite identificarla. Tampoco sabemos si era quien iba a utilizar la identidad alternativa.

Aquella distinción importaba.

Una persona podía contratar el servicio, otra recoger los documentos y una tercera ser la destinataria real de la identidad preparada.

—¿Qué relación podemos acreditar con Irene? —pregunté.

—La solicitud se tramitó mediante proveedores vinculados a las sociedades que investigamos por su muerte. Sabemos que varias personas de aquel entorno podían utilizar sus servicios, pero todavía no podemos atribuir este encargo a ninguna de ellas.

—¿Y Andrés?

—Su firma acredita que estuvo presente durante la entrega. El anexo no lleva su nombre y desconocemos si llegó a conocer esas instrucciones.

Volví a pensar en la anotación que Andrés había conservado entre sus papeles.

—¿Y si descubrió después que había presenciado algo distinto de lo que le explicaron?

—Es posible. Pero aún no podemos asegurar que aquella frase se refiriera a este encargo.

Marta esperó mientras examinaba las fechas del anexo.

—Hay una diferencia importante respecto a lo que sabíamos —añadió—.

Quien encargó aquella documentación quería que la segunda identidad pareciera anterior a septiembre de 2014.

Preparar unos papeles para cambiar de nombre es una cosa.

Construir antecedentes de residencia y actividad profesional con fechas previas es otra.

—¿Podría utilizarse para justificar dónde había vivido o trabajado alguien?

—Esa es una posible finalidad. No tenemos constancia de que llegaran a emplearse esos antecedentes, ni sabemos qué necesitaba acreditar la persona para quien se preparaban.

Miré de nuevo el acta.

Andrés había intervenido como testigo en una entrega relacionada con una identidad alternativa. Eso ya lo sabíamos. Ahora teníamos indicios documentales de que alguien pretendía dotar aquella identidad de un pasado administrativo.

El encargo estaba conectado con proveedores del entorno empresarial de Irene, pero seguíamos sin conocer a su promotor real, al beneficiario o el uso previsto para los documentos.

Tampoco existía una conexión acreditada entre aquella operación de 2014 y la falsa muerte de Andrés tres años después.

—Quiero que intentemos localizar el documento de recepción original —dije—. Especialmente la identificación de quien recogió el sobre.

—Estoy en ello. También he encontrado una referencia complementaria que necesito contrastar antes de enviártela.

—¿Relacionado con la identidad?

—Con las personas que utilizaron aquel servicio durante 2014. Hay varias anotaciones y prefiero comprobarlas con los registros de entonces.

Acordamos revisar juntos la documentación cuando dispusiéramos de las copias certificadas.

Después de colgar, separé los papeles de Alicante de las actuaciones correspondientes al incendio.

Andrés había conseguido utilizar otra identidad desde 2017 mediante un DNI expedido con antecedentes documentales falsificados.

Aquella operación le permitió construir una vida administrativa diferente después de su supuesta muerte.

Tres años antes, sin embargo, había intervenido como testigo en una entrega documental de Alicante destinada a facilitar una identidad alternativa a otra persona.

La coincidencia en el tipo de encargo no demostraba que ambas operaciones estuvieran relacionadas.

La firma de Andrés seguía siendo una pieza de aquella historia.

Lo que había dentro del sobre y quién debía utilizarlo permanecían sin resolver.

Lucas llegó a última hora de la tarde con su madre.

La doctora Sampedro les había comunicado personalmente los resultados definitivos y explicado los trámites que continuarían bajo supervisión judicial.

Esta vez no venían para recibir una identificación provisional. Querían saber cómo podrían organizar la despedida de Saúl.

Su madre llevaba un sobre pequeño que colocó sobre la mesa cuando nos sentamos.

—Les dije que traería una fotografía —comentó.

Lo abrió y sacó una imagen de un hombre joven, vestido con una camisa de cuadros. Estaba sentado en una terraza y sonreía hacia alguien situado fuera del encuadre.

—La hicimos el verano antes de que desapareciera.

Lucas se inclinó para mirarla.

—Fue en casa de mis tíos. Se había pasado toda la mañana arreglando una moto que luego no arrancó.

Su madre sonrió apenas.

—No arrancó porque había desmontado algo que no debía.

Me acercó la fotografía.

—Quiero que esta sea la que pongamos cuando podamos despedirlo.

Le expliqué los pasos pendientes para regularizar el enterramiento y las opciones que podrían estudiar con el servicio funerario cuando las autorizaciones estuvieran disponibles.

Lucas preguntó por el procedimiento de revisión de las actuaciones de 2017.

—No quiero que se olvide lo que ocurrió —dijo—. Mi madre y yo preguntamos durante años y nos dijeron que no había nada que investigar.

—Su solicitud de 2019 forma parte de la documentación que se está revisando. También se investigan las aportaciones falsas y las decisiones que permitieron mantener aquella identificación equivocada.

—¿Van a pedir responsabilidades?

—Las actuaciones correspondientes continúan abiertas. No todas dependen de la investigación por la muerte de Andrés.

Lucas miró a su madre.

—Tenemos que seguir con eso.

Ella recogió la fotografía antes de responder.

—Tú puedes seguir preguntando, Lucas. Yo quiero preparar lo de tu hermano.

—Mamá, una cosa no quita la otra.

—Ya lo sé.

Guardó la imagen dentro del sobre y después volvió a sacarla.

—Pero llevo nueve años esperando a saber dónde estaba. Ahora quiero hacer algo por él.

Lucas dejó de mirar los documentos que había traído y acercó su silla.

—Lo haremos como tú quieras.

Su madre negó con la cabeza.

—Como queramos los dos.

Hablaron unos minutos sobre las personas a las que deberían avisar. Había familiares que continuaban viviendo fuera de Madrid y antiguos amigos de Saúl con los que apenas habían tenido contacto desde su desaparición.

Lucas sacó el teléfono para comprobar un número. Su madre le recordó el nombre de un compañero de trabajo al que quería localizar.

Me aparté para darles tiempo.

Cuando terminaron, Lucas guardó el móvil y su madre volvió a introducir la fotografía en el sobre.

—Inspector, ¿podemos quedarnos con una copia del informe?

Le expliqué cómo obtener la documentación que les correspondiera por los cauces establecidos.

—Quiero guardarlo con sus cosas —dijo—. Ya sé lo que pone, pero quiero tenerlo.

Lucas la ayudó a levantarse.

Antes de marcharse, ella abrió otra vez el sobre y comprobó que la fotografía seguía dentro. En el reverso había una fecha escrita a bolígrafo y, debajo, el nombre de Saúl.

Su madre repasó las letras con un dedo, cerró el sobre y se lo entregó a Lucas para que lo guardara.

Salieron juntos, hablando de a quién llamarían aquella noche.