El testigo que murió dos veces (Los casos de Rivas 5) CAPÍTULO 27 #2
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CAPÍTULO 27 #2

En uno de los cajones de su archivo profesional encontramos una funda de plástico que contenía documentación antigua de varios edificios utilizados por clientes de la asesoría.

Había facturas, autorizaciones de acceso y contratos de mantenimiento.

Entre ellos aparecía una hoja fechada en 2019, correspondiente a las oficinas de Santa Engracia.

La referencia coincidía con el préstamo que Raquel Montes nos había descrito.

La funda que había contenido la tarjeta estaba vacía.

—¿Dónde está la autorización? —pregunté.

Verónica consultó brevemente con su abogada.

—No recuerdo conservar ninguna tarjeta de aquel edificio.

—Esta documentación indica que recibió una.

—Trabajé con muchas empresas. No puedo recordar todas las tarjetas que utilizaron sus empleados.

No continué interrogándola. Su explicación quedó reflejada y seguimos con las diligencias autorizadas.

En un armario de archivo encontramos varias carpetas relacionadas con la antigua empresa de Andrés. Algunas contenían documentación de 2017 que ya conocíamos y justificantes conservados desde el cierre de la sociedad.

Entre aquellos papeles había una hoja doblada, identificada como «Relación de entregas. 2017». En su encabezado figuraba la indicación «Página 1 de 6».

Reconocí el título del archivo que Andrés había enviado a imprimir la mañana del asesinato.

—Esta hoja corresponde a la primera página de la relación que recuperamos de su ordenador —comenté.

El técnico examinó el documento antes de recogerlo.

—Podemos comparar su contenido y sus características de impresión. Eso no demuestra todavía que sea la misma hoja que salió de la impresora de Santa Engracia.

En uno de los pliegues se apreciaba una pequeña mancha oscura. El técnico la fotografió sin intentar determinar su composición.

—Quiero que se examine por separado —dije—. Y que se conserve tal como la hemos encontrado.

Verónica observaba desde la puerta, acompañada de Isabel.

—Es documentación de una sociedad que administré durante años —explicó—. No me sorprende que encuentren papeles relacionados con Andrés.

—Comprobaremos su procedencia.

—Eso espero.

Su respuesta podía explicar la presencia de muchos expedientes antiguos en aquel despacho. Sin embargo, aquella hoja tenía el mismo título y numeración que el documento preparado por Andrés poco antes de morir. Necesitábamos establecer cuándo había llegado a manos de Verónica.

El vehículo de Verónica permanecía estacionado en un aparcamiento próximo a su despacho.

Los agentes encargados de la diligencia documentaron su estado exterior y el contenido antes de examinar las zonas autorizadas.

En el maletero había una bolsa plegable, material de oficina y varios objetos personales.

También encontramos pequeñas partículas adheridas a la superficie lateral, cerca del revestimiento interior.

Pilar, que participaba en la actuación con su equipo, examinó la zona antes de que se recogieran las muestras.

—Hay restos de distinta naturaleza —explicó—. Algunos parecen fibras y otros podrían proceder de papel o cartón. Necesito estudiarlos.

Molina señaló una pequeña marca oscura junto a la unión del revestimiento.

—¿Y esto?

Pilar se acercó con una lámpara.

—Podría ser una mancha antigua. Vamos a documentarla y recoger lo necesario para comprobar su composición.

—¿Sangre? —preguntó.

—Todavía no lo sabemos.

Me indicó que no tocáramos aquella superficie.

Los técnicos continuaron trabajando mientras nosotros revisábamos las actuaciones.

No apareció el maletín marrón que había descrito Belén y que el conductor recordaba haber colocado en el vehículo contratado.

Tampoco encontramos la tarjeta de Santa Engracia.

La ausencia de ambos objetos no anulaba los datos reunidos, pero dejaba cuestiones esenciales pendientes.

Antes de terminar, Pilar me mostró las referencias asignadas a las muestras.

—Las compararemos con el material de la escena y con las muestras de referencia que corresponda utilizar. Hasta entonces, no atribuyáis nada.

—Lo sé.

—Prefiero recordártelo ahora que discutir después por una frase de más en un informe.

Molina, que estaba junto al vehículo, intervino.

—Esta vez no iba a decir nada.

—También me preocupa cuando estás callado —respondió Pilar.

Regresamos al despacho de Verónica cuando los agentes terminaron las actuaciones principales.

Isabel Ferrer había permanecido con ella y revisaba la relación de los efectos intervenidos.

Verónica estaba sentada detrás de su mesa.

—¿Han terminado? —preguntó.

—Las diligencias en este lugar, sí —respondí—. Se le facilitará la documentación correspondiente.

Miró hacia las cajas que los agentes habían preparado.

—Se llevan expedientes de clientes que no tienen nada que ver con Andrés.

—La intervención se ha limitado a los documentos y efectos comprendidos en la autorización. Las cuestiones sobre terceros quedarán protegidas conforme al procedimiento.

Su abogada examinó una última referencia antes de cerrar la carpeta.

Verónica se dirigió nuevamente a mí.

—Supongo que ahora van a decir que estuve en Santa Engracia.

—Tenemos pruebas de que contrató dos desplazamientos hasta aquella zona y desde ella durante la mañana del homicidio.

Verónica mantuvo la mirada.

—Tenía varios asuntos que resolver antes de viajar.

—También hemos comprobado que una tarjeta que recibió en 2019 se utilizó para entrar en el edificio.

Isabel intervino.

—Mi clienta no va a responder ahora sobre esas cuestiones.

—Está en su derecho.

Verónica bajó la vista hacia el documento que sostenía su abogada.

Durante unos segundos escuchamos a los agentes terminar de cerrar las cajas en la habitación contigua.

Después preguntó:

—¿Han encontrado lo que buscaban?

—Hemos localizado documentación que debemos examinar.

—Entonces examínenla.

Isabel dio por terminada la conversación.

Antes de salir, le expliqué a Verónica que las actuaciones continuarían y que cualquier nueva declaración se organizaría con todas las garantías correspondientes.

No respondió.

Al regresar a comisaría, revisé con Molina las pruebas que ya estaban incorporadas.

La tarjeta había estado en poder de Verónica en 2019. Los registros demostraban que alguien la utilizó el lunes y el martes del homicidio.

Los dos desplazamientos contratados desde su cuenta profesional situaban a una pasajera identificada con ella en las inmediaciones de Santa Engracia, antes y después del intervalo investigado.

El conductor recordaba un maletín marrón.

Y una hoja encontrada en su despacho llevaba el título y la numeración de la primera página de «Relación de entregas. 2017», aunque todavía no podíamos acreditar que fuera la misma hoja impresa en Santa Engracia. La carpeta «Identificación y entregas» continuaba sin localizar.

—¿Tenemos suficiente? —preguntó Molina.

—Suficiente para sostener que nos ocultó información relevante y para continuar las actuaciones contra ella. La reconstrucción del homicidio todavía necesita los resultados de Científica y comprobar de dónde proceden esas hojas.

Molina examinó los horarios.

—Si entró a las nueve y cuarenta y siete, pudo permanecer en el despacho hasta poco antes de las diez y dieciséis.

—Es compatible con los registros. Habrá que demostrar qué sucedió durante ese tiempo.

Se quedó mirando la fotografía de Andrés.

—Sabía que tenía que explicar lo ocurrido en 2017. Había preparado documentos y contactado con varias personas. Y Verónica conocía sus intenciones.

—Eso ya podemos acreditarlo.

—También sabemos que ella estuvo en las inmediaciones del edificio, aunque lo negó.

Cogí la declaración que Verónica había prestado durante nuestra primera entrevista.

En aquella ocasión había afirmado que no conocía la identidad de Rubén Otero y que no había acudido a Santa Engracia.

Ahora la documentación exigía confrontar ambas afirmaciones con hechos concretos.

Llevé el conjunto de diligencias al responsable de la unidad para valorar las actuaciones siguientes y su comunicación a la autoridad judicial.

Cuando regresé, Molina continuaba en su mesa, revisando la secuencia de accesos.

—¿Qué hacemos con la tarjeta? —preguntó.

—Seguir buscando el original. También quiero que Científica examine las hojas intervenidas y compare las muestras del vehículo con las que tenemos del despacho.

Molina se levantó para entregar las referencias correspondientes.

Me quedé con la declaración de Verónica abierta sobre la mesa.

Habíamos conseguido demostrar que su relato de aquella mañana no se correspondía con los movimientos que estábamos reconstruyendo.

Quedaba establecer qué había ocurrido entre Andrés y ella.

Cerré la declaración y la incorporé a las diligencias que prepararíamos para la siguiente intervención.