CAPÍTULO 25
Dos cuerpos y un nombre
El informe preliminar de Medicina Legal no identificaba todavía los restos de 2017 como pertenecientes a Saúl Ibáñez, pero contenía un resultado que cambiaba considerablemente lo que sabíamos sobre aquel incendio.
Habían obtenido material genético suficiente para comparar las muestras recuperadas durante la revisión de la sepultura con las referencias familiares facilitadas a los investigadores.
Los resultados señalaban una relación de parentesco de una fuerza estadística muy elevada con la madre de Saúl.
Pilar me esperaba en una sala del Instituto de Medicina Legal, acompañada de la especialista responsable del análisis. Sobre la mesa había una copia del informe y varias fotografías que todavía no había examinado.
—Quiero que escuches primero las conclusiones —me dijo.
La especialista, la doctora Clara Sampedro, señaló el apartado de identificación.
—Hemos trabajado con dos muestras óseas obtenidas durante la revisión autorizada judicialmente. El estado de conservación ha dificultado el proceso, pero hemos recuperado información genética útil.
—¿Podemos compararla con Andrés Mena?
—Ya lo hemos hecho. Los perfiles no corresponden a la misma persona. La comparación con las muestras de referencia obtenidas del cadáver encontrado este año permite excluir que sean sus restos.
Aquella conclusión confirmaba mediante una prueba independiente lo que la identificación dactiloscópica de Andrés había obligado a investigar.
—¿Y Saúl?
Clara pasó a la siguiente página.
—La comparación con la muestra facilitada voluntariamente por su madre ofrece un resultado muy favorable a la relación maternofilial. También hemos examinado los datos familiares disponibles para valorar otras posibilidades.
Pilar me entregó una copia de las conclusiones.
—¿Qué falta para cerrar la identificación? —pregunté.
—Completar la verificación independiente de una segunda extracción y emitir el informe definitivo. También debemos mantener las comprobaciones de correspondencia entre los restos examinados y el enterramiento documentado.
La doctora dejó el informe abierto.
—Con los datos actuales, Saúl Ibáñez es una identificación fuertemente respaldada. Pero todavía no quiero que se presente a la familia como una conclusión formal cerrada.
—¿Podemos comunicarles lo que sabemos?
—Con las autorizaciones correspondientes y explicando claramente el estado del procedimiento. Es preferible que reciban una información precisa a que conozcan únicamente rumores sobre una identificación que sigue verificándose.
Le pregunté si habían podido determinar algo más sobre las circunstancias de la muerte.
—Las lesiones térmicas son importantes. Estamos revisando los estudios originales y los resultados de las nuevas pruebas. No podemos establecer todavía si falleció a consecuencia del incendio ni excluir otras circunstancias solamente por el estado de los restos.
Pilar cerró la carpeta de fotografías.
—Eso pertenece a la reconstrucción de 2017. Hoy tenemos una identificación que comprobar.
Volví a mirar el informe.
Durante nueve años, Lucas había intentado demostrar que su hermano podía haber muerto en aquel almacén. En 2019 había solicitado expresamente que se investigara esa posibilidad, pero entonces le habían respondido que el cadáver encontrado ya estaba identificado.
Ahora disponíamos de una prueba genética que relacionaba aquellos restos con su familia.
Antes de organizar la comunicación con Lucas, regresamos a comisaría para revisar cómo se había producido la identificación de 2017.
Molina tenía preparados los documentos originales que habíamos conseguido reunir durante las últimas semanas.
—Hay una cosa que me sigue molestando —dijo mientras extendía el acta del levantamiento—. Se encontraron restos humanos en unas condiciones que impedían reconocerlos visualmente. Después aparecieron objetos de Andrés y terminaron atribuyéndole el cadáver.
—No todos los objetos aparecieron después.
—Lo sé. Pero algunos sí.
Señaló el justificante de recepción fechado tres días después del incendio.
Aquel sobre contenía un tarjetero deteriorado, tarjetas con datos de Andrés y una pequeña funda de documentos. Habían sido entregados por una persona vinculada a la empresa después de que se permitiera acceder nuevamente a determinadas dependencias.
El registro original distinguía esa entrega del material recogido durante el levantamiento.
En cambio, el informe posterior enumeraba los objetos como efectos relacionados con el fallecido, sin explicar suficientemente su distinta procedencia.
—Eso no demuestra que nadie los falsificara —comenté.
—Pero ayuda a entender cómo pudieron equivocarse.
Examiné la declaración firmada por Verónica.
Había reconocido una cartera, unas llaves y una credencial profesional de Andrés. El documento no indicaba que hubiera visto el cadáver ni que aportara personalmente todos aquellos objetos.
—La identificación se apoyó en varias circunstancias —dije—. Tenemos que determinar quién proporcionó cada información y qué comprobaciones se hicieron antes de darla por válida.
Molina recogió el justificante.
—Si Andrés había preparado su desaparición, pudo aprovechar precisamente esa confusión.
—Es una posibilidad importante. Pero todavía debemos establecer qué sabía cada persona.
Nuria entró con el libro de movimientos contables que habíamos recibido durante la investigación económica.
—He vuelto a revisar los gastos anteriores al incendio, como me pedisteis.
Abrió una página señalada con un marcador.
Entre los asientos figuraba una provisión para trabajos de retirada y reorganización de archivo, autorizada varios días antes del incendio.
La anotación llevaba las iniciales de Verónica Sanz.
—¿Se pagó? —pregunté.
—Consta el movimiento de salida de fondos. Lo que todavía no tenemos es una justificación completa del servicio. La referencia contable es diferente de la transferencia posterior a Nexo.
Molina examinó la fecha.
—Entonces alguien estaba preparando el traslado de documentación antes de que ardiera el almacén.
—Eso es lo que indica el asiento —respondió Nuria—. Pero puede corresponder a una reorganización ordinaria. La empresa ya tenía dificultades económicas.
Le pedí que comprobara quién había solicitado aquel trabajo y si existía una orden de servicio fechada antes del incendio.
La firma de Verónica acreditaba una autorización económica. Todavía no demostraba que conociera un plan para fingir una muerte.
Aun así, era una referencia anterior al siniestro que debíamos contrastar con los movimientos de Andrés.
Lucas acudió acompañado de su madre y de Carmen Vidal.
Habíamos acordado la entrevista en una sala reservada, con la presencia de una profesional de apoyo psicológico y de la doctora Sampedro, que explicaría personalmente el resultado de las pruebas.
Lucas llevaba una camisa de trabajo debajo de la chaqueta. Su madre se sentó a su lado y dejó un bolso pequeño sobre las rodillas.
Me acerqué para saludarlos.
—Les agradezco que hayan venido.
—Dijeron que tenían noticias de mi hermano —respondió Lucas.
—Sí. Y queremos que las conozcan directamente, con todas las explicaciones que necesiten.
Su madre levantó la mirada.
—¿Lo han encontrado?
La doctora Sampedro intervino antes de que yo respondiera.
Les explicó que, tras la autorización judicial, se habían examinado nuevamente los restos enterrados bajo el nombre de Andrés Mena. Después describió de manera sencilla las comparaciones genéticas realizadas.
La mujer escuchaba con las manos apoyadas sobre el bolso.
—Los resultados indican una relación genética muy fuerte entre esos restos y usted —concluyó Clara—. Son compatibles con que pertenezcan a su hijo Saúl.
Lucas se inclinó hacia delante.
—¿Compatibles o seguros?
—La identificación está muy avanzada y el resultado es sólido. Falta completar la confirmación independiente y emitir el informe definitivo. No quiero ocultarles esa diferencia.
Su madre miró a Lucas.
—Entonces puede ser él.
—Sí —respondió la doctora—. Los datos actuales lo respaldan de manera muy importante.
Durante unos segundos nadie habló.
Lucas se quedó mirando un punto de la mesa. Después preguntó cuándo podrían disponer de la confirmación.
Clara le explicó los pasos pendientes sin comprometer una fecha que todavía dependía de las comprobaciones del laboratorio.
La madre volvió a intervenir.
—Mi hijo escribió una carta hace años. Preguntó si Saúl podía estar en aquel incendio.
—La hemos incorporado a las actuaciones —respondí.
—Le dijeron que no.
—Entonces se consideraba que los restos estaban identificados como pertenecientes a Andrés. Ahora sabemos que aquella conclusión era equivocada y estamos investigando cómo se produjo.
La mujer apartó el bolso y lo dejó en la silla contigua.
—¿Por qué no comprobaron antes si era Saúl?
Era una pregunta para la que llevaba días examinando documentos sin encontrar una respuesta satisfactoria.
—La investigación de 2017 utilizó información que ahora sabemos que no era suficiente para sostener aquella identificación.
También hubo datos sobre las pertenencias cuya procedencia no quedó correctamente reflejada en el informe final.
Estamos revisando esas actuaciones y las decisiones que se tomaron.
—Pero mi hijo lo pidió —insistió.
—Sí. Y aquella solicitud debe formar parte de la revisión.
Lucas acercó una silla a su madre.
—Mamá, ahora lo están comprobando.
Ella apartó ligeramente la mano cuando él intentó cogerla.
—Llevo nueve años preguntándote si sabías algo. Y siempre me decías que todavía no.
Lucas dejó la mano sobre sus propias rodillas.
—Porque era verdad.
La mujer volvió hacia la doctora.
—¿Estaba solo?
Clara esperó un momento antes de responder.
—Sabemos dónde se encontraron los restos y qué información conservamos del incendio. No podemos reconstruir todavía cómo fueron sus últimos momentos.
—¿Sufrió?
—Lo siento, pero no tenemos una respuesta fiable a esa pregunta.
La madre bajó la vista.
Lucas pidió un vaso de agua. Carmen se levantó para acompañarlo hasta la pequeña mesa donde habíamos dejado unas botellas, mientras la profesional de apoyo se acercaba a su madre.
Cuando regresó, Lucas se sentó sin abrir la botella.
—Quiero saber quién hizo esto —dijo.
—Estamos investigando el incendio y la falsa identificación —respondí—. Pero todavía no hemos demostrado que Saúl fuera asesinado ni que alguien provocara deliberadamente su muerte.
—No hablo solo de cómo murió. Hablo de que estuviera enterrado con el nombre de otro hombre mientras nosotros lo buscábamos.
—También estamos investigando esa responsabilidad.
Lucas me observó durante unos segundos.
—Andrés sabía que podía ser mi hermano. Me pidió tiempo y después lo mataron. Ahora resulta que Saúl llevaba allí todos estos años.
Su madre volvió a coger el bolso.
—Yo quiero verlo.
La doctora explicó que las actuaciones judiciales y forenses todavía no habían terminado y que, cuando fuera posible, se organizarían los procedimientos correspondientes con la familia.
—No quiero hacer nada sin estar seguros —añadió la mujer—. Ya enterraron a una persona con un nombre que no era el suyo.
—Precisamente por eso estamos realizando estas comprobaciones —respondió Clara.
Lucas miró a su madre.
—Cuando terminen, podremos decidir qué hacemos.
Ella asintió lentamente.
La entrevista terminó después de que ambos recibieran la información de contacto necesaria para consultar los siguientes pasos.
Carmen permaneció unos minutos hablando con la profesional de apoyo. Lucas acompañó a su madre hasta la salida, pero regresó a la sala antes de marcharse.
—Inspector, hay una cosa que quiero preguntarle.
Me quedé junto a la puerta.
—Dígame.
—Si confirman que es Saúl, ¿van a revisar también a todas las personas que dijeron que no podía estar allí?
—Vamos a revisar las actuaciones y las declaraciones que resulten relevantes. Eso incluye la información que permitió atribuir los restos a Andrés.
Lucas se pasó una mano por el pelo.
—Llevo mucho tiempo pensando que alguien me había mentido. Ahora no sé cuántas personas sabían lo que había ocurrido.
—Tendremos que distinguir a quienes pudieron equivocarse de quienes proporcionaron información falsa deliberadamente.
—Solo espero que esta vez no se quede todo en papeles.
No intenté tranquilizarlo con una promesa sobre resultados que todavía no teníamos.
—Le comunicaremos las conclusiones que podamos acreditar.
Lucas abrió la puerta. Su madre lo esperaba en el pasillo, sentada junto a Carmen.
Cuando él llegó, ella se levantó y le dijo algo que no alcancé a escuchar. Lucas regresó un momento hacia mí.
—Mi madre quiere saber si puede traer una fotografía de Saúl cuando tengamos que hacer los trámites.
—Claro. No hace falta que la entreguen ahora.
Volvió junto a ella.
Los vi alejarse por el pasillo, caminando despacio. La mujer llevaba el bolso sujeto con las dos manos y Lucas permanecía a su lado, ajustando el paso al suyo.
Antes de llegar al ascensor, ella se detuvo para decirle algo. Lucas escuchó, respondió unas palabras y le ofreció el brazo.
Esta vez lo aceptó.